Bárbara Lennie (41) y Leonardo Sbaraglia (55) son y no son Pedro Almodóvar (76) en Amarga Navidad, su film número 24. La cinta llega a salas de cine este viernes 20 de marzo, una fecha que todo amante de Almodóvar, y de su cine, tenía apuntada en el calendario. Tras mostrar Madres paralelas (2022) y La habitación de al lado (2024) en otoño; vuelve el Almodóvar primaveral. En primavera también llegaron, con mayor o menor fortuna, Los amantes pasajeros (2013), Julieta (2016) y Dolor y gloria (2019), donde se dejó ver Leonardo Sbaraglia como ex amante del protagonista. Fue una única secuencia junto a Antonio Banderas, alter ego de Almodóvar. En esta ocasión, Sbaraglia es Almodóvar. Y para rizar el rizo, Bárbara Lennie también es Almodóvar. La actriz ya trabajó para él en La piel que habito (2011).

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El Independiente participó en una mesa redonda, junto a otros medios, con Bárbara Lennie y Leonardo Sbaraglia. "No coincidimos en la película [Amarga Navidad]", comenta él.

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P.- En principio, tú, Bárbara, interpretas una versión de Leonardo y él, una versión de Almodóvar. Cada uno es el alter ego de otro. Siendo consciente uno de que está interpretando la versión de otro, ¿cómo se trabaja? Si es que hay alguna manera.

R.- (Leonardo Sbaraglia) Nosotros no trabajamos juntos. Sí tuvimos en un momento la necesidad de encontrarnos; nos conocíamos poco y charlamos un poco de dónde estaba cada uno en medio de este proceso tan maravilloso y tan original, trabajando con Pedro [Almodóvar]. Nos hizo bien para entender por dónde estaba trabajando cada uno, pero las directivas estaban tan claras y tan concretas por parte de Pedro que nosotros no teníamos que ponernos de acuerdo en nada en particular; ese acuerdo ya lo estaba tejiendo Pedro [Almodóvar].

P.- ¿Cómo encaja Amarga Navidad en la filmografía de Almodóvar? ¿La habéis revisionado?

R.- (Bárbara Lennie) La hermana evidente de Amarga Navidad es Dolor y gloria; una vuelta a su mundo más íntimo, a la auto-ficción. Yo revisé un montón de películas suyas, o las vi por primera vez, porque no había visto todas. Realmente hay una sensación de que todas pueden ser una gran película larga donde van fluctuando los temas, las mujeres y los hombres que están en ellas; y todos sus filmes, de alguna manera, son un trasunto de otro.

Hay semillas de películas que él hará diez años después. Hay libros que salen en una película que después adaptará. Es un universo que se ha ido desarrollando a lo largo de los años, y de repente entras a formar parte esta historia larga; muchísimos años que lleva él desarrollando, y de repente, tu cuerpo y tu alma también están ahí. A mí me parece emocionante; si te gusta el cine, lo es.

R.- (Leonardo Sbaraglia) A mí también me tocó revisar un montón de pelis de él. Me di cuenta de que había frases que me tenía que estudiar y que las había dicho Marisa Paredes hacía 30 años. Eso es muy loco y muy interesante. ¿Dónde encajo Amarga Navidad en la filmografía de Almodóvar? No puedo ser objetivo, ni tomar perspectiva. De hecho, no me lo termino de creer: estar presentando la película, que esté gustando, que esté funcionando… A mí me sorprende la manera tan contundente en que está llegando al espectador porque, desde guion, sentí que era una película más encriptada, conceptual, abstracta. Sin embargo, el genio de Pedro [Almodóvar] ha logrado, una vez más, poder traducir cosas tan íntimas en expresión, en emoción, en poesía.

P.- El universo cinematográfico de Pedro [Almodóvar] es muy claro; el lenguaje, los colores. ¿Cómo es vivirlo desde dentro? Él mide hasta el último detalle.

R.- (Bárbara Lennie) Siendo consciente de que eres una pieza más de ese universo; una pieza muy importante porque a Pedro [Almodóvar] le interesa y le gusta mucho el trabajo con los actores. Es un director de cine que no le gustan las esperas de cine; es curioso que el armatoste o la artificiosidad de un rodaje no le guste nada. A veces ni le interesa ni lo entiende muy bien, y mira que ha hecho películas. Los actores somos para él una pieza muy importante; al final somos los que portamos la voz y sonamos. Le importa mucho cómo suena su película.

Yo me lo tomé como un privilegio, como una gran responsabilidad y como una decisión muy clara; que su universo, tan medido y pensado, no me comiera ni me avasallara por completo. Al final, él me está llamando porque quiere algo de mí, entiendo. Más allá de ser una pieza, hay un acuerdo y un intercambio creativo que tiene que preservarse. Yo me lo tomé muy en serio el intentar disfrutar, el mantener cierta tranquilidad y cierta calma, y tener una gran apertura y una gran entrega.

Uno tiene que empoderarse en una película de Pedro [Almodóvar]; hay que estar fuerte, hay que brillar, y más cuando hacemos un personaje que, no siendo él, es él. Y él es una personalidad muy poderosa y muy fuerte.

R.- (Leonardo Sbaraglia) ¿Qué decir? Cuando me ofreció el papel, me decía por qué a mí. Uno tiene que saber que por algo te está llamando. Algo quiere de ti. Algo quiere a cambio. Sin embargo, uno dice: ¿por qué me está llamando con la cantidad de actores que hay en el mundo? ¡Yo ni siquiera soy español! En ese sentido, como argentino, me costó un poco más.

Es uno de mis directores favoritos de toda mi vida, y el que más me ha inspirado, y por el que seguramente tenía ganas de vivir en España, y viví aquí 8 años, pero se me dio [la oportunidad] 20 años después. Es un sueño cumplido que no me termino de creer. Pero bueno, la mayor exigencia está en uno, además de que él es tremendamente exigente y preciso con lo que quiere. Volvió a ser una experiencia muy, muy, muy fortificante, muy muy enriquecedora.

P.- Hablas de 'volver' porque tu primera vez con Almodóvar fue en Dolor y gloria. Bárbara, tu primera vez fue en La piel que habito.

R.- (Bárbara Lennie) Bueno, me siguen diciendo en los bares la gente borracha: 'Hola, soy Vicente'. Es como 'tío, déjame puto en paz'.

P.- Ambos salíais muy poco en las películas, pero vuestros personajes eran muy importantes. ¿Cuesta más la segunda vez que la primera trabajando con Almodóvar?

R.- (Bárbara Lennie) Son experiencias diferentes. Yo fui muy poco al rodaje de La piel que habito; ¿un día y medio? Él quiso repetir todas esas últimas secuencias, y rodamos otro día. Yo dije: '¡vamos, otro día más de rodaje, bien!'. Pero ni siquiera recuerdo mucho. Fue una experiencia arrolladora; yo estaba muy nerviosa. Ha cambiado muchísimo, y ahora me llama, muchos años después, para hacer la mujer de la película. Por supuesto que no tiene nada que ver la experiencia, ni mi acercamiento, ni los momentos vitales de ambos, ni dónde estamos a muchos niveles. Hemos cambiado un montón, y ha pasado de todo; mucha vida, ¡mucha vida!

P.- ¿Nunca pensaste 'el tío no me llama'? El tío no me llama para Julieta...

R.- (Bárbara Lennie) No lo tenía yo en la cabeza. Pero venía siempre a verme al teatro. Yo me acuerdo que rodando, Elena Anaya me dijo: 'Tú vas a hacer este personaje muy pequeño, pero luego harás toda la promo. Yo en la película anterior [Hable con ella] salía en una boda y me hice la promo entera'. Y no pasó nada. Nunca me llamaron; ni para el estreno. Y dije: 'Pues claramente nunca más en la vida'. Y hace algunos años volví a pensar: 'Joder, me gustaría que ocurriese'.

R.- (Leonardo Sbaraglia) En mi caso, era una escena y un personaje muy importantes dentro de la historia; eran parte del corazón. Ahí lo tenía más fácil porque era un color más accesible para mí; una cosa más tierna, más luminosa, más emocional.

En este caso me tocó hacer un personaje más frío; Pedro se pone a él mismo en un retrato no amable; es un personaje con el que cuesta empatizar y al que no quieres, obviamente para reflexionar sobre la relación que él tiene con su obra, con su arte, con sus herramientas, con la gente que lo acompaña en este viaje, con la gente que él pudo haber lastimado sin darse cuenta probablemente.

El arte es inspirador para millones de personas; eso es importante, pero también son importantes las personas que nos rodean. Ahí está la gran pregunta, la gran incógnita, que hace la película. Y es muy valiente.