El cine de hoy no puede entenderse sin Buster Keaton. Cineasta, actor, cómico… se puede resumir mejor si lo calificamos como artista. Marcó un antes y un después en la época del cine mudo, se encargó de rodar y planificar escenas imposibles, con un ingenio desmesurado, al igual que los presupuestos que dedicaba para hacer sus películas y cortos.

El gran Buster es une película documental dirigida y narrada por el laureado director Peter Bogdanovich. Un repaso por la vida de ‘Cara de palo’ que muestra los altibajos en la vida del genio que triunfó en la era dorada del cine mudo. Esta película fue la ganadora del Premio al Mejor Documental en el Festival de Venecia y tuvo su première española en el BCN Film Fest.

Joseph Frank Keaton (1895-1966) nació en Kansas, en el seno de una familia de artistas del vodevil. Con tan solo cuatro años ya era el protagonista del show de Los 3 Keaton, en el que actuaba con su padre y su madre. La fama le vino «a base de golpes», y es que uno de los momentos que levantaba al público de sus sillas era cuando su padre lo cogía de la espalda con una asa y lo lanzaba. Keaton aprendió en el vodevil uno de los trucos que lo llevó al éxito: las caídas.

A los 12 años conducía su propio coche, ganaba más de 300 dólares a la semana, un jornal impensable para un niño

A los 12 años conducía su propio coche, ganaba más de 300 dólares a la semana, un jornal impensable para un niño en aquella época. Keaton era curioso e ingenioso, pronto sintió la llamada del cine, el género que lo llevaría a lo más alto, pero que también lo haría caer. A pesar de hacer una pausa en su carrera a causa de la I Guerra Mundial, tras volver del servicio militar en Francia comienza su verdadera y apoteósica andadura frente y tras las cámaras.

«Keaton era un inventor, un tipo de los más ingenioso. Tenía una mente muy técnica que dedicó a hacer reír a la gente. Nació para ser cómico del cine mudo», así lo describe en el documental Carl Reiner. En el documental aparecen declaraciones y confesiones de más de dos docenas de personalidades del mundo del cine, como el ganador del Emmy Dick Van Dyke, el director Mel Brooks o Jon Watss, entre otros.

Keaton dejó grabadas películas para la posteridad, El maquinista de la General (1926), El héroe del rio (1928) o El moderno Sherlock Holmes (1924), son algunas de sus grandes obras, con grandes influencias en el cine a día de hoy.

‘Cara de palo’, así lo llamaban por su «inexpresividad» facial, era un hombre que transmitía con los ojos, nunca sonreía, ahí estaba el truco. La capacidad de hacer cine sin sonido dejaba destapadas las cualidades, o defectos, de los actores y actrices de la época. Keaton supo llevar este handycap a su terreno, sus tremendas caídas y habilidades físicas hicieron de él su propio doble de acción.

«Era un héroe apasionante», afirma Quentin Tarantino en el documental

Hizo cortos y largos, tuvo grandes problemas con el alcohol, se casó tres veces. Pero siempre se le recordará por su forma de hacer cine. Uno de los grandes momentos de su vida y de la historia del cine fue cuando actuó con Chaplin en el año 1953. Dos genios del cine mudo y cómico en un mismo plano, eso quedará para la posteridad.

El gran Buster es un homenaje al arte de hacer y protagonizar películas, forma parte de una serie compuesta por seis películas documentales que homenajean al séptimo arte. Además, cuenta con varias secuencias de películas restauradas del cineasta procedentes de la biblioteca Cohen Film Classics. El próximo dos de agosto estará disponible en cines. La historia de Keaton no es una historia cualquiera, es la historia del hombre que hizo grande al cine mudo.