«Sus compañeros le llaman ‘Q’, yo le llamo amigo, y el mundo le llama Mr. Jones». Así le cedió la palabra la magnate televisiva Oprah Winfrey para que recogiera el Premio Humanitario Jean Hersholt en la gala de los Óscar de 1995.

«Es genial sentirse importante. Este lugar, este sitio en el que me encuentro esta noche, no era mi destino». Quizá tenía razón, o quizá el azar sabía perfectamente que Quincy Jones se encontraría en ese exacto punto para recibir un premio cuya lista de ganadores incluía a Paul Newman, Audrey Hepburn, Liz Taylor, Charlton Heston o Gregory Peck. La única diferencia es que Jones no era actor.

«Q» Autobiografía de Quincy Jones (Libros del Kultrum) presenta, con un estremecedor relato, la vida del más longevo director, compositor, arreglista y productor de Estados Unidos. Heredando el virtuosismo musical de su madre, Sarah Frances, aprendiendo lecciones de equipo gracias a la experiencia en el béisbol de su padre, Quincy Delight Jones, ‘Q’ se convirtió en un magistral trompetista, pianista y cantante.

De la pobreza más absoluta del Condado de Jefferson (Kentucky) en 1940, una paupérrima época en la que su alimento se basaba en ratas cocinadas por su abuela y la mugre se apoderaba de su apariencia, hasta recoger el Grammy por haber producido el disco más vendido de la historia, el Thriller de Michael Jackson.

De llevar los pies sucios y no contar con agua caliente en el apartamento, a colaborar con los mejores músicos y artistas como Frank Sinatra, Ray Charles, Sarah Vaughan, Count Basie o el propio rey del pop. De humilde a ilustre. De fervor sonoro a consagración musical.

Desde su azarosa infancia en el South Side de Chicago, lugar en el que cayó enamorado de la rítmica, pasando por una adolescencia en Seattle donde confirma su predilección por la música. Escoltando como trompetista a Billie Holiday o Lionel Hampton, Jones abarcaría todo el espectro de la música americana a lo largo de su trayectoria.

Grammy por Mejor Álbum en 1989 con Back on the Block, Grammy Legend Award, Premio Kennedy, Medalla Nacional de las Artes y Legión de Honor. Las condecoraciones de Quincy Jones, ‘Q’ para los amigos, conforman una larga lista de honores y le convierten en una figura imprescindible de la historia musical estadounidense, no solo colaborando en proyectos ajenos y en bandas sonoras de largometrajes y televisión, también componiendo sus sonidos propios y siendo premiado por ellos.

Su trabajo en la industria musical le ha reportado, no solo la validación global del gremio y de grandes artistas, también la increíble cifra de setenta y seis nominaciones a los Grammy, convirtiéndose en una leyenda viva de la música popular afroamericana.

Un 'thriller' de escándalo

«Me pareció que Michael tenía potencial para ir mucho más allá de la estupenda pero facilona música que había hecho en Motown con los Jackson Five». Así, tras conocerlo en 1972 cuando tenía 12 años en una fiesta en Los Ángeles en la casa de Sammy Davis, Jones vio un futuro mayor para el joven que bailaba a ritmo de blues y funk.

Decían de Jones que era un compositor y productor demasiado «jazzero» para poder hacer de Michael un éxito bailable dentro y fuera de las pistas. De colaborar por primera vez en la cinta de El Mago, pasando a producir su primer álbum con Epic Records a petición del propio Jackson, Jones consiguió que el rey del pop hiciera homenaje al apodo que se le acuñó posteriormente.

«Michael es una esponja, todo un camaleón. Tiene ciertas cualidades idénticas a las de los grandes cantantes de jazz con los que yo había trabajado: Ella, Sinatra, Sassy, Aretha, Ray Charles, Dinah», admitía Jones.

La llama, el trabajo, el esfuerzo y las ganas de seguir perfeccionando cada detalle para ser el epítoma de la grandeza fueron las características que sorprendieron a Jones, y que le incitaron a comenzar a colaborar con Michael Jackson.

«Hoy en día, la crítica parece decidida a borrarlo de la historia, pero eso no ocurrirá. Por eso lo llaman historia. Michael Jackson tiene un lugar propio en la historia del pop: por mucho que algunos digan que los Eagles han vendido más discos que él en Estados Unidos, o que lo califiquen de personaje excéntrico. En ventas a nivel mundial, es el más grande», admite el propio Jones en Q.

Aunque los críticos y empresarios no estaban muy conformes con que Quincy Jones trabajara en el Off the wall (1979), el primer disco solista de Jackson, el propio artista decidió apostar ciegamente por él. El tiempo acabaría dándole la razón, pues se convirtió en disco de música afroamericana más vendido y aumentó la presión al productor para, como poco, conseguir el mismo resultado con el siguiente.

 

Thriller (1982) no sería pan comido: «Qué desastre. Después de tantas canciones buenísimas y de interpretaciones buenísimas y de mezclas buenísimas, aquello era una caca sonora de 24 quilates», admite Jones después de escuchar la maqueta completa del que, posteriormente, sería un disco que cambiaría el rumbo de la música en todo el globo.

«Como cualquier otra persona, yo siempre entro en el estudio para hacer un disco número 1, pero los que más me llaman la atención son esos que acaban siendo lo que no pensabas que serían». Dicho y hecho. En Q, Jones admite que la grabación del Thriller de Jackson no resultó tan elemental como en Off the wall, pero su estilo y el inolvidable videoclip que lo acompañó elevaron a Michael a la categoría de superestrella.

«Michael, los vídeos de MTV y la música». Thriller se convirtió en el primer vídeo de 14 minutos de duración, así como en un aventajado intento de convertir el acompañamiento audiovisual de la música en un auténtico largometraje.

Así, Q recorre la historia de un hombre que ha sido atravesado por la música y que ha compartido sus virtudes de forma pública. «Espero que alguien llore así por mí cuando me muera», le espetó la actriz y cantante Lena Horne tras el fallecimiento de Michael Jackson.

«Y yo espero que alguien lo haga también por mí», respondió Jones.