El año que ahora acaba ha tenido mucha música. En directo, y también para decir adiós. Unos porque se van, y otros porque se han ido. 

No es casual que empecemos por el obituario. El 20 de enero se fue de entre los vivos con solamente 74 años Meat Loaf, el creador en 1972 del disco “Bat out of hell”, que sigue vendiendo 200.000 copias cada año, físicas o digitales. En 1993 repitió hazaña con la segunda parte de ese álbum, y todos recordarán su I’d Do Anything for Love (But I Won’t Do That).

Se lo llevó el dichoso COVID. Lo mismo le ocurrió al gran griego Vangelis, el 17 de mayo. De su gigantesca obra recordamos su Oscar a la mejor banda sonora: Carros de fuego.

Ha sido un año en el que hemos tenido que dejar partir a Olivia Newton-John el 8 de agosto, Andy Fletcher (Depeche Mode) el 26 de mayo, y el 28 de septiembre al rapero Coolio, protagonista en los 90 de su Gangsta’s Paradise.

Para acabar con la lista de los que nos dejaron, merecen mención Jerry Lee Lewis y sus bolas de fuego, el ídolo de fans Aaron Carter y una parte importantísima de una de las bandas que marcó la música de las últimas décadas, Fleetwood Mac. El 30 de noviembre se fue Christine McVie.

Yo personalmente también lamento por su simbolismo otra muerte anunciada: la del iPod, el 10 de mayo. Ya no se fabricarán más. El considerado padre del iPhone cambió para siempre la forma de consumir música, pero ahora ya está obsoleto.

Vamos con algo más alegre que también marcó el año: los festivales. El 26 de enero comenzó ya el primero de ellos, el Benidorm Fest. De ahí salieron tres nombres que nos polarizaron en tres: Rigoberta Bandini, Tanxugueiras y Chanel.

No se puede decir que el éxito de esta canción sea debido a su elaborada composición musical, pero cuando todos daban por ganadora a la Bandini, resultó que los años de preparación de Chanel merecieron la pena. El festival la mandó a Eurovisión y el 14 de mayo resultó ganadora moral, detrás del circunstancial triunfo de Ucrania a golpe de flauta y rap, y del que parecía tener todas las papeletas, el hombre del espacio del Reino Unido: Sam Ryder.

SloMo se lo aprendieron todas las adolescentes al día siguiente del éxito eurovisivo, consiguiendo un hito histórico: hacía 27 años que España no estaba en el top cinco del concurso. Chanel, con su interpretación e increíble coreografía rompieron la tendencia. 

Si este fenómeno comenzó ya en enero en un festival, no se ha parado desde entonces, entre aglomeraciones, denuncias y sanciones: Concert Music Festival, Cruïlla, Mad Cool, Bilbao BBK Live, Monegros Desert Festival, Sonorama, por supuesto FIB 2022, DCODE, Granada Sound y hasta el Morriña Fest vendieron todo. Y es que en este año en el que nos han abierto la puerta de toriles, estamos todos deseando volver a consumir música, pero a lo bestia. Detrás del escenario se pasó muy mal en tiempos de confinamiento y se protestó por ello, y delante del escenario salimos como si no hubiera un mañana. Probablemente porque no sabemos si lo habrá.

En cuanto a la música grabada, la gran noticia la protagonizó el formato: más de la mitad de la música física que se vende en las tiendas son ya discos de vinilo, quedando por primera vez desde 1991 por encima del CD. 

Las otras noticias sobre música grabada se resumen en dos nombres propios. El primero de ellos el de la Motomami Rosalía, que el 18 de marzo lanzaba el disco considerado como el mejor del año por los Grammy latinos. El verano ha sonado así:

El otro gran nombre propio de la música grabada en 2022 viene de Puerto Rico. Bad Bunny, nos guste o no, ha hecho historia. La lista decana en el Universo musical, la del Billboard norteamericano, anunció hace unos días que se trata del artista más importante del mundo en 2022. Se trata de la primera vez que lo consigue alguien que canta en español, por encima incluso del hito de “Macarena” con Los del Río. Pues ha de ser noticia. Es lo que hay.

En el otro extremo del éxito, o sea, el que no lo es tanto, sorprende que no todo el mundo se enteró de que Madonna se resiste a abandonar la música y lanzó el 20 de septiembre un disco evidentemente salpicado de aires latinos, al combinarse con la rapera dominicana Tokischa. Pero, eso sí, para dar una vuelta remixada a uno de sus éxitos anteriores, Hung Up.

Decimos que Madonna se resiste a dejarlo porque este año hemos visto decir deliberadamente adiós a varias figuras que llevan más de medio siglo siéndolo. Elton John ha sido, una vez más, extraordinariamente profesional en la forma en la que ha anunciado el fin de su carrera musical. Quiso irse por todo lo alto y el 20 de noviembre transmitió para el mundo su concierto desde Los Ángeles en el Dodger Stadium. Todavía podremos verle para despedirnos como merece en el Palau Sant Jordi de Barcelona el 22 y 23 de mayo.

Para conciertos simbólicos, el que ofreció el 11 de junio en San Mamés Fito y sus Fitipaldis. Más de 45.000 vecinos que le vieron crecer, entonaron sus grandes canciones, como Soldadito Marinero. 

Una noticia del corazón que salpicó este 2022 en lo musical se la debemos a una colombiana que ya cantó «¿Dónde están los ladrones?» en 1998. Pues los ladrones no lo sé, pero parece confirmado que Shaki ha estado engañando al estado español, o sea, a todos, por valor de varios millones de euros. Por lo visto no ha querido tributarnos del todo por el dinero que ha conseguido gracias a que todos nosotros, y me incluyo, hemos hecho grande a esta mujer. 

Dice en el tema Te felicito «…la gente de dos caras no la soporto, yo que ponía las manos al fuego por ti y me tratas como a una más de tus antojos. Tu herida no me abrió la piel pero sí los ojos», canta una mujer que gritaba en sus conciertos su amor por España y hasta cantó en catalán. 

También fue el año de Taylor Swift, que sacó disco. El 3 de junio se estrenó la biopic de Elvis, y los Grammy no latinos coronaron a una cantautora con raíces hispanas llamada Olivia Rodrigo.

Por supuesto, el año acabó con una despedida, la de Serrat, que aunque el momento histórico pueda todavía verse en televisión, dejará en nosotros ese agridulce recuerdo de un evento al que no sabemos si nos hubiera gustado tener que asistir. Nos disuade pensar en que la otra opción es no tener ni la oportunidad de aplaudir por última vez al noi del Poble Sec. 

Mis disculpas a los omitidos, estén o no vivos. Pero todo no cabe. Porque por suerte y desgracia, como en la misma vida, ha habido mucha música en este año que dejamos atrás.