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Emiliano Monge: "Siempre ha sido más fácil declarar loca a una mujer que a un hombre"

©Marta Calvo

En 1947, nació en México la última hija de un matrimonio compuesto por un psiquiatra y una pianista que, tras el parto, se quedó en silla de ruedas por una extraña dolencia y abandonó la música. La niña, la menor de una familia numerosa, fue criada por una nodriza y, con su rostro cubierto de babas y mucosidad, se ganó entre sus hermanos el apodo de niña tornasol. Crecer en el desapego, entre un padre muchas veces ausente y una madre que la rechazaba con frialdad, hizo de la pequeña una criatura frágil e invisible que se deslizaba por los pasillos sin ser vista, asomándose por el resquicio de una puerta a los oscuros secretos de una familia atravesada por la locura, la enfermedad y la violencia.

Esta es la cronología indómita de la vida de una madre, y la locura. La de México y América Latina, y la del mundo actual abocado al suicidio. Distinto al resto de libros que ha escrito, Emilio Monge (Ciudad de México, 1978) pública Justo antes del final (Random House), una novela sobre la memoria familiar y la construcción de los recuerdos en torno a la figura materna, y un pasado personal y colectivo que supone la otra mitad del círculo de No contar todo, la obra donde el escritor mexicano indagaba en el linaje paterno, el machismo, la mentira, el abandono y las diferentes violencias a las que se enfrenta un individuo.

«Siempre supe que No contar todo era la mitad de la historia. Sabía que en algún momento iba a escribir la otra mitad. Y aquí está. Justo antes del final pone el centro a la figura materna, una mujer que es retratada en tanto hija, hermana, novia, esposa, amiga, terapeuta, paciente y, por supuesto, madre. Es un retrato íntimo y, a su vez, una crónica de un mundo, que es el de la madre, en una especia de almanaque del absurdo y de la locura».

«La novela tiene una estructura original que sigue ordenadamente la secuencia de los años desde el nacimiento de la protagonista hasta su duelo, y en la que el relato se divide entre lo que ella evoca desde la enfermedad y lo que añaden las voces de la familia, y aquello que el narrador lee o recuerda de la época. Este relato es el relato centrado en una familia compuesta en su mayoría por hombres, en el que la madre se propone la tarea de encontrar el orden dentro del caos», explica el escritor en una entrevista para El Independiente.

Así, la novela abarca siete décadas, un gesto narrativo para el que Monge destaca el «desafío que ha supuesto contar una vida cuando la memoria siempre es imprecisa, hace trampas, y se arma a partir de versiones más o menos contradictoria del pasado». Y es que el libro es el retorno del mexicano a lo autobiográfico, y da voz a los testimonios de su madre y de los tíos y las tías, y al recuerdo de su abuelo, perito del juicio de Goyo Cárdenas, un homicida múltiple que trabajó toda su vida en un manicomio. «Me pareció muy interesante hablar de mi abuelo como perito de Goyo y de su trabajo, pero sobre todo por pensar que mi madre trabajó toda su vida con otras formas de discapacidad, desde el autismo hasta la sordera».

Pese a ser la historia de su vida, Monge reconoce que en sus páginas «hay mucha ficción» y una intención firme de abordar la locura como algo que teme. «La latencia de la locura es también el temor a la locura. Yo sigo y seguiré marcado por ese temor al enloquecimiento de la gente cercana y de uno mismo. Es un tema que a mí me cuesta mucho revolver pero que, creo, debe estar sobre la mesa de los debates políticos y sociales», explica el autor a la vez que manifiesta que «la idea de la locura se ha utilizado desde la intimidad» y usado para referirse mayoritariamente a las mujeres. «Siempre hemos visto la locura como un elementos de discriminación, estigmatización y de acallamiento y silencio, y, mayoritariamente, siempre dirigido a mujeres. Siempre ha sido mucho más fácil declarar loca a una mujer que a un hombre».

Emiliano Monge ha publicado los libros de relatos Arrastrar esa sombra (2008) y La superficie más honda (Literatura Random House, 2017); las novelas Morirse de memoria (2010); El cielo árido (Literatura Random House, 2012), ganadora del XXVIII Premio Jaén de Novela y del V Premio Otras Voces, Otros Ámbitos; Las tierras arrasadas (Literatura Random House, 2015), ganadora del IX Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska y del English PEN Award; No contar todo (Literatura Random House, 2019) y Tejer la oscuridad (Literatura Random House, 2020). También es autor del libro infantil Los insectos invisibles (2013), y relatos suyos han aparecido en varias antologías, entre las que destacan Lo desorden (Alfagura, 2013), México20: New Voices, Old Traditions (2015) y Bogotá39: New Voices from Latin America (2018).

El escritor ha confesado a este medio que su próximo proyecto no seguirá la línea de ninguna de sus obras, y, mucho menos la de Justo antes del final, catalogada por la crítica como un compendio de humanidad, de pinceladas feministas y futuristas sumergido en la locura.

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