Primero fueron nueve mujeres. El 13 de agosto. A las semanas, ya sumaban veinte. Le acusaban de abuso sexual. De, supuestamente, haber utilizado su poder con ellas, de haberles prometido trabajos mejores a cambio de relaciones sexuales, de haberles impedido seguir trabajando si decían que no a sus insinuaciones. «¿Cómo le dices que no a Dios?», se preguntaba una de ellas. Y es que Plácido Domingo (Madrid, 1941) era Dios y ha acabado en el infierno.

Domingo nació en la calle Ibiza de Madrid y fue la profesión de sus padres, dos cantantes de zarzuela, lo que le llevó a México con tan sólo ocho años y lo que le metió de llenó en el mundo de la ópera. Dicen que fue autodidacta al principio y después aprendió en el Conservatorio de la Ciudad de México.

El tenor despuntó rápido. Sus primeros trabajos fueron en la compañía de sus padres y su gran debut en 1957, 16 años, como barítono en una zarzuela. Luego llegaron papeles más importantes, en 1960 en la Ópera de México, ciudad en la que pronto fue reconocido, y en 1962, su gran triunfo, dos años en la Ópera de Tel Aviv, 280 actuaciones.

Se silueteaba ya entonces la leyenda y ese mismo año se casó con la soprano Marta Ornelas. Tienen dos hijos, ella deja su carrera para ocuparse ellos y él sigue triunfado. Sería 1967 un año clave, tanto para el inicio de su carrera como para el comienzo del final. Ese año Domingo debuta en la Metropolitan Ópera de Nueva York, tenía 27 años y le llega el éxito internacional.

Actúa en San Frascinco, en Europa. Plácido Domingo conocido por todos. Y es entonces cuando Luciano Pavarotti y José Carreras ven en él a la pieza que les falta. Forman el grupo Los Tres Tenores, conciertos multitudinarios que acercan la ópera al público.

Sigue con fuerza. Aparece en películas, en óperas filmadas. Trabaja en Operalia, un concurso de ópera, le dan el premio al Mejor Artista de Música Clásica en 1997, en el 2001 director de Ópera de los Ángeles y en 2002, ya Dios absoluto, graba por el 100 aniversario del Real Madrid, su himno oficial.

Luego, le nombraron Huésped distinguido de la Ciudad de México, se lo rifaban para que actuase en los grandes teatros, era absoluto, mundialmente conocido y llegó el quiebro.

El pasado 13 de agosto nueve mujeres le acusaban de abusos sexuales. Lo hacían a través de un reportaje en la agencia Associated Press. Aseguran que desde finales de los 80 y a lo largo de todos estos años el tenor había intentado presionarlas para que mantuvieran relaciones sexuales con él. Que él les prometida empleos, que tomaba represalias si ellas se mostraban esquivas y que incluso llegó a meter la mano dentro de la falda de una de ellas.

Pero no solo hablaron, en aquel reportaje, las mujeres que supuestamente habían sido acosadas. También cantantes, bailarines, personal técnico, músicos de orquesta, maestros de canto y administradores, que aseguraron que Domingo «perseguía a mujeres más jóvenes con impunidad». Un secreto a voces, dijeron. Y una de ellas se preguntaba: «¿Cómo se le dice que no a Dios?».

Ese mismo día, varios conciertos del cantantes, en San Francisco y Filadelfía, fueron cancelados. Domingo, en un comunicado aseguró que las acusaciones era inexactas y que pensaba que todas sus «interacciones y relaciones fueron siempre bienvenidas y consensuadas». El problema llegó cuando dijo que «las normas y los estándares por los que se nos mide hoy, como debe ser, son muy diferentes de lo que eran en el pasado».

Las críticas fueron atroces, las reacciones feroces. Incluso el MET, donde él había debutado en Estados Unidos, donde había empezado su gran triunfo, le decía que adiós. Cancelaron su actuación un día antes y dijeron que ya no volverían a trabajar con él. Llevaba 51 años actuando allí.

Todo se agravó aún más cuando el 5 de septiembre otras once mujeres aseguraron que ellas también habían sido víctimas del acoso del tenor.

Una de ellas daba la cara, era la profesora Angela Turner Wilson, de 48 años, que se remontaba a sus 28 para hablar de lo ocurrido. Aseguraba que antes de la representación de El Cid, Plácido Domingo le tocó el pecho en su camerino, con tanta fuerza que le hizo daño.

A su voz se unió la de Melinda McLain, que fue coordinadora de producción de la Ópera de Los Ángeles entre 1986-1987 y había trabajado con el tenor en la Houston Grand Opera. Aseguró que no se atrevían a dejar sólo a Domingo con jóvenes cantantes, que incluso cuando él lo solicitaba, intentaban evitarlo. Hasta llegó a decir que intentaban invitar a la esposa del tenor, Marta Ornelas, para asistir a fiestas porque así «él se comportaba».

Y este 2 de octubre ha llegado el batacazo final. No se sabe si la presión por parte de la sociedad, quizá de la propiedad entidad o por una decisión plenamente personal, pero Plácido Domingo dejaba la dirección de la Ópera de Los Ángeles, que ya había abierto una investigación para aclarar lo ocurrido. Cerraba así casi dos décadas al frente y también su carrera en Estados Unidos.

«Mientras continúo mi trabajo para limpiar mi nombre, he decidido que es en el mejor interés de La Opera que dimita como su director general y que deje mis actuaciones futuras», aseguraba. Caía Dios, que ya se sentía rozando el infierno.

Ahora le queda Madrid. El Teatro Real le espera en 2020 y hace unas semanas aseguró que todo seguía en pie y que apoyaban al tenor.