A Fernanda Trías (Uruguay, 1976) la pandemia le pilló con el susto imaginado. Llevaba 4 años pensando en lo mismo, dando le vueltas a la idea de un mundo surrealista, de una sociedad que se enfrenta a un aire que mata y que les recluye en casa. Un mundo con «tapabocas», con hospitales saturados y con relaciones personales deshechas.

Cuando en marzo del año pasado saltaron las alarmas ella ya tenía escrita su novela: Mugre rosa (Literatura Random House). Lo más parecido a una premonición. «La terminé antes de empezar a soñar con la pandemia, cuando ni siquiera pensábamos que esto podría ocurrir», explica.

En ella todo es como fue para todos unos meses después. Los paralelismos son increíbles, tanto a nivel físico como emocional.

Pregunta.- Parece que Mugre Rosa es una novela del después y nunca del antes.

Respuesta.- La empecé a imaginar y a pensar ya desde 2016, aunque evidentemente fue cambiado luego porque ese es mi proceso. En 2017 me presenté al premio Residencia de la Casa de Velázquez para un escritor latinoamericano en activo y gané con este proyecto. En marzo de 2018 me fui a Madrid y la terminé antes de empezar a soñar con la pandemia, cuando ni siquiera pensábamos que esto podría ocurrir. El otro día me di cuenta que a los personajes les puse hasta tapabocas.

La realidad alcanzó a la ficción muy rápido y cuando salió publicada en Uruguay, en octubre de 2020, ya estábamos dentro de esta pandemia

FERNANDA TRÍAS

Cuando lo escribí quería construir un mundo extraño, distópico. Hospitales colapsados, una sirena que te anuncie que viene un viento que puede matarte, un enemigo invisible. Pero la realidad alcanzó a la ficción muy rápido y cuando salió publicada en Uruguay, en octubre de 2020, ya estábamos dentro de esta pandemia.

P.- El título mezcla un concepto feo, la mugre, y otro dulce, el rosa. ¿Qué hay de bonito en esta historia?

R.- Me atrajo por eso. Dentro de la novela, con un mundo apocalíptico donde hay tanto vínculos rotos, el tejido social está muy afectado y hay un control estatal a partir de la emergencia sanitaria; lo que mantienen viva a la protagonista y otros personajes son esos lazos de solidaridad y ternura.

La expresión ‘Mugre rosa’ existe, la descubrí porque durante muchos años fui traductora especializada en textos médicos y era un subproducto cárnico que fue muy controvertido y se prohibió en muchos lugares. Me pareció perfecto para esta historia porque plasma que de todo hay que lograr sacar rédito, que se hacía con deshechos para no desperdiciarlos y que se vendía a la «gente común».

P.- Hablas del consumo masivo, del ser humano como depredador del planeta…

Los humanos somo como un parásito que mata al anfitrión

FERNANDA TRÍAS

R.- Como especie los humanos somos como un parásito que mata al anfitrión. Algo que ya está en la naturaleza y que nosotros lo hemos llevado al extremo, esa manera de parasitar es consumir sin ton ni son, sin límite. Ir destruyendo todo, el inicio de todo esto es cuando nosotros como especie nos hacemos civilizados y construimos esta civilización en la que nos entendemos separados de la naturaleza.

P.- Llevas a un extremo a los personajes del libro, los pones a prueba de todo y luego nos analizas.

R.- En ese límite es donde se revela quien es cada uno, me gustan ese tipo de conflictos extremos dónde el personaje esta un poco entre la espada y la pared porque es ahí donde está su verdadera naturaleza.

Cuando la escasez aumenta, cuando el peligro aumenta, esta situación presiona y oprime a los personajes hacia dentro.

P.- No se para de hablar de lo felices que éramos antes del covid, ¿éramos realmente felices?

R.- Felices no me animaría a decir. No lo podíamos ser viviendo como vivimos en ese individualismo recalcitrante, donde estamos corriendo detrás de una meta que no existe. Hacia una acumulación de cosas o de logros que en cuanto los alcanzamos ya estamos buscando la siguiente meta, es como una insatisfacción constante.

No somos conscientes de lo traumático que esto va a ser para ciertas generaciones

FERNANDA TRÍAS

Pero obviamente una catástrofe de este tipo a nivel mundial es algo que vino como un gran baldazo de humildad. Deberíamos leerlo de esta manera, vino a demostrarnos que con todo nuestro supuesto avance, un virus salido de un mercado de china demostró que todo ese es una ilusión, que no es cierto. No somos conscientes de lo traumático que esto va a ser para ciertas generaciones que fueron las más afectadas.

P.- En tu novela haces hincapié en la maternidad, utilizas mucho el verbo maternar

R.- Me interesaba pensar en la maternidad desde muchos ángulos. Como hija sustituta, como madre sustituta. El esfuerzo de la protagonista por mantener la conciencia de que ese niño al que cuida, y que no es suyo, es trabajo y como lentamente el vínculo con el niño se va convirtiendo en su salvación. En lo más humano, en lo más puro.

Quería ver la maternidad no como algo biológico. Dejar de pensar que solamente porque es tú hijo no tienes nada que construir… el vínculo se construye y aquí se ve cómo se van eligiendo mutuamente como madre e hijo.