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García Montero: "El independentismo catalán ha alimentado a la extrema derecha en Andalucía, no la migración africana"

El escritor Luis García Montero, durante una entrevista con El independiente

El escritor Luis García Montero, durante una entrevista con El independiente Ignacio Encabo

Dice que está pasando por una mala racha, que la muerte de su mujer, la escritora Almudena Grandes, le hizo reafirmarse en que sin fe lo único que nos queda es la resistencia. El lunes acudió al homenaje que el Ayuntamiento de Madrid le hacía a ella y donde la noticia se centró más en la ausencia del alcalde y la vicealcaldesa que en «las nubes» del poeta.

Ahora Luis García Montero (Granada, 1958), director del Instituto Cervantes, presenta su último libro, Prometeo, donde revisa el clásico y enfrenta a la juventud con la vejez, la inexperiencia con los años, la valentía con el conservadurismo. Donde habla de una identidad sobredimensionada, una razón ausente y un tiempo que se vende más barato de lo que creemos.

Pregunta.- ¿Por qué Prometeo?

Respuesta.- La obra responde a una invitación de José Carlos Plaza para que preparara una versión de Prometeo encadenado para el Teatro Clásico de Mérida. La relación con los clásicos me parece que tiene mucho que ver con la conciencia del presente. Están ahí y los miramos con distintos ojos a lo largo de la historia. Los mitos se leen de diferente manera y cada manera responde a una toma de conciencia de la realidad.

La figura de Prometeo ha servido para defender la fe en el progreso o ha servido, como en el caso de Frankenstein, para pensar que este produce monstruos. En cada momento sirve para algo.

Desde una perspectiva personal, ese diálogo se particulariza. Con Prometeo me encerré para buscar un motivo para justificar la esperanza y la fe. Pensé en el Prometeo que encadenado por Zeus piensa si ha merecido la pena el castigo por darle el fuego a los seres humanos cuando comprueba que el fuego que no sirve para convivir sino que genera guerras y desilusiones. Entonces mi pregunta era: ¿Hay motivos para creer en el ser humano y su progreso?

P.- ¿Los hay?

No renuncio a la esperanza, sigo resistiendo pero al mismo tiempo tengo conciencia de las limitaciones, de los fracasos»

R.- Me suelo declarar un optimista melancólico. Me da miedo el pesimismo que acaba en renuncia porque desemboca en cinismo, todo da igual, y me da miedo el optimismo extremo que no tiene miedo a la realidad ni sus desilusiones así que he buscado un punto intermedio. No renuncio a la esperanza, sigo resistiendo pero al mismo tiempo tengo conciencia de las limitaciones, de los fracasos.

P.- Revisar un clásico tiene adeptos y detractores.

R.- A los clásicos se vuelve con libertad, hay que romper el academicismo de mantener el clásico puro. Así que lo dividí, un Prometeo joven que acaba de ser condenado y uno mayor, el primero se da cuenta más tarde que el anciano es el mismo después de siglos de Historia.

Ese diálogo generacional me parece muy importante porque vivimos en una época de mucha prisa, de sacralización del instante, lo hemos convertido en algo de usar y tirar. Entonces, con este contexto, la conversación entre generaciones es muy difícil, los viejos somos cada vez más cascarrabias creyendo que los jóvenes son tontos y lo que no comprendemos es que los jóvenes responden a una realidad social muy distinta a la que nosotros tuvimos.

Por otra parte, los jóvenes corren el peligro de convertirse en seres que piensan que se lo inventan todo: el periodismo, la literatura, la política, la poesía… sin tener ninguna herencia de sus mayores. Me interesó provocar ese dialogo para que pudiese haber una comprensión de las razones de la historia que ha vivido, de la tribu y la experiencias y del derecho de los jóvenes a buscar, una vez recibida la herencia, sus propias respuestas. Y en este dialogo generacional es donde he intentado buscar la esperanza.

P.- Hablas en Prometeo de la necesidad de darnos menos importancia y de «no confundir deseos con derechos».

R.- Es un mal de la sociedad de consumo y de todos. Nos afecta en las distintas generaciones porque cada cual ha generado dinámicas que confluyen en esta sociedad de consumo de la que todos debemos sentirnos responsables. Por ejemplo, si un hijo mío hace algo que no me gusta, está bien que llame a su responsabilidad pero también que me pregunté: «Bueno, ¿y cómo ha afectado la educación que yo he querido darle en este acto?»

En la sociedad de consumo flota esa idea de que el cliente siempre tiene razón y si eres cliente deberías pensar que eso no es así y que no tienes por qué tratar mal a un camarero

Las relaciones con el yo tienen muchas perspectivas. Unas de carácter cultural e ideológico. No es lo mismo querer ser sincero que creerse en posesión de la verdad. El que quiere ser sincero intenta no mentir pero reflexiona, duda y busca el conocimiento mientras que el que se cree en posesión de la verdad desemboca en el dogmatismo. También eso tiene que ver con el deseo y la confusión del deseo y del derecho. En la sociedad de consumo flota esa idea de que el cliente siempre tiene razón y si eres cliente deberías pensar que eso no es así y que no tienes por qué tratar mal a un camarero o una camarera.

¿Todos los deseos pueden convertirse en derechos? Conviene que dudemos. Por ejemplo, he participado en la lucha porque haya derecho al matrimonio igualitario, a que estos matrimonios puedan adoptar… pero hay un momento donde yo les invito a dudar. «¿Es que yo quiero ser padre?». Muy bien, adopta. «Es que yo quiero que tengan mi genes». ¿Tienes derecho a alquilar el vientre de una mujer, convertirla en mercancía, embarazarla, hacerla parir, darle dinero y llevarte al niño? Invito a dudar y a pensar si tenemos siempre razón a la hora de confundir nuestros deseos con nuestros derechos.

P.- «Todo es relativo, se sospecha de la razón…», aseguras. ¿Hemos perdido el tiempo para razonar?

R.- La obra y la idea de pensar si Prometeo puede tener esperanzas tiene que ver con una meditación sobre la posmodernidad, que puso en duda, con razones, la modernidad. Había verdades que parecían que eran inmutables y resulta que no, que eran consecuencia de situaciones de poder que imponían una manera determinada de pensar.

El peligro es cuando se provoca una deriva por la cual las dudas sobre lo que se presenta como verdad se convierten en la idea de que nada es verdadero»

El principio del Juan de Mairena de Antonio Machado dice: «La verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero». Agamenón estaba de acuerdo pero el porquero no porque casi siempre cuando se impone una verdad va en favor del rey y no del porquero. Dudar sobre la verdad escrita con mayúsculas como dogma es muy importante y la conciencia crítica, aún más. El peligro es cuando se provoca una deriva por la cual las dudas sobre lo que se presenta como verdad se convierten en la idea de que nada es verdadero, de que todo da igual, de que nada importa ni tiene solución y cada cual a buscarse la vida.

Esa deriva de la posmodernidad me preocupa mucho. No creo en la verdad escrita con mayúsculas pero sí en una verdad humana. No de los dioses, no de Zeus, sino de los seres humanos que en torno al fuego se ponen de acuerdo en que merecen respetarse y se llega a una declaración de derechos. Me parece que es importante defender esa verdad escrita con minúsculas frente al cinismo de decir «aquí nada tiene arreglo, nada es verdad, todo es relativo».

Hemos vivido en EEUU cómo, cuando el NYT acusó a Trump de decir 30 mentiras al día, su jefa de gabinete decía que el presidente no mentía, que generaba realidad alternativas. Cuidado con eso porque existen los hechos y la información no es comunicar realidades alternativas sino conocer los hechos y darlos a conocer y estudiarlos, y en ese sentido hay que darle una segunda oportunidad a la razón y hay que evitar algo que a mí me ha parecido catastrófico en el progreso humano de los dos últimos siglos: el abismo entre razón y corazón.

Si la primera se separa de la segunda, puede convertirse en una práctica terrorífica que más que ayudar a la convivencia humana ayuda a inventar bombas de destrucción masiva, campos de concentración y es una agilidad técnica maravillosa para provocar la muerte. Igual que los sentimientos sin razón son muy peligrosos.

Me gustaría que en esta segunda oportunidad a la posmodernidad se tuviera en cuenta esta necesidad de una razón con corazón porque la razón práctica sin sentimientos humanos es muy peligrosa, y los sentimientos irracionales nos llevan a cometer locuras.

P.- Hablabas de las mentiras de Trump. En España se miente mucho en política pero los mentirosos son impunes, no les castigamos en las urnas y ya no tienen pudor a la hora de mentir.

R.- Sí y tiene que ver con muchas cosas. Con esa mercantilización del tiempo y el instante. Todo es tan vertiginoso… Al día se producen tantos puntos de información que lo que dices hoy dura y hace un poco de ruido unos minutos pero al día siguiente se ha olvidado porque ha llegado otra cosa que tiene su propio ruido y tapa la memoria de lo anterior. Y, por otra parte, algo que me preocupa es el desprestigio de los ejes de la democracia.

Se ha generado una dinámica de incredulidad y creo que está creada por el pensamiento antidemocrático, por el pensamiento reaccionario»

El periodismo es un eje fundamental de la democracia, la política también… y en esta dinámica el no pasar factura al mentiroso lo que permite es pasar factura al periodismo y a la política. Lo que se crea es una sospecha de que todos son iguales, políticos, periodistas… se ha generado una dinámica de incredulidad y creo que está creada por el pensamiento antidemocrático, por el pensamiento reaccionario.

Exigir que el periodismo sea información rigurosa y no comunicación de bulos y exigir que la política sea responsabilidad y que los políticos tengan pudor a la hora de utilizar datos falsos es importantísimo porque es lo que permite crear una opinión pública segura de sí misma.

Mira, cuando hablo de poesía siempre digo que lo que más le ha servido para avanzar es la vergüenza. Uno lee momentos donde la poética era muy convencional, los retratos de Galdós sobre los poetas en medio del siglo XIX con la vida de la sociedad industrial, la modernidad… y que de pronto llegaba un poeta a una casa noble o un palacio y le decían que leyese y empezaba: «El pastorcillo que nosecuantos… «. La gente estaba viendo el humo de las fábricas y la ciudad y pensaban pero qué es esto del pastorcillo. Y de ahí sale Bécquer, para intentar en un lenguaje sencillo hablar de la intimidad de la gente. O cuando la poesía se convierte en algo muy convencional pues de pronto sale un gesto de vanguardia.. Es el sentido de la vergüenza lo que te hace avanzar y sería estupendo que la política recuperase el sentido de la vergüenza.

P.- Hablas de empatría en lugar de patria.

R.- Es una palabra que salió en una conversación con Rayden, el joven cantante, y me gustó porque tenía que ver con mis propias preocupaciones. Creo que el sentido de pertenencia es fundamental; si uno no tiene sentido de pertenencia todo le es indiferente. Te da igual que la vecina del quinto se esté muriendo de frío o que el del segundo no tenga para comer.

A mí me parece importante la palabra patria pero me gusta una idea abierta de la identidad, que invite a la convivencia y a la preocupación entre nosotros y por desgracia la palabra patria se utiliza muchas veces como una identidad cerrada que convierte al otro en un enemigo y que convierte lo ajeno en una amenaza. Por eso, la palabra empatría, entre empatía y patria.

Me gusta ser patriota. Pagar los impuestos cuando me toca, reconocer que tengo un buen salario y que debo pagar más impuestos que el que tiene uno mínimo y reconocer que mi mayor contribución a mi patria es preocuparme por el vecino del quinto y la del segundo.

P.- ¿Se refiere a la patria del de ultraderecha, a la del nacionalismo o a ambas?

R.- No puedo creer en ese tipo de patria. Pertenezco a la generación que en 1980 luchó para que Andalucía tuviese un régimen autonómico con la misma dignidad que Cataluña y el País Vasco y luchamos para que se nos aprobara la vía del 155 de la Constitución.

Para nosotros la conciencia era que el franquismo había jugado con nosotros porque se identificaba con el tablao, con las palmas, con el cantaor y la copla y sin embargo habíamos estado explotados económicamente y habíamos tenido que migrar al norte para poder trabajar, que es donde se llevaron el dinero, a Cataluña y al País Vasco.

La migración africana no había creado a la extrema derecha en Andalucía, la alimentó el independentismo catalán y deberían reflexionar sobre esto»

Creíamos que luchar por Andalucía era tener el mismo trato legal en condiciones de igualdad y respeto económico. Nuestra reivindicación de Andalucía era el derecho a la convivencia y a la igualdad y al trato común. Los discursos de Vox son ofensas al catalanismo y eso desde luego me gustaría que fuese un motivo de preocupación para los andaluces. La migración africana no había creado a la extrema derecha en Andalucía, el independentismo catalán creó una dinámica que ha alimentado a la extrema derecha y deberían reflexionar sobre esto.

P.- El lunes se celebró el homenaje a tu mujer, Almudena Grandes, en el Teatro Español. Durante un buen rato se habló más de las ausencias que del acto.

R.- En ese sentido creí conveniente separar la institución de algunas actitudes personales. El Ayuntamiento de Madrid nos representa a todos los ciudadanos y ciudadanas de Madrid y en ese sentido agradecí en nombre de la familia que el Ayuntamiento le rendiera este homenaje a Almudena.

Ella era muy madrileña, siempre decía que a ver quién podía presumir de tener 5 generaciones por encima de madrileños. Sus obras eran Madrid y a ella le habría gustado mucho.

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