El 22 de julio de 2011 Noruega padeció una jornada de terror que no olvidará jamás. Una bomba junto al Parlamento seguida por una matanza en la isla de Utoya, cercana a Oslo, donde medio millar de jóvenes pasaban unos días en el campamento de verano organizado por el partido socialista noruego. Todo fue obra de un lobo solitario de extrema derecha que compartió un manifiesto delirante tras sus crímenes. Con la explosión de la bomba mató a 8 personas y en la isla mató a disparos a 69 más. Los heridos superaron los 200.

Erik Poppe, ex corresponsal de guerra, dirige Utoya. 22 de julio, la película que llega este fin de semana a los cines y que sumerge al espectador en la isla maldita a través de un plano secuencia de 90 minutos que sigue a Kaja, una joven de 18 años que pasa unos días en el campamento con su hermana.

Erik Poppe

Erik Poppe.

Poppe consigue en la película llevar al espectador a la agonía de Utoya, al desconcierto generalizado de los chavales de la isla que empiezan a escuchar disparos, que huyen del pánico de los demás, que ven heridos y muertos por la isla pero no saben qué pasa.

Kaja, que es un personaje ficticio, huye como todos y se esconde como todos, no sabe quién dispara pero ella quiere encontrar a su hermana. Así que su personaje va dando angustiosos tumbos por Utoya intentando dar con ella.

De fondo, como única banda sonora, los disparos. Unas veces más cerca, otras más lejos. Y los gritos, las carreras y los llantos de sus compañeros de campamento que sufren la misma pesadilla.

El asesino que consiguió el foco del mundo entero para sus delirios apenas aparece en la película, no tiene rostro ni nombre. Poppe lo ha hecho con toda la intención «No es una historia de héroes sino de seres humanos normales y corrientes. Quería crear la mayor empatía posible con las víctimas», ha puntualizado el director a Europa Press. Para realizar esta película ha sido asistido por supervivientes de la masacre.

Se diferencia así la cinta de el otro intento de llevar al cine este capítulo de la historia reciente del país nórdico. 22 de julio, que se puede ver en Netflix, presenta al terrorista, aquí sí, Anders Behring Breivik, quien vestido de policía fue el autor de la masacre y por la que cumple condena. En esta otra cinta de Netflix sí aparecen sus motivaciones ideológicas, sus ideas de cruzado contra el islam y su convicción de que estaba realizando una acción patriótica.

Kaja, el personaje ficticio de ‘Utoya. 22 de julio’

Pero que no aparezca como protagonista en Utoya.22 de Julio no quiere decir que Poppe  no tenga presente al asesino. «El terrorista quería plasmar su discurso de odio en acción directa y ahora nos damos cuenta de que ese discurso se ha introducido en el mundo político: vemos a líderes de gran importancia en Europa que usan esas mismas palabras», asegura.

La intención de Poppe es desarmar todo intento que pueda revestir con ideas o argumentos el sufrimiento y el dolor que se padece con esta película a cada minuto que pasa, a cada ráfaga de disparos que ambienta la huída de Kaja y sus compañeros. El terrorista aquí no dice nada, no hay discurso, sólo mata, sólo aterroriza.