Thérèse incomoda. Una niña desafiando su edad, sus deseos. Con la ropa interior al aire. Miras sin querer mirar demasiado. Es provocador, sugerente, tanto, que hace dos años Balthus fue acusado de pedófilo, pornográfico e intentaron censurar está obra, pidiéndole al MET que la retirase. Thérèse no es la única, son varias sus lolitas, las que ahora han llegado al Museo Thyssen como protagonistas absolutas de una exposición que muestra al artista francés al completo.

Con la polémica como mayor reclamo, presentan 47 obras de gran tamaño. Son las de la década de los 30, las de cuando Thérèse y su hermano eran vecinos de Balthus, las que enfocaban las cámaras y las más comentadas por el comisario y la viuda del artista. “Hemos intentado contextualizar la obra de Balthus, que la gente no le juzgue según los parámetros contemporáneos y el debate del #MeToo, sino que se vea al artista según los afanes de su época: el descrédito del mundo moderno”, ha explicado el comisario de la exposición Juan Ángel López, acompañado por Setsuko Klossowska de Roda, viuda del artista.

Ha sido ella la que más empeñó ha puesto en eliminar esa visión de la obra de su marido. “Si hablamos de otra cosa, cualquiera tiene derecho a expresar su opinión, pero si hablamos de arte es otro tema. Hay personas que tienen valores espirituales distintos, pues bien. Pero a mi personalmente me da igual. Si hay personas que no quieren ver el arte pues bien. Lo que siento de verdad es que se esté creando un problema a raíz de este tipo de observaciones”, ha asegurado.

'Mujer Levantándose'.

‘Mujer Levantándose’.

Y aunque son estos cuadros los que atraerán la atención del público, el Thyssen ha querido mostrarlo todo. Desde La calle, la obra que le dio a conocer en medio mundo y que consiguió la admiración por parte de los surrealista, hasta La partida de naipes, que pertenece a la pinacoteca madrileña y que es la única obra de arte del artista que se encuentra en España. Demuestran, según el propio comisario, que “Balthus le sirvió a la postmodernidad para crear una nueva imagen en la historia del arte”.

Balthasar Klossowski de Rola, Balthus, había nacido en París, en 1908. Sus padres, un historiador y una artista, le generaron unas inquietudes intelectuales poco frecuentes en un niño. Sería su divorcio, no por el dolor que le pudo causar sino por las puertas que abrió, uno de los momentos claves para su desarrollo como pintor. Su madre comenzó una relación con el poeta Rainer Maria Rilke y este se convirtió en su mayor valedor.

Cuando Balthus tenía tan sólo 10 años prologó su primer libro de ilustraciones Mitsou: quarante images par Balthusz. Vio tanto talento que le aconsejo la soledad. Nada de maestros, tenía que fijarse en los grandes y así así acabó Balthus en el Louvre copiando a Poussin, a Piero o a Masaccio. Así cogió fuerza y le dio a su necesidad de provocación un soporte.

Setsuko Klossowska de Rola junto a la obra 'Los hermanos Blanchard'.

Setsuko Klossowska de Rola junto a la obra ‘Los hermanos Blanchard’.

La obra que le sitúo fue La calle, por la repercusión que tuvo en los artistas de la época. Luego llegaron sus lolitas, Los hermanos Blanchard, que fue propiedad de Picasso y que a su muerte acabó en el Louvre convirtiendo a Balthus en el primer pintor vivo en tener una obra colgada en el museo parisino; sus autorretratos, los sueños en color ocre. “Sus imágenes pintadas a la manera tradicional, pero alejadas de las corrientes figurativas de la época, estaban cargadas de implicaciones psicológicas y de misterio”, confirma López, corroborando las palabras que dijo el propio artista: “No tengo ningunas ganas de figurar entre los representantes de las últimas novedades. Simplemente quiero cumplir mi destino como pintor”. Las vanguardias rugían, él les dio la espalda y estas le encumbraron.

Su primera exposición individual llegó en 1934, sólo siete lienzos llenos de misterio, modernos por clásicos, generaron revuelo. Balthus y sus dramas psicológicos mezclados con cierto erotismo entusiasmaron, y después de otras dos muestras, una en Londres y otra en Estados Unidos, consiguió consolidarse como artista.

Luego La partida de naipes (1950), su presidencia en la Academia francesa en Roma. Setsuko y el misterio sobre su vida. Murió en 2001, pocos días antes de cumplir 93 años. Con sus lolitas ya generando controversia.