Nos han contado la Historia en masculino. Voces de hombres, de intelectuales, políticos, cronistas… Para Mar Abad, periodista y fundadora de Yorokobu, «el franquismo escondió la visión de las mujeres, tapó a todas aquellas que no comulgaban con sus ideas». Por eso, con la intención de conocer los hechos a través de «la otra mitad» comenzó a investigar a las grandes periodistas del siglo pasado.

El resultado: Rosario de Acuña, Carmen de Burgos, Aurora Bertrana y Sofía Casanova como protagonistas de Antiguas pero modernas (Libros del K.O), un libro que a través de ellas nos lleva a la República, al franquismo, al exilio, a las cenas de intelectuales, a todo lo que ocurrió en España durante finales del XIX y la primera mitad del siglo XX.

La autora, Mar Abad.

«La idea era que fuese divulgativo pero novelístico, para que se pueda disfrutar más. Cada capítulo tiene una voz y un tono distinto porque he intentado respetarlas al máximo. Hay muchas frases literales de sus novelas y de sus artículos para que hablen ellas», explica Abad que no ha dejado una sola obra, ni documento, ni carta por leer de estas cuatro periodistas.

Para ello ha pasado varios años investigando, preguntando a todo aquel que pudiese tener más información, siendo un ratón de biblioteca en todos aquellos lugares donde había algo que leer firmado por ellas. Y, al final, se encontró con cuatro mujeres muy diferentes. «Por ejemplo, Sofía Casanova era franquista, se posicionó a favor del régimen y hay fotos de ella con el brazo en alto. Carmen de Burgos todo lo contrario. Pero cuando Casanova venía a España era Colombine quien organizaba cenas y fiestas para homenajearla», explica.

Se genera entre ellas una complicidad, quizá más por supervivencia del género que por simpatía. «Te das cuenta de que en aquella época eran admiradas, requeridas… y luego fueron borradas de la Historia». También despreciadas. Antiguas o modernas comienza con Rosario de Acuña, con cómo se levantó el público en una de sus obras de teatro pidiendo conocer al autor y como se fascinó al saber que este era una mujer.

Rosario de Acuña.

Pero también documenta la malicia de algunos hombres que vieron en su profesión, el periodismo, un insulto. José Jackson, el autor de la pieza teatral ¡Guerra a las mujeres!, escribió este poema sobre Acuña en Madrid Cómico:

Las mujeres literatas
me molestan sin querer;
como esposa y como madre,
me entusiasma una mujer.

La Rosario Acuña,
que escribe en París,
debe irse a otra parte…
¡Me parece a mí!

Y yo, si algún día
la llego a encontrar,
le digo en su cara:
«¡No escriba usted más!».

«¡Tire usted la pluma,
haga usté el favor,
que zurciendo calcetines
estará mucho mejor!».

Primeras corresponsales

Antiguas pero modernas continúa con Sofía Casanova, aunque en cada historia aparecen todos los personajes de la época, de Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós, Ramón María del Valle-Inclán o Ramón Gómez de la Serna…

Sofía Casanova.

A ella la llama La mujer alma. Casanova, que había nacido en La Coruña, entró rápido en los ambientes intelectuales. Incluso, la edición de su primer libro, Poemas, fue financiada por Alfonso XII, cuya corte visitaba a menudo junto a otros intelectuales.

Es allí donde cambió la vida de esta poeta y periodista. Conoció al filósofo, diplomático y príncipe polaco, Wincenty Lutoslawski y se casó con él en 1887. Se instalaron en Drozdoo , Polonia, tuvieron hijos y cuando todo entre ellos se enfrió, Casanova, que viajaba continuamente para verlos, se topó con la I Guerra Mundial. Allí empezó a cubrir conflictos para el diario ABC, en cuyas páginas llegó a contar hasta la caída de los últimos zares.

Se convirtió en corresponsal de guerra y en una muy demandada y leída. Es ella la que narró todo lo que ocurrió en esa Europa convulsa de principios de siglo. Llegó, incluso, a entrevistar a Trotski.

Tras ella, Carmen de Burgos, periodista, activista del divorcio y del sufragio femenino. Conocida como Colombine comparte con la autora lugar de nacimiento y además ha sido Mar Abad la que más ha reivindicado su figura a lo largo de los últimos años. Se trata de la primera periodista española que trabajó en una redacción, es decir, que fue contratada. También de nuestra pionera en el periodismo bélico.

Carmen de Burgos.

Su ideas a favor, por ejemplo, de la objeción de conciencia, de la mujer o de la libertad provocaron que Franco borrase su rastro. En Colombine podemos encontrar frases que se utilizan todavía a día de hoy. A la hora de hablar del feminismo aseguró que «no es la lucha de sexos, ni la enemistad con el hombre».

Al acabar la República, su legado desapareció. Su nombre fue escrito por Franco en la lista negra; junto a Zola, Voltaire o Rousseau. Eran los autores prohibidos. Como explica Abad en uno de sus artículos sobre la periodista: «Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y las librerías».

La última, la que cierra Antiguas pero Modernas, es Aurora Bertrana, una mujer que se atrevió a hablar de amor libre en la década de los años 30. Fue hija del escritor catalán Prudenci Bertrana y de Neus Salazar, una mujer enjaulada que provocó en Bertrana la necesidad de ser libre.

Aurora Bertrana.

Comenzó muy joven a estudiar música, por lo que se trasladó a Barcelona, algo que provocó críticas en una sociedad que no comprendía que una mujer acudiera sola ningún lugar. También empezó pronto a darse cuenta de que aquella España de principios del XX se le quedaba pequeña.

Se fue al Instituto Dalcroze de Ginebra y en 1923 ya formaba parte de la orquesta de un hotel. Poco tiempo después creó la primera banda de jazz donde solo tocaban mujeres de toda Europa. Suiza, libre, le permitió hacer todo aquello pero aquel país también le resultó insuficiente.

Apareció en la Polinesia en 1926 y no se fue de allí hasta 1929. De aquellos tres años resultó Paraísos oceánicos, un libro sobre sus viajes que se reeditó hace dos años en castellano y que cuenta con un prólogo de Mar Abad.

Al final, cuatro de tantas mujeres que a finales del siglo XIX y principios del XX «aparecían en los periódicos, eran admiradas, daban charlas» y que la dictadura borró. «Estas mujeres se dejaron la piel por nosotros. Porque sabían que había muchas cosas por las que luchaban que ellas no iban a llegar a disfrutar. Gracias a ellas y otras muchas podemos estudiar, estar en política y les cortó ser insultadas, repudiadas y a veces desterradas. ¿No vamos a reconocérselo nunca?, sentencia Abad.