Se crearon para permanecer juntas. Para sentirse, el uno al lado del otro, para verlos a los dos para poder verlo todo. Son marido y mujer. Hércules y Deyanira. Su mundo visto a través del gran pinto del barroco, de Peter Paul Rubens.

Aunque en un principio dudaron de cuando fueron pintadas las dos obras, ahora se sabe que fue dos años antes de la muerte de Rubens, en 1638, por lo que se da por hecho que fue en el castillo que había comprado tres años antes en la localidad de Elewijt, en Bruselas. Hércules en el jardín de las Hespérides Deyanira tentada por la Furia, han permanecido juntas desde entonces, pese a que han sido vendidas en varias veces, alguna por anticuarios, nunca se han separado.

Ahora, el Palacio de Lebrija de Sevilla las presenta dentro de la muestra Rubens: Hércules y Deyanira. Obras maestras de las colecciones italianas, que se podrá visitar hasta el próximo 22 de septiembre. El edificio cuenta con una importante colección de obras de arte grecolatino del siglo XVI, algo que la comisarias, Annamaria Brava, directora de la Galería Sabuda, y Cristina Carrillo de Albornoz Fisac, han tenido en cuenta y han utilizado estos fondos para «generar un diálogo». «La proximidad de Rubens, estudioso y humanista de voraz intelecto, con España está marcada por su amistad con el otro gran pintor barroco, Diego de Velázquez, además de por el hecho de que la española fuera una de las cortes europeas en las que sirvió», aseguran.

Las dos obras de Rubens en el Palacio de Lebrija de Sevilla.

Las dos obras de Rubens en el Palacio de Lebrija de Sevilla.

Ambas obras han sido prestadas por el Musei Reali di Torino-Galleria Sabauda y forman parte de una exposición más amplia, con la que la institución pretenden acercar a la ciudad grandes obrar de las colecciones italianas. En amas se representa una historia, o el comienzo de esta. Hércules poderoso, el semidios, acabando con una serpetiendo y cogiendo los frutos de su trabajo en el jardín de Hespérides.

Deyanira escuchando a la Furia. Su marido se había encaprichado de otra mujer, de Íole, y ella quería recuperarle. La Furia le da una solución, una túnica impregnada de la sangre del centauro Neso que hará que Hércules vuelva a enamorarse de Deyaniera. Ella se la da y ocurre lo peor. Se trataba de un veneno y el semidios acaba muriendo. Deyanira no lo soportó y se suicido.

En el Palacio de Nebrija han querido que la historia de ambos sea conocida por sus visitantes y así entiendan el porqué de no separarlos nunca y de la importancia que tienen estos dentro de toda la obra del pintor.