Domingo por la tarde. Cientos de canosos como yo están bailando. Esto, por sí mismo, es reseñable. Lo que lo es más todavía es el motivo. Rinden homenaje a la que fue la discoteca de referencia de su juventud: Studio 54 de Barcelona.

Bien es verdad que la de Manhattan ya recibió su gloria bendita por el mundo. La Gaynor y la otra. Pero el fenómeno en Barcelona, surgido en una época en la que no existían (y si existían, nadie se daba por enterado) los derechos por replicar una marca, llenó la vida de muchísimas personas de algo que todos comentaron aquella legendaria noche en la que se cumplían exactamente 40 + 2 años de su inauguración, desde el 9 de octubre de 1980 a 2022: diversidad. Esa es la palabra que personas de diferentes ámbitos y espacios dentro del moderno ‘Luz de gas’ de Barcelona, repetían sin haberse coordinado: Diversidad. Es enorme. Es equivalente a «aceptar al que no es igual a mí». Nada menos.

Ahora, cuatro décadas después, ese símbolo de modernidad de una ciudad ya de por sí abierta al mundo como pocas, vuelve a estar de moda. A la celebración del aniversario se suma un documental que pronto veremos en plataformas. Nada que ver con todo lo demás era el lema de la sala en aquellos años 80 y 90.

Y, como punta de lanza de la modernidad, hoy mismo los incondicionales de aquella discoteca van a poder volver a entrar, y sin hacer cola. Jake Upfront es uno de esos arquitectos del metaverso que dedica horas y horas a replicar salas del mundo que ya no existen. Gracias a la colaboración desinteresada de decenas de personas, entre las que me cuento, será posible recrear hoy mismo el ambiente del legendario club con la participación en directo y desde su casa de su DJ emblemático, Raúl Orellana. El que fuera Rey y señor de la noche barcelonesa durante las dos décadas explosivas de la cultura del clubbing en el mundo, acude en moto a nuestra cita en un moderno y discreto hotel barcelonés. Le pongo unas gafas de realidad virtual para que redescubra la sensación de volver a su cabina, y responde con una detallada descripción de lo que podemos retocar para que sea perfecta.

Pregunta.- Raúl, por más que hablaba con personas diferentes en la fiesta de aniversario, todos coincidían en que la diversidad era la clave de aquel espacio y tiempo. ¿Tú lo ves igual?

Respuesta.- Por supuesto, tenía en la pista a fans del techno, del funky, rockeros, y también extranjeros que bailaban como locos porque nos traíamos de fuera todo lo que empezaba a sonar, mucho antes de que lo publicaran las discográficas en España, si es que lo publicaban.

P.- Hablas de la época de los «discos de importación». Cuenta la leyenda que cuando querías que un disco sonase solamente en Studio 54, comprabas todas las copias que había en todas las tiendas de Barcelona.

R.- Hay mucha leyenda. (Ríe) Bueno, en algún caso sí lo hicimos.

P.- La puerta tenía fama de ser muy dura. Entraban los “disfrazados”, y el que llevaba corbata se quedaba fuera.

R.- Era una época en la que la gente podía ser de tribus distintas, pero convivían en la misma pista. Eso es algo que ahora sería impensable. Yo, a partir de determinada hora, sabía cómo darle un poco a cada grupo y era gracioso ver cómo lo bailaban todo. Nos hemos vuelto muy selectivos en general.

P.- Algo que cuenta mucha gente, y aparece en el documental sobre la sala, es que muchísimas personas tuvieron incluso sus primeras experiencias sexuales en la última planta…

R.- Yo estaba trabajando. Lo que sí es normal es que si vienes a un espacio en el que te encuentras con toda la modernidad y con personas que te enseñan tanto, acaben pasando cosas. Al final somos seres humanos.

P.- Después de tantos años en esa cabina, has publicado varios discos recopilatorios con esa marca, y si se habla de Studio 54, se habla de ti. ¿Cómo empezaste a pinchar en la cabina más cotizada de la ciudad?

R.- Yo empecé como cliente, mientras pinchaba en otra sala, mucho más modesta. No pude ir a la inauguración, y me quedé con las ganas. Fui otro día y descubrí que el DJ que había en cabina conseguía unir dos canciones para que fueran al mismo tiempo. Eso, que ahora es normal, en 1981 era algo extraordinario. Me di cuenta de que lo que hacía era conseguir acelerar uno de los giradiscos para que fueran al mismo tiempo los ritmos, y dije ¡tate!, esta es la mía. Me tiré horas y horas probando a hacerlo en la sala en la que yo pinchaba. Curiosamente, un día apareció por allí Richie Kaczor, el mismo que había en la cabina de Studio 54. Estaba recorriendo las salas de toda la ciudad para encontrar a un suplente para las tardes que hiciera precisamente lo que yo vi allí, y me ficharon. Recuerdo que el primer día me dejó en la cabina y se fue. Me las tuve que apañar para hacerme con los equipos.

P.- ¿Hablas del hombre que puso en marcha la propia sala?

R.- Era nada menos que el DJ que había subido a Gloria Gaynor a la cabina del de NYC. Él fue quién buscó en España una continuación de lo que había sido la sala más importante del mundo, que en 1980 ya estaba degenerando. Primero lo intentó en Madrid, en lo que ahora es Pachá. No llegaron a un acuerdo, y descubrió el antiguo teatro Español en Barcelona. Aquí los Coslada se lo pusieron más fácil. Y el 9 de octubre de 1980 abrió sus puertas en el Paralelo.

P.- Estamos hablando de un lugar histórico, que ahora toma nueva vida gracias a la realidad virtual. Después de visitarla de nuevo, ¿cómo te has sentido volviendo a entrar en Studio 54 en el metaverso?

R.- Es total. Me emocionó volver a subir las escaleras hasta mis tres giradiscos, y poder asomarme a la pista. La sensación es la misma. Es exactamente igual. Impresionante. Realmente es un trabajo enorme el que se ha hecho por tratar de replicar cada detalle. Me habéis hecho un regalo.

P.- Es impresionante cómo avanzamos en temas como la inteligencia artificial o la realidad aumentada. Vas a hacer tu primera sesión virtual. ¿Cómo te sientes?

R.- Llevo 12 años haciendo fiestas de Studio 54, y mientras yo vea que la gente responde, yo estaré ahí.