Cultura

Soto Ivars: "No creo que haya una relación entre decir 'todes' y que los niños trans estén más contentos"

Imagen del libro la Casa del ahorcado junto a su autor, Juan Soto Ivars

Carmen Vivas

A Juan Soto Ivars todo le importa poco, o quizás le importa demasiado. Es el columnista facha, el que da alas al independentismo o el que alienta el comunismo. Es, depende de quien le lea en Twitter, una cosa o la contraria y él sabe manejarse en ese limbo de quien escribe un artículo y lo deja vivir sin demasiado miedo.

Hace años se preguntó el porqué de tanta corrección política. De ahí se fue al tabú y de ahí a una riada de libros de antropología que devoró durante meses y que le llevaron a publicar La casa del ahorcado (Debate).

Se trata de un ensayo que nos lleva hasta la raíz de la palabra y va mostrando su recorrido, su evolución. Nadie puede mencionar la soga en la casa del ahorcado y él quiso saber por qué ahora la soga no se puede mencionar en ningún sitio.

Pregunta.- ¿Es tabú criticar el libro de una mujer feminista?

Repuesta.- Depende en qué círculos, lo malo de los tabúes es que van por barrios. Me lo has preguntado por uno de mis artículos, ¿no? Hice una alusión a un género literario y se dieron por aludidas respecto a una autora que yo ni siquiera había leído. Quisieron montar un pollo que menos mal que no prosperó.

P.- Entonces, ¿lo es?

R.- Al final es muy trivial, se defienden entre ellos. Y se venden entre ellos. Esto siempre ha pasado en la literatura, por eso muchas escritoras en los 60 no conseguían prosperar, porque no estaban en la tribu de los intelectuales que iban al Café Gijón.

No estoy de acuerdo que Amanda Gorman por ser negra sea una oprimida. Tiene 22 años y lee en la toma de posesión del presidente de EEUU

En el mundo cultural hay una hegemonía en ciertos discursos de izquierdas, más que nada porque en el mundo editorial y de la prensa tienen esta ideología, más o menos activista. El clima es de izquierdas. Por eso un escritor tan bueno como Juan Manuel de Prada ha sido un outsider, y eso que ha ganado premios y vendido miles de libros.

P.- ¿Te consideras un outsider por no compartir ciertas ideas?

R.- En esta liguilla de autores segundones en la que estoy diría que si rompes determinados tabúes, hay cierto problema con los festivales, los suplementos…

P.- Ahora nadie se atreve a traducir a Amanda Gorman, la poeta estadounidense que leyó en la toma de posesión de Biden, por temor a que su trabajo pueda resultar o, más bien, ser tildado de racista.

R.- Eso sí que es lo racista. No estoy de acuerdo que Amanda Gorman por ser negra sea una oprimida. Tiene 22 años y lee en la toma de posesión del presidente de EEUU. Había un chiste muy bueno, gente que defendía este tipo de argumentos. Les estaban enfocado a la cara y te pensabas que eran unos modernos. Pero cuando la cámara se alejaba llevaban esvásticas en el pecho, eran nazis.

P.- En tu libro hablas del tabú como un nexo de unión, unas normas determinadas que nos definen como sociedad. ¿Se han generado tantos que ahora en vez de unirnos nos están dividiendo?

R.- Tal cual. Es una seña de identidad de la tribu. Detecto al judío porque a la hora de comer aparta al cerdo, a la musulmana porque se tapa el pelo. Y al final el tabú es uno de los rasgos de la distinción y cuando la tribu reconoce ese tabú como bueno, la tribu está unida. Y eso no tiene que ser bueno, pero si que da estabilidad.

Los tabúes están diferenciados por parroquias, hay gente para los que hacer una caricatura de Puigdemont es herejía

Pero en una sociedad intercultural y polarizada ideológicamente como la nuestra, el tabú se está convirtiendo en un síntoma de la ruptura democrática. Se ve muy bien con la corrección política de la izquierda o la corrección patriótica de la gente de derechas. La tribu quiere imponer un tabú y si los otros no lo aceptan, se vuelven intransigentes.

Son conatos, no está amenazada la libertad, pero si que veo síntomas de una ruptura muy peligrosa. También es que vivo en Cataluña y veo a dónde pueden llevar estos temas a nivel político.

Los tabúes están diferenciados por parroquias, hay gente para los que hacer una caricatura de Puigdemont es herejía. Y todo esto deriva en una esclerosis política en la que no sirve para nada el parlamento. Y aunque suena conservador, las instituciones son importantes.

P.- Sobre la caricatura de Puigdemont, ¿hay políticos sobre los que sí se puede aplicar cierto tipo de humor y otros a los que no?

R.- Hacer una caricatura de Díaz Ayuso con cara de muñeco diabólico, como la de El Jueves, sí se puede, no pasa nada. Pero ha habido polémicas por sacar a mujeres de izquierdas feas.

Cada uno, al final, es puritano con lo suyo. Todos el mundo defiende la libertad de expresión siempre que defienda a quien piense como él y aquí la única postura válida es la equidistante. Yo defiendo que un nazi diga barbaridades, porque eso es la verdadera libertad de expresión.

P.- ¿Hablamos de fascismo y de comunismo con tanta ligereza que están perdiendo su verdadero significado?

R.- Cambian de significado, ahora la nueva definición de fascismo es ser intransigente con sus oponente políticos. Por eso los de Vox acaban llamando fascistas a los de Podemos.

La izquierda en España tenía ganas de que hubiese fascismo, por la épica, y la derecha tenía ganas de comunismo

Trivializamos mucho las cosas y aquí lo que me preocupa son las profecías autocumplidas. La izquierda en España tenía ganas de que hubiese fascismo, por la épica, y la derecha tenía ganas de comunismo, pero ¿dónde hay comunistas en España? Y es que la política sin la épica es aburridísima.

P.- A ti te han linchado en redes sociales por tus ideas. En este ensayo hablas de que el linchamiento no es sólo un castigo hacia el que ha incumplido con cierto tabú sino que sitúa al que lo realiza en el «lado bueno». ¿Es más lo segundo que lo primero lo que lo mueve en redes sociales?

R.- Es fundamental eso y se vio mucho con grandes momentos de la justicia paralela como el metoo. Se detectaba muy bien quien había sufrido acoso y se identificaba pero otras personas se echaban flores en público por criticar ese tipo de acoso. Eso se llama castigo ritual en antropología.

Y es que el tabú es muy contagioso, no solo tienes que no ser quien lo comente sino también no acercarte demasiado.

P.- El tabú, por eso empieza este ensayo. ¿Qué es un tabú?

R.- El libro lo empecé a escribir porque no sabía qué significaba y usaba la palabra todo el rato. Me enterré en libros de antropología, viviendo debajo de una techumbre de publicaciones. Y fue un proceso de aprendizaje.

Me di cuenta de que el tabú es una figura simbólica que hace referencia a asuntos en los que hay una cierta atracción y repulsión al mismo tiempo. Está en lo fronterizo, simbólicamente hablando.

Empecé a preguntar y todo el mundo me decía cosas que sentían que les oprimían. «Ya no puedo hacer chistes sobre mariquitas, ya no se puede decir guapa a nadie…» Nadie hablaba del incesto, de la muerte, de los tabúes más compartidos y ahí fue cuando decidí que esto era un libro.

El tabú, bien entendido, nos da avisos de lo que está pasando en la sociedad. Nos distingue, alude a un concepto ambiguo, es una defensa fronteriza y nos habla de algo para lo que hay una inclinación secreta.

P.- ¿Hay una inclinación secreta hacia el incesto?

R.- Freud lo cree y yo creo mucho en Freud. Me pueden dar más hostias por defender el psicoanálisis que por defender a Trump. Te habla de ese deseo, esa inclinación inconsciente. No te dice que la gente se quiera follar a su madre pero queda un deseo inconsciente de cuanto has sido un bebé.

Todo el mundo tiene una secreta inclinación a ser acosado y acosador

Pero hay otros muchos tabúes sexuales, que son una ultracorrección de las costumbres, del galanteo, del ligoteo. Todo el mundo tiene una secreta inclinación a ser acosado y acosador. Aunque es repulsivo hay algo en nuestro ego que dice: «bueno». El jefe y la empleada, por ejemplo. Se ve en la diferencia de poder. Hay una inclinación de la empleada por ser seducida por un tipo con poder.

Y el tabú estalla cuando se percibe una situación de peligro y necesitamos que la sociedad nos ponga una mampara. Convertimos en abominable una cuestión que es ambigua. Por eso en el porno se inclinan hacia asuntos tabú, esa guarrada, esa violencia, nos gusta verlo pero si lo viésemos en la calle nos parecería asqueroso.

P.- ¿Entonces generamos el tabú por el miedo a desear lo que no debemos?

R.- Nadie tiene tanto deseo de comer carne e hincharse de hamburguesas que un vegano. Necesitan atacarte porque de lo contrario vence la inclinación. Ahí se ve muy bien como una tribu se distingue y tiene que atacar al que come carne para mantenerse viva y unida.

P. Pero los tabúes también protegen al débil.

R.- Sí, pero no directamente. Mira, a las embarazadas de la etnia Lele las alejaban de los demás. La sociedad se alejaba del feto porque era desconocido, les daba miedo. Imagínate, era un inmigrante, un trans, no sabes que intenciones tiene… Algunos antropólogos te dirán que están protegiendo al débil pero lo hacen para protegerse ellos, pero de carambola la protegen a ella, que no trabaje, que esté tranquila, que se cuide.

P.- También dices que el mayor de todos es el de la muerte. ¿Aún más durante una pandemia con cientos de muertos al día?

R.- Cómo podríamos extrañarnos de esto cuando no se hacen velatorios en las casas, que era muy importante. Pero, claro, eso huele. Es la clave, en los tanatorios no huele, parece que está en una terminal de aeropuerto, que al ataúd lo van a disparar al espacio.

Es muy bonito ver como mecanismos que parecen de tribus en taparrabos se replican en una sociedad tan civilizada como esta

Cuando el diario El Mundo sacó aquella portada que no era para nada macabra, hubo una reacción de horror sacro. Es muy bonito ver como mecanismos que parecen de tribus en taparrabos se replican en una sociedad tan civilizada como esta, tan sofisticada. Se lió con esta foto en redes sociales, no se podía mostrar la muerte mientras mueren decenas de miles de personas. Pero es que ir al cementerio es cosa de viejas. Es todo tan cursi y tan cobarde…

Antes hablábamos de los animalistas y mira, por esto el toreo es tan interesante. Es un viva la muerte pero en un animal y ahora que los animales se parecen más a nosotros se ha generado una tensión, parece como matar a tu hijo tonto.

P.- ¿Eres taurino?

R.- Había leído mucho sobre toros, me llamaba mucho la atención y quería ir a una corrida. Había visto en la tele alguna pero, claro, en la tele no te pone el ruido del bicho y cuando fui y lo vi se me saltaban las lágrimas. No podía. Pero el ambiente, la gente tirando piropazos, sin esa corrección política… Me encantó. Pero me quedo con los toros en la literatura.

P.- Los toros han pasado, para muchos, de ser una fiesta popular a la reunión de la ultraderecha. ¿Está relacionado, por esto que dices, con esa falta de corrección política?

R.- Lo de los toros y la izquierda no tiene sentido histórico. Pero esto y otras tantas cosas, está todo muy ritualizado. Me molesta mucho que la libertad de expresión se haya convertido en una bandera de la derecha ante la pasividad de la izquierda, la izquierda la ha regalado. Te salen con Pablo Hásel pero es una defensa estúpida porque hacen linchamientos contra otra gente solo porque no les gusta lo que dicen.

La libertad se ha convertido en una palabra de derechas. Echo de menos a la izquierda liberal, no en el sentido económico sino más anarquista. La de ahora se ha entregado a la capilla. Si alguien de izquierdas dice que le gusta los toros pues ya está fuera, ya no es de izquierdas.

El cuerpo te pedía decirle: «Pero si no tiene poder sobre ti, no es tu jefe, e iba en silla de ruedas»

Mira, cuando Pablo Soto, de Más Madrid, fue acusado de acoso sexual, salió todo el mundo a hablar de esto y se vieron las fotos de Soto, que era como Echenique. Y ya te querías enterar como podía haber acosado a una mujer. Resulta que le había hecho unos comentarios en un bar muy subidos de tono y le había pedido si le acompañaba al baño. Era ridículo. El cuerpo te pedía decirle: «Pero si no tiene poder sobre ti, no es tu jefe e iba en silla de ruedas». En ese momento no se podía decir siendo de izquierdas: «Oye que esa chica puede que sea tonta». Y mucha gente lo pensaba.

Pero es como ir a misa. La gente va a misa no porque crean todos en Dios sino porque hay que ir. O como la revolución calvinista, había que seguir el ritual para estar a salvo. O en la URRS, lo importante era la apariencia. Aquí todos tienen que decir lo mismo aunque piensen lo contrario.

P.- Es decir, ¿lo importante es no decir nada fuera de la corriente dominante para que no te «linchen»? ¿Por eso a ti te critican tanto en Twitter?

R.- Pienso y escribo artículos y me acusan de estar dando armas a la ultraderecha. Yo no quiero hacer eso. Yo sé que hay problemas que son específicos de la musulmanes, lo que ocurrió con la revista satírica Charlie Hebdo, por ejemplo. No puedo negar que eso ocurre. Ni que el machismo está en todos los sitios pero más entre los musulmanes. Digo eso y me acusan de apoyar el discurso de Vox. También me pasa al revés, hablo de desigualdad y se me lanzan los liberales económicos.

No creo que haya una relación entre decir todes y que los niños trans estén más contentos

Estamos en una sociedad muy paranoica en la que a través del tabú ciertas ideas se convierten en innombrables. Estoy en contra de la censura y la corrección política, y no creo que esto afecte mejor a la sociedad. No creo que haya una relación entre decir todes y que los niños trans estén más contentos. Y además no creo que puedan hablar así, nadie entra en un bar y dice: «Hola todas, todos y todes».

P.- ¿Vamos hacia atrás diciéndole a la gente cómo debe pensar, cómo debe hablar? ¿Nos estamos idiotizando?

R.- Si nos ponemos a pensar no hay nada que amenace más a las ideas que los que quieren reconstruir al ser humano desde 0, se ve mucho en la educación. La gente dice «todo pasa por la educación». No. Mira el experimento gigante de 80 años de educación totalmente adoctrinadora de la Unión Soviética, al día siguiente de que cayo el Muro de Berlin eran los más liberales del planeta.

Otro más. Franco intentó cargarse las lenguas autonómicas y provocó lo contrario. Si los sistemas totalitarios no consiguieron arrancan al ser humano lo que ellos entendían por vicios que coño vas a conseguir en una democracia.

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