Las esculturas que desde hace unos días llenan La Marina de Valencia se han convertido en la polémica cultural de la semana. Se trata de piezas en planchas metálicas inspiradas en la cerámica popular griega que muestran explícitamente una relación sexual y que han provocado que muchos se quejen de que este contenido no es apto para menores de edad. Incluso algunos padres aseguraban que no iban a llevar a su hijos de paseo por la zona para que no viesen las esculturas.

El artista, Antoni Miró, mostró ayer su sorpresa ante esta reacción y explicó que se trata de «lo más normal del mundo». En declaraciones al diario ABC ha asegurado que están basadas en obras de más de 2.600 años de antigüedad y que «la mayoría de la gente lo ve normal y hay más opiniones favorables que en contra».  Pese a esto, desde el Foro de la Familia, que preside Vicente Morro, no han tardado en pedir que se retiren porque «vulneran la Ley de protección al menor».

Expone a los niños sin ninguna protección ni información previa o aviso»

“La exposición en la vía pública de estas figuras que representan felaciones, masturbaciones, con genitales expuestos y reproduciendo diversas prácticas sexuales, con alto contenido sexual explícito y de muy dudoso gusto, podría vulnerar la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor», ha asegurado Morro explicando que se «expone a los niños sin ninguna protección ni información previa o aviso, a escenas inadecuadas para su edad, y sin que los padres que lo deseen puedan pasear libremente por la zona si quieren evitar su visualización”.

Además, ha criticado la posición del comisario Fernando Castro que ante la polémica sentenció que era una disputa ridícula. «Con la cantidad de cosas de las que uno se puede escandalizar en el presente; si nos escandalizamos de imágenes que reproducen los grabados de la cuna de la civilización de Grecia y la Roma Imperial, apaga y vámonos», aseguró a Efe.

Pero Morro considera que Castro «se arroga el poder imponer a los padres cómo educar a sus hijos. Si la excusa es el arte, que sería su cometido, debería distinguir entre el uso artístico del cuerpo humano desnudo, como hace, precisamente Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, entre otros ejemplos posibles, y las prácticas sexuales explícitas».