Kurt Cobain y Courtney Love. Cynthia S.B.

Cultura

Cuando la toxicidad inundó al amor rocanrolero

Marianne Faithfull y Mick Jagger, Sid Vicious y Nancy Spungen o Courtney Love y Kurt Cobain son ejemplos del amor tóxico que nació entre acordes

El aura de autodestrucción como telonero principal del concierto, el afán por las drogas y el sexo salvaje como complemento. El rock & roll cultivó un currículo social repleto de almas que nunca tuvieron el futuro presente. Que bebían, fumaban y se drogaban por encima de sus posibilidades para sentir la adrenalina de la vida más macarra. Era precisamente ese desprecio a la vida lo que les llevó a la destrucción completa, como un kamikaze volándose los sesos.

Las consecuencias de una rutina sin frenos han convertido a Mick Jagger, Sid Vicious, Jim Morrison o Kurt Cobain en leyendas, pero en paupérrimos ejemplos de vidas fastuosas. Sobre todo, en el terreno sentimental, donde la violencia física, verbal y sexual se convirtió en su versión particular de un ramillete de rosas.

Entre estupefacientes, libertad y celos, la música se convirtió en escaparate de grandes historias tóxicas entre cantantes y groupies. Spoiler: ni comieron perdices, ni fueron felices. En numerosas ocasiones, ellas fueron culpadas por la desdicha de ellos y tuvieron que cavar su propio refugio para salir de la espiral que sus relaciones habían conformado.

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    Marianne Faithfull y Mick Jagger

    De labios prominentes y melena envidiable, Mick Jagger era un don juan con pantalones skinny enfundados en cuero. Todas querían acompañarle en sus aventuras, por cortas que fueran.

    El líder por antonomasia de los Rolling Stones cuenta con un fúnebre currículo amoroso, siendo uno de los episodios más trágicos el suicidio de L’Wren Scott, la que había sido su novia desde 2001 hasta 2014, año en el que la diseñadora fue encontrada muerta en su apartamento de Nueva York. Los Rolling estaban de gira en Australia y la autopsia confirmó el suicido de Scott. Los rumores apuntaron a crisis amorosa y a la quiebra de su marca de moda como posibles incitadores, pero nunca se sabe a ciencia cierta qué pasa por la mente de alguien para acabar con su vida.

    Una que recientemente ha afirmado que podría haber terminado como L’Wren Scott ha sido Marianne Faithfull, musa por antonomasia del rock & roll que decidió enamorarse de la expresión más auténtica de dicho a finales de los años sesenta (1966-1970). Aunque sólo estuvieron juntos cuatro años, la mella que Jagger dejó en ella la perseguiría hasta la contemporaneidad.

    Faithfull y Jagger eran la pareja más cool de las avenidas londinenses: con sus gafas redondas, sus abrigos de animal recién masacrado y su aire de superioridad moral por todos aceptado. Como la historia se ha empeñado en repetir, ambos compartieron sexo, compañía y drogas. Faithfull, que tenía 19 años cuando conoció a Jagger, entró en una espiral de fiestas, consumo y locura de la que tuvo que salir a pata… y sola.

    Uno de los episodios más críticos fue cuando Marianne le fue infiel a Jagger con su compañero musical, Keith Richards, una noche de sexo que Faithfull recuerda como «la mejor» de su vida. La relación se resquebrajó después de que ella tuviera un aborto natural con su hijo. En 1969, intentó acabar con su propia vida con una sobredosis con sedantes.

    «No soy ex de nada, ni de nadie. Soy Marianne Faithfull», espetó la música en sus memorias, Before the poison, publicadas en 1994 y en las que afirmaba que no se arrepentía de nada de lo vivido en su vida, a pesar de que sus experiencias casi le cuestan dicha.

    Habiendo superado el coronavirus en 2020, Faithfull consiguió salir de la elipsis rocanrolera, demostrando que su figura fue más allá de un simple romance con el líder de una de las bandas más notorias del género.

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    Courtney Love y Kurt Cobain

    Del glamour al desdén grunge, nunca habrá pareja más tóxica y autodestructiva que la que conformaron Courtney Love y Kurt Cobain. El líder de Nirvana se voló la cabeza el 5 de abril de 1994, dejando a una marabunta de groupies hambrientos de odio como altavoz que culpabilizó a Love de su suicidio.

    Como artista atormentado, incomprendido y oscuro, Cobain creó en Nirvana una respuesta a su etiqueta de disfuncional. Intentar crear una historia de hadas cuando todo tu universo interior pende de un hilo provocó que se enamorara perdidamente de Courtney Love, igual de caótica y drogadicta que él.

    Con un temperamento de estruendo y una adicción fatídica a la heroína, su matrimonio estaba condenado al fracaso. Se conocieron en 1990 en Portland, pero Cobain estaba entonces comprometido con Tracy Marander, por lo que la atracción entre ambos no se consumó hasta año y medio después. De su amor de locura nació Francis Bean Cobain, un legado que nació con síndrome de abstinencia. El machismo empedernido consideró a Love responsable del agónico y paranoico suicidio de Cobain.

    Tras su muerte, Love reveló a Vanity Fair que «le volvería a matar por lo que nos hizo», haciendo referencia a los tres intentos previos de suicidio que no llegaron a consumarse. «Entró en coma al menos en cinco ocasiones. Yo era el puñetero servicio de emergencias. Siempre estaba provista de medicamentos para reanimarle cuando se pasaba con las drogas», afirmó.

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    Nancy Spungen y Sid Vicious

    Él, bajista de los Sex Pistols; ella, fanática del punk como estilo de vida. Sid Vicious y Nancy Spungen protagonizaron un romance canónico entre almas gemelas. Johny Rotten, vocalista de los Pistols, presentó a ambos en 1977, algo de que lo que más tarde se arrepentiría.

    Enganchados a la heroína, la morfina y las drogas duras, su historia fue la de dos individuos que encontraron en el ajeno su reflejo más puro, la comprensión más absoluta del otro. La historia da un vuelco cuando ella aparece muerta en el baño de la habitación número 100 del hotel Chelsea en Nueva York con una herida en su abdomen. Nancy se había convertido en la mánager de Sid después de su salida de los Pistols, y con ambos viviendo en el apartamento hotelero neoyorquino, su consumo de estupefacientes dio lugar a innumerables escenas de violencia doméstica, episodios bipolares y caos.

    Era octubre de 1978 y Sid se convirtió en principal sospechoso del caso, siendo acusado de asesinato. Finalmente fue absuelto y murió de una sobredosis cuatro meses después a los 21 años de edad. La historia nunca ha esclarecido qué ocurrió verdaderamente con Nancy: ¿fue un suicidio pactado, como apuntaban algunas investigaciones, o se trató de un asesinato?

    Spungen murió con 20 años y dejó atrás una tumultuosa vida de caos que comenzó con una familia que no puso pegas a la hora de dejarla viajar a Londres en compañía de músicos. Fue la musa de Courtney Love y considerada como «la verdadera chica punk» por Cobain. Era la declaración más pura de una vida de desenfreno. Su historia de «amor» se retrata en el filme de Alex Cox Sid y Nancy (1986).

     

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    Kate Moss y Pete Doherty

    Una versión contemporánea de la toxicidad aparece entre la modelo Kate Moss y Pete Doherty, la voz cantante de grupos indie como The Libertines o Babyshambles.

    Se conocieron en el 31 cumpleaños de la modelo, en enero de 2005. Se dice que el flechazo fue instantáneo, convirtiéndoles en la pareja más cool del momento. Iban a Glastonbuty juntos, se grababan con su cámara super 8, se abrazaban en la calle y recibían llamadas de Roberto Cavalli para que fueran imagen de su campaña.

    «Ambos son icónicos. Espíritus libres dotados de fuerte personalidad. Tienen estilo, son totalmente contemporáneos y constituyen una pareja muy intensa», explicaba el diseñador como respuesta a porqué el binomio Moss-Doherty resaltaba por encima del resto.

    Meses después, Moss fue pillada consumiendo cocaína en un ensayo de Babyshambles, la banda de Doherty. El escándalo Cocaine Kate fue portada de tabloides británicos como el Daily Mirror o The Sun, y la mala imagen generada a raíz de las instantáneas filtradas le costaron a la modelo una caída estrepitosa en su reputación: gigantes como Burberry o H&M decidieron prescindir de sus servicios.

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    Tras pasar por varios centros de rehabilitación para tratar su adicción, además de numerosas idas y venidas entre la pareja, Moss y Doherty pusieron fin a su relación en julio de 2007. Se dice, además, que el detonante fue que él fue pillado ligando con una modelo sudafricana. Previo al escándalo público por su consumo de drogas, ambos conformaron la pareja que hacía del rock y la adrenalina su estilo de vida. Eran los más fotografiados, envidiados y copiados. Ella vivía el sueño de ser la novia de un cantante, él de ir acompañado de uno de los nombres más prominentes de la industria escultural.

    Aunque no es una historia tan trágica como las anteriores, en parte por tratarse de una sociedad que poco a poco dejaba de ver a las sustancias estupefacientes como frenesí deseable, de nuevo fueron las drogas, las escenas caóticas y la violencia las que propiciaron un capítulo amoroso para olvidar en el historial del papel cuché.

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    John Lennon y Yoko Ono

    Si Courtney Love fue culpabilizada por la muerte de Kurt Cobain de la manera más misógina posible, Yoko Ono es la mujer que acuñó la etiqueta de «responsable» de la separación de The Beatles.

    Su relación con Lennon sigue, a fecha de hoy, siendo un halo de la definición de amor libre, aunque con dicha acepción se incorporan otros elementos como los celos, las infidelidades y la presión social.

    Ambos se conocieron en 1966 estando comprometidos, él casado con Cynthia Powell, y sobrepasaron los obstáculos para hacer de su amor una realidad. Yoko Ono trasladó a Lennon su espíritu de lucha pacífica, su interés por las causas sociales y se ganó la etiqueta de «bruja» que rompió a los Beatles. Esta vez, la toxicidad de su relación no vino de las drogas, que claramente consumieron, sino de la admiración empedernida de los groupies de la banda de Liverpool.

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    Amy Winehouse y Blake Fielder-Civil

    Amor turbulento, de ese que atrapa y del que uno no puede salir vivo. Se enamoraron al instante y con la rapidez con la que un relámpago dibuja su trayectoria en el cielo, pero como con todo lo tóxico, salir de sus garras resulta demasiado complicado.

    Amy Winehouse conoció a Blake Fielder-Civil en 2005. Él trabajaba en una productora y ella contaba con cierta notoriedad en el panorama musical tras el lanzamiento de su álbum Frank. Él tenía novia, pero eso poco importa cuando se trata de un flechazo. En el oscarizado documental de Amy (2015, Asif Kapadia), Blake constata en todo momento que ambos eran muy similares. Compartían ese aura autodestructiva que les hacía conectar al unísono.

    La problemática surgió cuando Blake decidió continuar con su pareja, momento en el que Amy estaba perdidamente enamorada de él. Blake era un mujeriego, habitual de las fiestas y de la consumición desmesurada. Era cuestión de tiempo que ella mutara hacia un símil de su amado. «Cuando rompimos, me volví completamente loca, era una imprudente. Enloquecí. Todo me recordaba a él. Buscaba algo en la nevera y lo veía. Subía las escaleras, veía sangre en las paredes y pensaba en él, pero era (sangre) de mis puños», contó ella tras la primera separación.

    Sumida en una depresión por su ruptura, Amy volvió a centrarse en la música y creó Back to black (2006), el álbum con el que consiguió notoriedad mundial. Su éxito provocó la reconciliación con Blake, con quien se casaría en Miami en 2007. Ya unidos en santo matrimonio, Amy comenzó a consumir crack, heroína y sucedáneos. El consumo fue a más, su carrera musical caía en ciernes y Blake fue arrestado y llevado a la cárcel por asestarle un golpe a un camarero en un pub

    Sin Blake, Amy no era nada, y su cuerpo, su adicción, su bulimia y el acoso de la prensa comenzaban a mermarla. Sus fans pedían más a la cantante, incapaz de continuar con su carrera musical a pesar de las numerosas etapas de desintoxicación a las que se sometió. El 23 de julio de 2011, a los 27 años, falleció en su casa de Camden Town a causa de una intoxicación aguda por alcohol.

    Desde entonces, Blake ha generado mucha controversia al declarar que él no fue «culpable» de la muerte de Amy, considerando que ambos eran dos personas muy dañadas y nocivas. «No creo que la haya arruinado, no. Creo que nos encontramos el uno al otro y ciertas personas deben darse cuenta de que ella tenía otras adicciones antes de conocerme», dijo al Times. «No era una joven feliz (…) y me parece una falta de respeto insinuar que yo era un maquiavélico titiritero».

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