Javier Cid (Zamora, 1979) es barroco, es divertido, es él, tal cual, en cualquier gesto. Tiene esa magia de ser elegante sin necesidad de filtros. También el don de escribir sobre sí mismo hablando un poco de todos. Nos cuenta lo que nos da vértigo decir en alto. Se ríe, sobre todo de él mismo, y ahora además lo hace en forma de novela.

Hace ya diez años publicó El diario de Martín Lobo, la recopilación de un blog que había ido publicando en elmundo.es y que tuvo tal éxito que la editorial Plaza&Janés no dudó en llevarlo al papel. Allí ya se dejó ver entero. Sus miedos, sus deseos, sus fracasos, su vida, contada casi minuto a minuto sin ningún tipo de pudor y toda la fuerza.

'Llamarás un domingo por la tarde'

‘Llamarás un domingo por la tarde’

Ahora vuelve con un libro más pausado, Llamarás un domingo por la tarde, también de Plaza&Janés, una novela dura y hermosa en la que narra sus últimos cinco años. Desde que el novio con el que amuebló su piso se largó hasta hoy. Te hace reír, lloras al final y refleja, hablando de él, a una generación y un colectivo que tuvieron que empezar a vivir un poco más tarde de lo que merecían.

¿Por qué diez años después?

Llegué a un punto de inflexión y al final este libro muestra la búsqueda que aquel momento me llevó a hacer. Me quedé soltero, me vi solo, con una hipoteca, muebles que había comprado con él, esa cama enorme… Me dediqué a buscar cariño, a viajar, fui a una psicóloga que creo que he vuelto loca, todo porque no sé estar solo. Por eso el libro se titula así, Llamarás un domingo por la tarde, porque tenía esa sensación que entra esos días, que es terrible.

Una búsqueda parecida a la de ‘El diario de Martín Lobo’ 

Es que no ha cambiado nada. Pero eso tiene dos lecturas. Que con 40 años tienes la energía de seguir haciendo cosas y, por otro lado, el vértigo de decir que no has consumido etapas. Cuando  escribí Martín Lobo estaba trasladando a esa novela los mismo anhelos y las mismas inquietudes que ahora. E iba pensando que cuando tenía 20 años y veía al típico cuarentón en el centro de la pista decía: yo no quiero acabar así, porque los gais tenemos ese Síndrome de Peter Pan, de no querer envejecer nunca, pero luego llega a ser patético porque todo tiene una edad. Los 40 años llegan y yo intento no ir al centro de la pista, pero sí que hay días en que me siento patético y el abuelete.

Todos pasan de pantalla y yo me he quedado en el mismo lugar

¿Qué tiene de malo estar con 40 en el centro de la pista?

No, nada. Pero parece que te has quedado atrapado. Por ejemplo, todos mis amigos heterosexuales se han centrado. Todos pasan de pantalla y yo me he quedado en el mismo lugar. A ellos les da igual todo, porque ya tienen hijos y las prioridades son otras. Tengo la sensación de que han encontrado su lugar en el mundo y yo me he quedado desplazado. Luego hablo con ellos y me dicen que mientras meten a los niños en el coche para irse a Torrevieja yo me voy a Tailandia, que también es verdad.

Bueno, al final siempre anhelamos lo que no tenemos…

Puede ser. Al final yo me encontré con una especie de crisis laboral, siendo el tío que escribía el blog gay, las crónicas sobre el reto de adelgazar y pienso: “¿Me he tomado en serio?”. Creé un personaje, el de periodista gay, y eso al final te persigue. Me puse en el escaparate contando mis miserias, que con 28 está bien, pero me di cuenta de que ya no quería contar más. Por eso esta novela expresa las mismas inquietudes, aunque de una manera más pausada. Al final la gente se gasta dinero en esto, no es internet. Le he metido literatura, amor, nostalgia, también tiempo. Aquí no hay urgencia, no hay clic fácil, de eso ya me he cansado.

Una novela escrita por una chica que va en silla de rueda, ¿qué es, literatura para discapacitados?

¿Son las novelas contadas por homosexuales, y con protagonistas homosexuales, literatura homosexual?

Yo evito eso. Publico con una editorial generalista y no quiero caer en los clichés. El protagonista y autor de la novela es gay, pero lo es como muchas otras cosas. Al final, lo del domingo por la tarde, la soledad, la crisis de los cuarenta, la presión… es común a todos. A mi que me encasillen en literatura gay me parece absurdo. La literatura estará mejor o peor, las novelas estarán mejor o peor escritas. Una novela escrita por una chica que va en silla de rueda, ¿qué es, literatura para discapacitados? No quiero que se me considere especial porque soy homosexual. Quiero normalizar mi realidad y que se identifique todo el mundo y si es así la misión está cumplida.

¿Por eso te molesta cuando te preguntan por qué no hay escenas de sexo?

¿Qué pasa que tenía que estar lleno de falos, de lametones? Si lo escribe un heterosexual no le preguntas que por qué no hay sexo. Yo no quiero decir que nos machacan y nos estigmatizan. He sido el primero en querer diferenciarme de la multitud y he llevado por bandera mis diferencias para hacerme un hueco y bueno. Quizá ahora me cuesta que me quiten el sambenito, porque yo he jugado a eso.

Me encantó decirles: “Se pasa, yo ahora soy feliz”

¿Qué supuso la repercusión que tuvo el post de Facebook en el que contabas que habías sufrido acoso escolar por ser gay en el colegio?

Ese post lo escribí en mi muro de Facebook, que es privado, no es un periódico. Allí me sentía como en mi salón con chimenea. Pero de repente se empezó a compartir, tenía miles de solicitudes de amistad, me llamaban desde los medios de comunicación… Fue tremendo. Lo que más me gustó de esa situación fue que me escribieron un montón de madres con hijos en mi situación de entonces. Me encantó decirles: “Se pasa, yo ahora soy feliz”. La verdad que lo escribí después de hablar con mi madre, que fue la que peor lo pasó.

¿Qué opina tu madre de lo que escribes?

Siempre escribo pensando en que lo va a leer ella. Lo de Martín Lobo me costó más, porque era más bestia. He intentado ser más elegante y a ella esta le ha gustado más. Pero sigo protegiéndola, a mí me han llegado a presentar como Javier Cid, homosexual maltratado, y yo soy muchas cosas, eso es demasiado reduccionista y sin contexto. Por eso cuando salgo por la tele le digo que mejor no lo vea, porque no sé si voy a hacerlo bien y no quiero que sufra.

¿Y qué opinas tú de los partidos que han considerado sacar el Orgullo de la ciudad?

Pues ahora el PP quiere una carroza, después de todo. Después de decir lo de llevarse el Orgullo a la Casa de Campo y de recurrir el matrimonio homosexual. ¡Pero si aconsejaron a Rajoy que quizá era mejor que no acudiese a la boda de Javier Maroto…! Yo creo que todo el mundo tiene derecho a ir, pero si cumple con lo que pide la organización. Ellos no cumplen. Van a conseguir el poder junto a una señora, Rocío Monasterio, que va diciendo que esto es apestoso, vergonzoso y una degradación de la condición humana.