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Muere Gonzalo Suárez, fabulador heterodoxo entre el cine y la literatura

Muere Gonzalo Suárez, fabulador heterodoxo entre el cine y la literatura
Gonzalo Suárez en la sede de Penguin Random House en febrero de 2015, cuando presentó 'Con el cielo a cuestas'. | Marta Fernández / Europa Press

El escritor, guionista y director de cine Gonzalo Suárez ha fallecido este martes en su domicilio del centro de Madrid, a espaldas del Monasterio de la Encarnación, a los 92 años. Nacido en Oviedo en 1934, el cineasta, también actor y periodista deportivo en sus inicios, deja tras de sí una vasta y singular trayectoria caracterizada por la reivindicación constante de la imaginación, el juego narrativo y la búsqueda de un territorio común entre la palabra escrita y la imagen en movimiento.

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Galardonado con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 1990, el Premio Nacional de Cinematografía en 1991 y la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio en 2016, Suárez recibió el pasado 28 de febrero en Barcelona el Goya de Honor a toda su trayectoria. En 1988 había recibido el Goya a la mejor dirección por Remando al viento.

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Durante la gala de los últimos Goya en la ciudad donde comenzó a hacer cine, Suárez realizó un apasionado alegato en favor de un séptimo arte que, en sus palabras, se remonta al "primer bisonte que nuestros ancestros pintaron en las cavernas", antes de añadir, con su habitual lucidez e ironía: "Estoy absolutamente orgulloso de comprobar que el cine ha sobrevivido a las redes y a las cavernas. Pero me veo obligado a reconocer que en este momento el bisonte soy yo".

Hijo de un catedrático de francés represaliado por el franquismo tras la Guerra Civil, la infancia de Gonzalo Suárez transcurrió en Madrid marcada por las dificultades de la posguerra, pero favorecido también por un entorno familiar profundamente volcado en la cultura. Tras la separación de sus padres, su madre se casó con el célebre entrenador de fútbol Helenio Herrera, con quien Suárez colaboró desde los 16 años ejerciendo como ojeador de futbolistas en España e Italia. Tras cursar bachillerato en el Instituto Francés, matricularse en Filosofía y Letras y formar parte del Teatro Español Universitario (TEU), dejó la carrera y se marchó a París. Allí desempeñó diversos trabajos eventuales para ganarse la vida, y también allí conoció a Hélène, su mujer para toda la vida y madre de sus cuatro hijos, con la que regresó a España a finales de 1958. En Barcelona, de nuevo bajo el ala de Herrera, comenzó a ejercer el periodismo deportivo, escribiendo de fútbol y de boxeo, bajo el seudónimo de Martín Girard, cuyas crónicas recorrería años después en el libro La suela de mis zapatos (2006).

El universo de las palabras y los espejos

Bajo aquel seudónimo y a través de personajes míticos de su producción como José Ditirambo o José Rocabruno, Suárez construyó un ecosistema creativo donde la realidad y la ficción se entrelazaban de forma indisoluble. Su infancia lectora tuvo mucho que ver. Gracias a la tutela de su padre, accedió tempranamente, antes de los 10 años, a los relatos de Maupassant, las novelas de Dostoievski o los escritos de Sigmund Freud, pero también a las historias de exploradores del Capitán Gilson como El dios leopardo –su padre también fue autor de un librito de aventuras, Ban-Go-Koo, recuerdos y aventuras del África austral, publicado en 1943–. "Entonces yo encontraba que todo tenía relación con África, y África para mí era una selva, en el caso de Freud una selva absolutamente sexual", rememoraba en una entrevista para la Revista Leer en 2014, evocando cómo imaginaba geografías exóticas en el pasillo de su piso de la calle Sainz de Baranda en Madrid o entre los helechos asturianos de su infancia. "Me quedo con esa África imaginada, como en general me quedo más con la vida imaginada que con la vida real; para eso sirven la literatura y el cine", explicaba.

Aquella voluntad de escape frente a la sordidez de la posguerra española le impulsó a cultivar un estilo directo e influido por Raymond Chandler, Dashiell Hammett y la novela negra, creando lo que se consideraría un claro precedente del Nuevo Periodismo en España y bautizando su propio género como "acción-ficción".

Fuga, adaptación y celuloide

Impulsor clave de la Escuela de Barcelona a finales de los sesenta, Suárez debutó con el cortometraje mudo El horrible ser nunca visto (1966) y el largometraje Ditirambo (1967), financiado gracias al mecenazgo de Angelo Moratti, presidente del Inter de Milán, por intermediación de Helenio Herrera. La película daría nombre también a su productora, Ditirambo Films. A partir de entonces firmó una filmografía audaz y heterogénea que incluye El extraño caso del Doctor Fausto (1969), Aoom (1970), Morbo (1972), Al diablo, con amor (1973), Epílogo (1984) –premiada en los festivales de Cannes y Río de Janeiro–, Don Juan en los infiernos (1991), El detective y la muerte (1994), El portero (2000), Oviedo Express (2007) y la película de animación El sueño de Malinche (2019).

En el ámbito de la televisión, dirigió con enorme éxito la adaptación de grandes clásicos como La Regenta y Los pazos de Ulloa. Sobre la novela de Emilia Pardo Bazán, Suárez confesaba haberse sentido profundamente identificado con su "prosa húmeda y muy sexual", superando sus reticencias iniciales, debidas a una formación académica marcada por el influjo francés y anglosajón.

En 1988 alcanzó el reconocimiento unánime con Remando al viento, evocación cinematográfica de Mary Shelley y la creación de Frankenstein protagonizada por Lizzy McInnerny, Hugh Grant y Elizabeth Hurley, galardonada con la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián y siete premios Goya. Ante tal éxito, le propusieron convertir la historia en una novela, pero Suárez se negó rotundamente: consideraba que el guion ya era literatura y su objetivo era "confluyera con el cine en igualdad de condiciones, no como mero objeto de adaptación".

Autor prolífico de decenas de libros –entre los que destacan De cuerpo presente, escrito a modo de "fogonazo" tras consultar a Ray Bradbury sobre Crónicas marcianas, El caso de las cabezas cortadas, El cementerio azul, La musa intusa, Ciudadano Sade o su obra autobiográfica El hombre que soñaba demasiado–, Gonzalo Suárez deja el legado de un fabulador incansable que prefirió siempre la verdad ilimitada de la invención a la mera copia del mundo real.

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