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Las verdaderas Américas antes de Colón: "Tenían agua corriente y calles impecablemente limpias"

El escritor Charles Mann en una plantación de maíz

El escritor Charles Mann en una plantación de maíz Capitán Swing

«La asombrosa capital Azteca de Tenochitlán tenía agua corriente y calles impecablemente limpias y era más grande que cualquier ciudad europea contemporánea». Nada tiene que ver esta afirmación de Charles C. Mann (1955), sustentada con datos científicos, históricos y arqueológicos, con la comprensión popular de las Américas antes de la llegada de Cristóbal Colón en 1492. Ni taparrabos, ni un pueblo del paleolítico, ni una tierra yerma e improductiva; 1491. Una historia de las Américas antes de Colón (Capitán Swing) de Mann redefine la concepción sobre cómo era el continente americano en la época precolombina.

«¿Quiénes vivían aquí, que se les pasó por la cabeza cuando las velas de los primeros barcos europeos asomaron por el horizonte?». Estas cuestiones prendieron la mecha de la obra Mann, que a través de «los tres ejes principales de los nuevos hallazgos: la demografía de los indios, los orígenes de los indios y la ecología de los indios» pone en compromiso el relato instaurado sobre cómo vivían los nativos americanos antes de la arribada de los conquistadores europeos. «Fascinante. Un hito. Un libro que arroja imágenes ya incrustadas en nuestra mente de la América colonial a la basura, una tras otras», destaca The Boston Globe.

El autor ahonda en los errores históricos que se han enseñado en el ámbito académico de generación en generación -particularmente en Norteamérica-, como que «los indios» no pudieron tener una historia propia, que no habían erigido monumentos o instituciones duraderas o que eran unos atrasados que desconocían la civilización. Todas estas inexactitudes con un origen común: el error de Holmgber, que dibujaba un panorama en el que «los pueblos indígenas de las Américas flotaron sin experimentar la menor transformación a lo largo de los milenios precedentes a 1492».

Contrario a esta percepción, Mann pone sobre la mesa aportes como el del arqueólogo Clark Erickson, que por ejemplo data en hace «más de 3.000 años» los orígenes de la sociedad que poblaba el Beni (Bolivia), a la que su colega de la Universidad de Pensilvania, William Baléem atribuye los trabajos de preparación del terreno que ha dado «de lo más apasionante del Amazonas». «Esta sociedad prehistórica creó uno de los entornos naturales más amplios, extraños y de mayor riqueza ecológica que jamás hayan dado en todo el planeta. Este pueblo erigió los montículos donde levantar sus hogares y granjas; construyó los caminos elevados y los canales para servir de vías de transporte y comunicación; creó las trampas piscícolas para disponer de alimentos y procedió a la quema regular de la sabana para mantener las tierras libres de la invasión de los árboles», indica Erikson en 1491. Una historia de las Américas antes de Colón.

El ensayo, desde una postura desafiante y sorprendente, aporta una nueva mirada transformadora a un mundo dado por supuesto que Mann hace tambalearse, tal y como atestigua la críticas de algunas de las principales cabeceras estadounidenses: «Un recorrido desgarrador por un mundo que la mayoría de nosotros apenas intuimos. Un cambio estimulante de perspectiva. 1491 borra nuestro mito de un salvaje Edén. Reemplaza esa falacia con la evidencia de una génesis diferente, emocionante y más cercana a la verdad» – The Cleveland Plan Dealer; «Maravilloso. Una revelación. Nuestro concepto de un terreno salvaje y puro jamás tocado por las sucias manos humanas debe ser ahora desechado» –The New York Sun; «Mann ha registrado un cambio importante en nuestra visión del desarrollo mundial, uno que los niños podrían terminar estudiando en sus libros cuando lleguen a secundaria» –San Francisco Chronicle.

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