No apareció de la nada para escribir ‘Mujercitas’. No fue su primera novela, como hicieron creer al público, no fue ni siquiera la décima. La autora llevaba décadas con las manos manchadas de tinta, con la imaginación como bandera y con una ansiedad política desmesurada. Pero las líneas que había escrito hasta entonces no eran aptas para ser leídas por cualquiera y aún menos para ser concebidas en una cabeza femenina.

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