"Santa Teresa de Jesús es una barbaridad de escritora. El libro preferido de Carmen Laforet era Las moradas", cuenta a El Independiente la directora del largometraje documental Por qué no escribo nada, Isabel Fernández (Barcelona, 1970). El título pudo verse este largo fin de semana, a mediodía, en una única sala de cine en Madrid. Tienen una última oportunidad: lunes 9 de noviembre, a las 12.15 horas, en Cine Yelmo Ideal. Disculpen la tardanza. Quizás, Por qué no escribo nada esté destinada a ser una película escurridiza, viajera, como su titular, Carmen Laforet, que no necesita presentación. Mientras tanto, pueden leerla: Nada, La isla y los demonios, La mujer nueva, La insolación, Al volver la esquina... Estas fueron –son– sus cinco novelas. Hubo –hay– mucho más.
P.- ¿Qué te unía a Carmen Laforet antes de este documental? ¿Por qué un documental sobre Carmen Laforet?
R.- Que yo supiera, nada. La cuestión del documental es que Carmen Laforet está contada de una forma muy alejada de lo que es el personaje real. Leí una biografía y me di cuenta de que era una escritora mucho más cerca de mí que mi icono máximo, Virginia Woolf, y que tiene el mismo poderío. Los españoles, a diferencia de los ingleses, por ejemplo, no somos 'campeones' en lucir y expandir al mundo nuestros grandes iconos y potencias culturales. La manera de Carmen Laforet de comprender el mundo y la literatura, y su batalla personal sobre cómo tiene que ser la existencia de la mujer, me 'toca' por todas partes.
P.- ¿Qué biografía [sobre Carmen Laforet] leíste?
R.- Una mujer en fuga, de Israel Rolón Barada y Anna Caballé Masforroll.
P.- Yo tengo 32 años y a mí me obligaron a leer Nada en segundo de Bachillerato, curso 2011-2012. No sé cómo estará ahora el sistema educativo, en la cuestión de redescubrir obras o de lecturas obligatorias, pero en su momento sí teníamos que leer y estudiar a Carmen Laforet para la selectividad. Entiendo que otra razón de la película es reivindicarla más allá de Nada.
R.- No es reivindicar más allá de Nada. En general, la Carmen [Laforet] que te han contado no es esta mujer... Es la escritora más importante en lengua castellana de la España posterior a la Guerra Civil. Su historia está contada de una manera manipulada que no tiene nada que ver con quien era ella.
P.- ¿Por una cuestión de política o de género?
R.- La cuestión es que ella tiene una personalidad muy fuerte y desde adolescente tiene una idea muy clara de cómo quiere ser y vivir: libre, básicamente. Su objetivo en la literatura, aparte de 'triunfar' para poder vivir, es contar y utilizar la verdad. Cuando recibe el premio Nadal en 1945, todo se mueve tan locamente alrededor de ella por la sorpresa, por que nadie la conoce, por lo joven y superguapa que es. Es un producto interesante de marketing; lo sería ahora, pero en ese momento muchísimo más. El problema empieza cuando ella no quiere jugar a hacer el personaje público.
P.- En el documental se expone que, cada vez que ella publica [una novela], se intenta buscar la conexión entre realidad y ficción. Ella decía: "Yo no soy Andrea. Yo no soy Paulina". ¿Esto es común en la literatura escrita por mujeres?
R.- Para que no me lo preguntaseis a mí, llamé a unas cuantas y las puse allí para contar si era propio de la dictadura o del presente, de España, del mundo… Se habla a las mujeres con condescendencia y eso es un formateo mental que la sociedad tiene, que obviamente tienen los hombres, pero también las mujeres. Muchas mujeres practican el machismo de una manera estupenda.
P.- ¿Qué vías podías tomar al enfrentarte al documental? Entiendo que no querías hacer aquel Imprescindibles sobre Carmen Laforet [La chica rara] porque ya está hecho.
R.- Sobre todo porque yo quería deshacer la chica rara. La chica no es una chica; es una mujer. Y 'rara' es un lugar común, como 'la musa rebelde y peligrosa Anaïs Nin'. Esto es lo que funciona y que hay que desactivar. Y Carmen Laforet no entra en ningún cuadro de estos porque es una personalidad única y un tótem como mujer, como ser humano y como escritora.
P.- ¿Me puedes condensar el viaje a la hora de montar este documental 'sensacional' [de sensaciones]?
R.- Es un documental que no cuenta al personaje desde afuera, sino desde dentro. Debíamos recrear el estado mental y emocional –la atmósfera– del personaje hacia dentro y hacia fuera, cuando observa el mundo. Carmen Laforet se cerró a jugar a ser un personaje público y decía: "Mis retratos no se parecen a mí. O yo no me parezco a mis retratos". Ella está haciendo una reflexión enorme sobre la mujer en el mundo y la escritura, así que hicimos una búsqueda de archivo doméstico de mujeres durante todo el siglo XX, en todo sitio y en toda condición. Añadimos una segunda capa –de escritura en imagen– a un guión que teníamos muy preparado. O sea, si hubiésemos tenido a Carmen rodada durante horas en 8mm, hubiese sido más bajo.
P.- Es muy importante la correspondencia privada publicada, como la de Carmen Laforet y Elena Fortún.
R.- Carmen Laforet es también escritora cuando está escribiendo cartas. Ella es escritora todo el rato. En la película hay bastante correspondencia que todavía no está publicada. Hay dos paquetes, que son con amigos canarios, que no es la escritora Lola de la Fe, que con ella está escribiéndose toda la vida, y con los hermanos Lezcano.
P.- O sea, es una autora que todavía queda por explicar más. Laforet es inacabable.
R.- No es que sea inacabable; es que está 'escasamente estudiada'. Hay un relato establecido, y, a partir de ahí, todo lo refuerza y se basa en los mismos puntos, cuando hay muchas cosas que no se observan. La mayoría de lo que hay refuerza un relato incompleto.
P.- En los agradecimientos salen Benito y Teresa Rabal. ¿Por qué?
R.- Porque son los hijos de Francisco Rabal. Y Francisco Rabal hizo un cortometraje que se llama Rafael Alberti en Roma... y en España [1977]. Carmen Laforet estaba viviendo en Roma y en la película aparece con un pañuelito en la cabeza. Esa película es de la familia Rabal. Carmen Laforet es suegra de Benito Rabal. Benito era yerno de Carmen.
P.- Carmen se puede contar a través de toda la gente con la que se encontró durante sus viajes.
R.- No sólo viajaba, es que además era amiga. La cuestión de la amistad es fortísima para ella. Crea unos vínculos muy especiales, muy auténticos, muy fuertes con lo que va siendo su círculo de amistad, que no es pequeño.
P.- Más allá de "la chica rara", ¿qué se ha contado de Carmen que, en tu opinión, es inapropiado y está 'cojo'?
R.- Ella es más la mujer nueva que la chica rara, desde mi punto de vista. Se ha contado que es una autora de una sola obra, que es una mujer frágil y delicada, que no puede con el éxito, que es una señora conservadora porque se ha casado y tiene cinco hijos, que es una mujer torturada…. Todo esto es falso… Pues es una mujer apasionada y enamorada de la vida, con una personalidad muy alegre. Lo que no se ha contado y es real –lo más sintético– es que es una persona libre. La libertad, para ella, es religión, y dedica su existencia a aplicar eso en su vida, y en su manera de entender y trabajar la literatura. Lo cuenta al final de la película: escribir no es publicar; escribir es escribir. Es una actitud hacia el mundo: investigar. Ella escribe y rompe sin ningún sufrimiento.
P.- ¿Qué obra de Carmen Laforet reivindicas?
R.- No voy a reivindicar ninguna porque todo es interesante. La isla y los demonios lo es para entender su parte canaria. A mí me encanta La mujer nueva. Y, para los que no conozcan a Carmen Laforet más allá de Nada, yo les recomendaría un volumen que se llama Puntos de vista de una mujer, que te pone rápidamente en contacto con una gran cantidad de artículos periodísticos que ella –se lo dice a Elena Fortún– escribe como si fueran cartas para los amigos a los que no escribe.
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