Hace tiempo que los reducidos aforos de los tablaos se le quedaron pequeños al enorme público de Miguel Poveda, pero el que mañana podría proclamarse mejor artista flamenco en los Premios Odeón no olvida de dónde viene, especialmente ante la peor crisis que hayan vivido estos espacios en toda su historia.

«¿Sabes la cantidad de talento que hay ahí a la guitarra, al cante y al baile? Mi hermana también trabajaba en un tablao y ahora está vendiendo cosméticos. Hay muchos artistas que se han tenido que reinventar, pero no es para lo que han nacido, sino para hacer arte y para enamorar al mundo», defiende el catalán en una charla con Efe a propósito de esta situación.

Sus palabras llegan tras conocerse el cierre del tablao más antiguo de Madrid, el Villa Rosa, el tercero de emblemático pasado que echa el candado en la capital. «Eso es asesinar un valor muy preciado que tenemos aquí y todos los mandatarios de este país tendría que tomar conciencia», reclama el Premio Nacional de Música 2007.

«Siento que hay un descontrol respecto al tratamiento de los distintos sectores, una incoherencia general. Entiendo que no es fácil gestionar todo esto, pero con un poquito más de sensibilidad se harían las cosas mejor», insiste ante las medidas que se están tomando durante la pandemia.

Las actuaciones que los próximos 9 y 10 de abril lo devolverán a un escenario, su «hábitat natural» como él lo llama, serán posibles porque se celebran en un teatro, espacios que gracias a su mayor tamaño han podido seguir adelante pese a las restricciones de aforo.

Al Coliseum de Madrid, Poveda (Badalona, 1973) llegará sabiéndose privilegiado de subirse a unas tablas, tras un año que ha dejado como una ironía del destino el título de su último disco de estudio, «El tiempo pasa volando» (2018), con el que cerraba la trilogía dedicada a Federico García Lorca integrada por «Sonetos y poemas para la libertad» (2015) y «Enlorquecido» (2018).

«En cierta manera, dentro del desastre, a mí me vino bien parar. Llevábamos un velocidad de vértigo, sin tiempo para la reflexión. Pero ha sido demasiado. Se ha convertido en algo claustrofóbico y echaba de nuevo la velocidad y el ritmo», confiesa.

En el retiro forzoso de la pandemia, ha aprovechado para empezar a dar forma a su próximo trabajo, del que se reserva el título y que podría ver la luz a finales de este año. Anticipa, eso sí, que será «un mar de diversidad y de compromiso social».

«Esta vez ese compromiso es más firme, hecho desde el amor, con un lenguaje optimista y bonito. Quiero un planeta más sano para mi hijo y las generaciones venideras», cuenta, antes de revelar también que reflejará todas las facetas musicales que lo conforman: «el cantaor, pero también el coplero y el que ama a Latinoamérica».

En su encuentro transoceánico, Poveda versionará a figuras como Caetano Veloso, pero también un tema de salsa que popularizó Willie Colón y que fue escrito por Omar Alfanno, «El gran varón».

Cuenta la historia real de Simón, rechazado por su padre por su condición de mujer transexual y que acabó falleciendo de sida sola en un hospital en los años 80. Para Poveda, se trata de «recordar a toda esa gente que murió abandonada y que han hecho tanto para que progresen los derechos».

«Las canciones aún tienen poder de abrir ojos y provocar esos encuentros que no conocen ni razas, ni cuestiones religiosas o políticas. Yo estoy rodeado de músicos de todas las ideologías, pero hay algo que ocurre en el escenario que nos conecta a todos, y es la música; es lo que quiero hacer con este disco, conectarme con el mundo», explica.

Mañana miércoles se sabrá si a la larga lista de distinciones que ya ha recibido en su carrera, se suma un Premio Odeón en la segunda edición de estos galardones.

«Si me lo dan, lo recibiré con alegría y quedará estupendo para la familia. Me daría un poco la palmadita en la espalda de que sigo haciendo las cosas bien, pero no necesito el reconocimiento como un premio. Lo que me motiva es sentirme libre y sentir que puedo cambiar el mundo con mi música, aunque sea un ápice», asegura.