El pasado 4 de mayo se tomaba una decisión histórica, no habría entrega del Premio Nobel de Literatura en 2018. La Academia sueca pasaba por su peor momento, tanto que fue la primera vez que no pudo cumplir con su tarea desde la Segunda Guerra Mundial. Era un escándalo de abusos sexuales lo que había provocado retrasar el premio. El comportamiento de Jean-Claude Arnault, de 71 años, durante varias décadas.

Todo empezó en noviembre de 2017, el diario Dagens Nyheter, en un artículo firmado por Matilda Gustavsson, publicaba que 18 mujeres acusaban al francés de violación y acoso.

Se trataba de uno de los nombres más conocidos de la cultura del país, el marido de la académica Katarina Fostenson, y el director, junto a ella, de Forum, una institución cultural que llevaba años siendo financiada por la que entregaba los nobel. Además, los hechos, según aseguraban estas mujeres, ocurrieron en un apartamento de París que era propiedad, ni más ni menos, que de la Academia.

«Manipular las pujas de los corredores de apuestas»

Aunque Arnault no pertenecía a la Academia, la relación era bastante estrecha. Y, encima, todo se agrandó. The Guardian sacaba al poco tiempo un artículo en el que acusa al francés de revelar antes de tiempo los nombres de los premiados. Según este medio, lo hacía para «manipular las pujas de los corredores de apuestas».

Todo arde. Una institución basada en su prestigio se tambalea y para el público general es muy difícil entender que esta no es solo el nobel de Literatura por lo que el escándalo no solo afecta a ese galardón histórico sino a toda la Academia.

Se reúnen el 23 de noviembre, pocos días después de la publicación de las acusaciones. La decisión: rompen con el Forum, dejan de financiarlo, y desvelan que varias académicas, incluso hijas y mujeres de académicos, habían sido víctimas de ese tipo de tratos. También que se abre una investigación, que la Academia será revisada por sí este tipo de comportamientos van más allá de Arnault. Tanto los sexuales como la interferencia en los premios.

Sara Danius dimite tras la decisión del resto de académicos de quitarla del cargo de secretaria

Muchos de los miembros lo tachan de caza de brujas, pero la secretaria perpetua de la Academia, Sara Danius, dice que no terminará hasta que se descubra toda la verdad. A los pocos meses, la investigación concluía que Arnault no manipuló la elección de ningún nobel aunque también que la institución no rinde cuentas ante nadie desde hace muchísimos años y que la mujer de Arnault poseía la mitad del Forum, por lo que había un conflicto de intereses.

Y comienza la ola de dimensiones. Primero el novelista Klas Östergre deja su puesto como académico, Katarina Frostenson también se va y Sara Danius dimite tras la decisión del resto de académicos de quitarla del cargo de secretaria.

Las calles se llenaron de mujeres con camisetas a favor de Danius y el prestigio de la Academia ya parecía algo del pasado. Al poco tiempo, de los 18 académicos que se encargaban de elegir al nobel, solo quedaban diez. El 4 de mayo se informó de que el Nobel de Literatura no se entregaría en 2018 por primera vez en la vez desde la Segunda Guerra Mundial y era la primera vez que se hacía por culpa de un escándalo.

«El Premio Nobel se otorga cada año, pero las decisiones sobre los Premios Nobel se han pospuesto en varias ocasiones durante la historia de los premios. Una de las circunstancias que puede justificar una excepción es cuando surge una situación en una institución que otorga premios que es tan grave que la decisión del premio no se percibirá como creíble», aseguraron en un comunicado.

Este año, este 2019, se entregarán dos para resarcirse del vació de 2018. En las quinielas muchos nombres de mujeres. De Margaret Atwood a Anne Carson. También hombres como Javier Marías. Este jueves la Academia pretende volver a la normalidad con sus nuevos académicos, su institución aparentemente limpia y parece ser que con algún nombre de mujer en el Nobel de Literatura.