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Carolina Iglesias, de 'Estirando el chicle': "Todavía tenemos muchas cosas que hacer"

Cualquier persona que mínimamente sepa de qué va esto del podcast y quiénes son sus principales protagonistas, sabe de sobra quiénes son Carolina Iglesias y Victoria Martín, las dos mujeres al micrófono de ‘Estirando el chicle‘, el fenómeno cultural que pulverizó todos los récords y se convirtió en el podcast más escuchado de España el año pasado. Y eso que empezó de la forma más coloquial y casera posible: «con un micrófono que no llegaba a treinta euros y que se escuchaba fatal y la cámara del ordenador», me explica Carolina Iglesias entre risas. «Y luego ya nos grabábamos con móviles, que ya mejoró un poco la cosa, pero seguía siendo un poco regular».

Puede que la logística no fuera nada del otro mundo, pero la calidad del contenido era extraordinaria y enseguida consiguieron una audiencia fiel que seguía las bromas y el humor inteligente de estas dos mujeres. Dieron con la fórmula que mucho intentan conseguir pero pocos logran: el suyo era un formato clásico –un talk show— pero con mucha simpatía, temas de actualidad, mucha crítica social, un toque irreverente y ácido y buen rollo a raudales. Tanto cantaban como rajaban; tanto hablaban de feminismo como hacían referencias a la cultura pop; tanto entrevistaban a mujeres referentes como daban voces a jóvenes promesas; se hablaba de los derechos del colectivo LGTBI+ y de problemas de salud mental. Escucharlas era como estar con dos amigas muy simpáticas con las que te partías y hablabas de temas muy serios al mismo tiempo.

«La idea salió estando con Vicky«, me cuenta Carolina Iglesias. «Estábamos en pandemia. Veníamos de hacer una serie autoproducida. Fue un proceso muy natural. Yo creo que la clave un poco de todo esto es la libertad que te da el podcast». En poco tiempo, pasaron a convertirse en un programa imprescindible para miles de jóvenes. Y no tan jóvenes. Tanto, que cuando anunciaron que harían sesiones en directo, no tardaron en agotar las entradas. Llenaron el WiZink de Madrid en cuestión de horas.

Ahora se toman un tiempo. «Ya habíamos tomado la decisión de terminar los bolos el viernes pasado, en el Wizink, y tomarnos un descanso del podcast hasta el año que viene. No hemos parado en estos años y había meses, como en septiembre, en que teníamos gira todos los fines de semana», me explica. «Aunque en realidad no vamos a parar tanto, porque volvemos el año que viene. En diciembre ya empezaremos a currar en el podcast de nuevo».

— Lo dejas en la cresta de la ola –le comentó–. ¿Es difícil dejarlo, aunque solo sea temporalmente, precisamente ahora?

— La verdad es que da cosa. El finde pasado, que estuvimos en Tenerife, haciendo el último bolo fuera, fue muy emocional y no dejaba de pensar que era la última vez, el último viaje. Todo eran recuerdos. Del Wizink, por ejemplo, que fue precioso, acabamos súper emocionadas. Desde luego te da mucha pena, porque has vivido cosas increíbles. Es un poco como acabar el campamento, que echas mucho de menos a la gente. Pero también nos parece bien parar a tiempo. Era verdad que el programa estaba en su mejor momento, que los bolos estaban en su mejor momento. Pero no había que seguir estirando el chicle, porque era mejor tener un recuerdo bonito y no reventarte. Yo soy fan de un montón de grupos, soy fan de las Spice Girls, de fenómenos que han acabado fatal porque no han sabido parar a tiempo. Que han acabado fatal, que incluso han caído enfermos. Estirando el chicle es una cosa que nos hace tan felices que no queríamos arriesgarnos a que nos pasara algo parecido.

El CaroLate

Tampoco es que tenga tiempo de descansar que digamos. Carolina Iglesias ha aprovechado este pequeño parón para sacar adelante un nuevo proyecto, CaroLate, en Spotify. «Reproduce un poco la estructura del late night más tradicional», me explica. «Pero con el detalle de que está enfocado al audio. Tenemos monólogos, tenemos secciones con nuestras colaboradoras Laura Márquez y Charlie Pee. También tenemos una sección en la que damos un espacio a cómicos emergentes. Y tenemos una entrevista en cada programa. Todo ello con público en directo. Va a ser un programa muy pegado a la actualidad».

Un largo camino

Ojeando los datos conseguidos por Estirando el chicle y lo rápido que han conseguido buenos resultados, resultaría fácil pensar que lo suyo ha sido un golpe de suerte. Nada más lejos de la realidad: detrás del podcast hay mucho trabajo y también una trayectoria donde Carolina Iglesias ha tenido que trabajar muy duro para hacerse un hueco.

Nacida en Galicia, en Santa Cruz de Oleiros, en Coruña, el año 1993, desde muy joven tuvo claro que quería ser guionista y hacer monólogos. Pero no había apenas referentes femeninas en el mundillo, aunque algunas ya estaban rompiendo barreras, como Ana Mogarde y Eva Hache.

Conseguir su lugar en el sector fue una pesadilla: era muy joven y mujer y quería entrar en un espacio donde imperaban hombres de cierta edad. Iglesias, que dejó su Galicia natal para estudiar Lengua y literatura española en la Complutense (se graduó en 2015), aprovechó su estancia en la capital para hacer cursos de monólogos y actuar en bares. Con tan sólo 18 años la seleccionaron para aparecer en Comedy Central –ha sido la cómica más joven en conseguirlo–, pero el momento personal no era el mejor –su abuelo acababa de morirse hacía pocos días–y no disfrutó demasiado de la experiencia.

Luego empezó en Youtube con una amiga y dio el salto a la radio. La Hora Yutuber fue su primer gran espacio. De ahí pasó a Operación Triunfo (llevaba el chat), a co-presentar Yu: No te pierdas nada en Los 40 y a aparecer en programas como Zapeando y Lo siguiente. Después vino Estirando el chicle. Durante todo el tiempo no ha parado de subir vídeos a Youtube.

— Una cuestión que mucha gente piensa es que personas como tú vivís de Youtube– le comento–. Sin embargo, muchas veces es un estereotipo porque muy pocas personas pueden vivir de ello. ¿Qué opinas?

— Es muy complicado. Además, yo no hago un contenido fácil de viralizar. Soy consciente. Yo hago vídeos hablando de nostalgia, por ejemplo, que tienen un público, pero es un público muy limitado. Nunca me he planteado vivir de Youtube. Tengo que ser realista: para poder vivir de ello, tendría que hacer tres vídeos a la semana, cambiar los temas, apostar más por el clickbeat y asuntos que no quiero hacer.

— Hablando de la nostalgia. Un asunto que tú has tratado muy abiertamente en tus vídeos y en tus podcast es el tema de la salud mental. Muchas veces nos pensamos que detrás de tanto éxito hay tan solo felicidad, pero tú precisamente has sido muy abierta a la hora de reconocer que hay un precio, que hay mucha ansiedad detrás y también mucho síndrome de impostora.

— Yo creo que es una realidad de la que hay que hablar. Evidentemente, las cosas están cambiando y las mujeres tenemos más espacios. Sería injusto decir que no hemos llegado a más espacios. Pero tampoco es que se nos hayan abierto las puertas de par en par. El trabajo sigue estando ahí. Nosotras, con Estirando el chicle, por ejemplo, tuvimos muchos comentarios y muchas críticas dentro de la industria dirigidas al hecho de que funcionamos porque somos mujeres y que eso está de moda. Yo creo que todavía hay mucha gente que cree que las mujeres que están ahí lo están por ser mujeres, cuando yo creo que para nada. Que se nos está empezando a escuchar. Y aún hace falta mucho trabajo en cuanto a diversidad. Estamos en un comienzo. Yo no paro de recordar, además, que nosotras somos un podcast de Internet y que hay muchos más medios de comunicación en la que toda esta pluralidad no existe. Nosotras hemos intentado aportar nuestro grano de arena desde nuestra ventanita, pero se requeriría un trabajo de todo el mundo.

El precio a pagar

Llegar tan lejos con su podcast y todos los demás proyectos ha tenido, desde luego, un precio. «Obviamente, estoy agradecidísima por todo lo que me ha pasado», reconoce. «Y siempre que estoy cansada por el curro pienso que si prefiero estar en otro sitio o trabajando de esto, y me digo que prefiero trabajar de esto al cien por cien».

No obstante, admite que es un trabajo más cansado de lo que parece. «Es un trabajo muy sacrificado porque los horarios no están tan definidos. Había meses que trabajábamos de lunes a domingo sin descansar. Que, por supuesto, me encanta lo que hacía y que iba a sitios en los que encima te quiere la gente y te aplaude. Y es una suerte, sin duda. Pero supone viajes, no ver a tus amigas, no ver a tu pareja, no ver a tu familia. Te pierdes muchas cosas y sacrificas muchas cosas. Estirando el chicle funcionó tan bien porque hemos dejado de tener vida. Yo, el año pasado y este año vi a mi abuela dos veces».

A todo esto hay que sumar toda la carga emocional. Carolina Iglesias ha reconocido abiertamente que muchas veces se ha sentido vulnerable y muy insegura. Y que las críticas le afectan. El podcast le ha reportado muchas alegrías, pero ha tenido que aguantar una presión constante.

— Ya para acabar. ¿Qué lección has extraído de todo este tiempo?

— Yo creo que he aprendido bastante a disfrutar el momento. Vivir el día el día. También me ha ayudado a darme cuenta de la importancia que tiene la gente que me rodea. En este año que he tenido muy poco tiempo me he esforzado mucho en sacar tiempo para mi pareja. He estado conectada todo lo que he podido para poder ver a mi familia. Me he esforzado en poder ver a mis amigas. Y aunque es verdad que he sacrificado muchas cosas, sí siento que me he esforzado todo lo que he podido para intentar estar con la gente que quieres. También he aprendido muchísimo a gestionar situaciones que te sobrepasan. Yo nunca pensé que podría hablar delante de doce mil personas en directo. Yo soy de las que, cuando tenía que hacer trabajos de clase, me daba una vergüenza que me moría. En este sentido, todo esto me ha enseñado mucho.

— ¿Qué consejos darías a alguien que está empezando?

— Creo que es importante ser honesto con lo que haces, hacer cosas que te guste hacer, porque creo que la gente se da cuenta si lo que haces te gusta o no. Y el público quiere verdad.

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