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Manuel Jabois: "Puedes tener unas ideas muy fuertes, hasta que le pasa algo a alguno de los tuyos"

Manuel Jabois. Alfredo Arias.

Esta historia empieza con una boda y con una desaparición de la hija de la novia, una niña de dos años. Comienza con un momento de felicidad absoluta que acaba en el más profundo de los terrores. De ahí, nos lleva 25 años después a una periodista que quiere saberlo todo sobre aquel suceso que conmocionó a un pueblo de la Costa da Morte en 1993.

Miss Marte (Alfaguara) es esta novela, la segunda, del periodista Manuel Jabois (Sanxenxo, 1978) que acaba de publicarse. Tan fácil de leer como difícil tuvo que ser de escribir, con personajes complejos, con una trama que intuyes y de la que no tienes ni idea. Con una narración que es capaz de llevar tu ánimo de un extremo a otro en pocas páginas, de engancharnos en dos líneas; incluso de querer volver a empezar al terminarlo.

«Dos temperaturas opuestas»

Está pensada, currada, es un thriller bonito que se remonta siempre a un verano y que consagra a Jabois como novelista. Como dice el autor, es la mezcla de «dos temperaturas opuestas». «De ese momento de esplendor absoluto, de los enamorados totales, de la costa, el mar; de ese estado de felicidad donde quieres que se congelen a toda costa los relojes. Y a la vez es allí donde todo se derrumba, cuando desaparece la niña. Y que ese instante no tenga vuelta atrás. Que sean dos años, tres años, que sea toda la vida. Una Madeleine McCann. La tortura infinita», explica.

La protagonista es una adolescente que ya tiene a esta niña de dos años y que tras aparecer de nuevas en un pueblo gallego se casa con uno de los chicos de allí. Una mujer casi mística. Para Jabois, «ella tiene un poder que tienen todos los turistas: el de la novedad. Además de eso, tiene un carácter fascinante. Me gustaba mucho recalcar la idea del cuento, porque en esta historia se produce un encantamiento».

La gente con la que compartes los buenos tiempos no la borras»

MANUEL JABOIS

De aquel verano, nos lleva a 25 años después. A cuando una periodista ya con cierta fama acude a este pueblo a descubrir qué pasó, qué ocurrió ese verano para que la niña desapareciera y comienza a realizar entrevistas a todo aquel que tenía relación con su madre en aquel momento.

Se despedazan así, por capítulos, los personajes. «Todos era amigos menos ella, que llegó de nuevas pero que pasa esos meses con ellos. Y, al final, la gente con la que compartes los buenos tiempos no la borras», sentencia Jabois.

Cada capítulo con el nombre de cada uno de los que formaron esa pandilla, también con Dios y el Diablo que abren y cierran este libro. «En gallego se dice ‘Deus é bon, mais o diaño tampouco non é mao’ (Dios es bueno, pero el diablo no es tan malo). Quizá por eso todos están entre ellos, con sus cosas buenas y sus defectos».

No hay nadie limpio ni nadie totalmente sucio en este libro. Se habla de verdad, de la conveniencia de conocerla o no hacerlo. También de la lealtad. «Hay un concepto muy peligroso de anteponer tus ideas a tus afectos. Puedes creer en muchas cosas hasta que a alguno de los tuyos les pasa algo y, claramente, antepones a esa persona» -explica Jabois que utiliza también este termino en el prólogo de El penúltimo negroni, libro recopilatorio de las columnas de Gistau- «Está mentalidad era muy de David Gistau, un instinto de protección. Al final, los dos instintos más importantes del ser humano son la supervivencia y la protección».

Aquí, en Miss Marte, Jabois puede que nos cuente a todos. Cómo a veces esperamos que el sol no se ponga, que gane. También cómo otras acabamos pensando que la vida «es ser feliz los domingos por la tarde». Habla del tiempo cuando unos minutos se hacen eternos y 25 años pasan volando, de la identidad, la búsqueda de Dios sabe qué y, siempre, de Galicia.

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