“Nunca sabes en lo que una foto se puede convertir, porque la gente cambia”, explica Lawrence Schiller a El Independiente. Schiller estaba destinado a fotografiar algunas de las mujeres más icónicas del siglo XX. “Empecé a hacer fotos en el instituto y, como comprenderás, hacía fotos de jugadores de fútbol y animadoras. Había una que se llamaba Raquel Tejada, era como dos años mayor que yo. Después de graduarme me enteré de que se había cambiado el nombre por el de Raquel Welch. Así fotografié a Raquel Welch antes de que fuera Raquel Welch”, cuenta.

Pero la mujer más icónica entre las icónicas y con la que su nombre ha quedado vinculado para siempre es Marilyn Monroe. Schiller ha recogido toda su historia en el volumen Marilyn & Me (Taschen). “En la universidad vi una portada de Time con Marilyn Monroe y me dije quizá algún día sea suficientemente bueno para fotografiarla”. Ese día llegó al poco de empezar a trabajar para las publicaciones más importantes del momento, como Paris Match, Sunday Times o Life

Look era una de las revistas para las que intentaba trabajar y un día le llamaron para fotografiar a un actor francés. Era Yves Montand, un actor en alza al que se consideraba el nuevo Maurice Chevalier, estrella francesa del cine musical de los años 20 y 30 del siglo pasado. “Me presenté en los estudios de 20th Century, la coprotagonista estaba haciendo un número musical. ¿Quién es?, pregunté. Marilyn Monroe”.

Su sueño se estaba haciendo realidad en ese momento. «Mira Marilyn, este es Lawrence Schiller de Look Magazine«. “Ella se giró, pero no por mí, sino por la revista”, recuerda. “En los 40, 50 y 60 las revistas eran la forma en que los famosos se promocionaban. La circulación de las revistas entonces era de tres o cuatro millones, ahora es todo televisión e Instagram. Se presentó y yo no sabía qué decir y solté “Soy el lobo feroz”. Ella me miró y me dijo: no pareces tan feroz, pero cuando crezcas seguro que lo serás”.

Marilyn en el camerino foto de Lawrence Schiller.
Marilyn Monroe en el camerino. Lawrence Schiller.

La actriz empezó a arreglarse en el camerino y él a fotografiarla a su espalda. “Marilyn me miró y me dijo: no vas a conseguir una buena foto desde ahí, vete a la esquina, desde ahí vas a tener una buena foto”. El joven Schiller obedeció, Monroe se echó sobre su espalda y se giró hacia donde él estaba sentado. “De un solo clic con mi Nikon conseguí la foto perfecta, probablemente la mejor foto que hice de Marilyn”.

Schiller se dio cuenta, en ese momento, de que Marilyn Monroe sabía más de fotografía e iluminación que él “y probablemente más que el 99% de los fotógrafos del mundo, porque ella había crecido en la cámara. Andre De Dienes, el famoso fotógrafo húngaro que la fotografió mucho más joven, la solía fotografiar con un espejo junto a su cámara, así ella sabía cómo se veía en cada momento”, asegura el fotoperiodista. “Tras pasar cerca de 15 años siendo fotografiada por Dienes, Marilyn sabía que la luz era todo, sabía cómo quedar bien en cámara”. 

«Tengo que demostrarle al mundo que puedo estar en las portada de todas las revistas del mundo», le dijo Monroe a Schiller

Foto: Lawrence Schiller.

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    Lawrence Schiller

    La sesión más conocida

    Si Marilyn había demostrado a Lawrence Schiller que controlaba la fotografía, en la siguiente sesión que tuvo con ella le demostró que manejaba muy bien los medios de comunicación y los negocios. Fue durante una sesión especial, durante la última película que rodó Marilyn cuando Lawrence Schiller se vinculó para siempre con la actriz al inmortalizarla desnuda en unas fotos que dieron la vuelta al mundo sorprendiendo y escandalizando a partes iguales.

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    Lawrence Schiller con Marilyn Monroe

    “En 1962 Marilyn estaba haciendo una película con Dean Martin y Wally Cox para la 20th Century, Something’s Got to Give (Alguien tiene que ceder), iba a ser una película muy interesante, y Paris Match me mandó a fotografiarla. Yo ya conocía a Marilyn, así que pedí el guión para ver las mejores escenas que fotografiar. Vete a ver Marilyn a su casa y lo tratas con ella”, relata.

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    Lawrence Schiller.

    Schiller hizo una composición de qué quería fotografiar. Pero sus ideas no eran las de Marilyn, ella tenía un plan. “Hablamos un rato y yo le dije de una escena pero ella me dijo que no: hay una escena en la que yo llevo un bañador color piel y estoy en el agua y Dean Martín me ve desde lejos. ¿Cómo ves que yo entre con bañador pero luego salga sin nada?”, cuenta el fotógrafo. “Y le conteste: Marilyn tienes un problema. ¿Qué problema?, me dijo. Tú ya eres muy famosa y me quieres hacer famoso a mí”.

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    Lawrence Schiller.

    Entonces Marilyn le desveló las razones por las que quería que tomara esas fotos. “Sabía que yo era un hombre de negocios, que podía confiar en mí y que podía tener conmigo la siguiente conversación: Liz Taylor está haciendo una película para mi mismo estudio con Richard Burton y se lleva un millón de dólares y el 10% de la taquilla y está en las portadas de todo el mundo. Yo me llevo 120.000 dólares del mismo estudio, así que tengo que demostrarle al mundo que puedo estar en las portada de todas las revistas del mundo”, dijo Marilyn según el relato del fotógrafo.

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    Quería demostrar al estudio que valía tanto como Liz Taylor. Puso dos condiciones para cuando Schiller vendiera las fotos a las revistas Liz Taylor no podía aparecer en ninguna página de la revista y que no tendrían las fotos sino estaba en la portada de la revista. Las revistas cumplieron, Marilyn fue portada en todas las que pagaron por las fotos e hizo desaparecer de todas ellas a Liz Taylor.

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    Lawrence Schiller.

    La actriz vivía los momentos más bajos de su carrera. El escándalo de la publicación de las fotos le costó que el estudio la despidiera, aunque fue readmitida tras la mediación de Dean Martin. Pero la actriz no levantaría cabeza, la película quedó inconclusa y Marilyn se suicidaría meses después.

«Sólo tienes una milésima de segundo y tienes que concentrar tu mirada, ya puede ser Marilyn Monroe o Lee Harvey Oswald»

Foto: Lawrence Shiller.

¡Han disparado a Kennedy!

La carrera de Lawrence Schiller no se limitó a esta sesión mítica de fotos. El fotógrafo posee un valioso archivo gráfico con destacadas figuras del mundo del cine y de la política de los años 60. En particular, Barbara Streisand es otra de las divas que más ha fotografiado en su vida, pero en su archivo se pueden ver fotos de Clint Eastwood, Tippi Hedren, Alfred Hitchcock o Sophia Loren. Todas sus imágenes irán a la Universidad de Texas en forma de legado. 

Entre los capítulos políticos que le tocó vivir destaca el asesinto del presidente Kennedy. La noticia le pilló en casa en Los Ángeles. “¡Han disparado a Kennedy!”, le dijo su mujer. Y sin casi mediar palabra se fue al aeropuerto y se plantó en Dallas en un vuelo plagado de periodistas porque Los Ángeles era la ciudad con mejor conexión. Cuando aterrizaron se enteraron de que el presidente había muerto y que había un detenido. Todos fueron a la comisaría de policía donde estaba Lee Harvey Oswald. 

Retrato de Lawrence Schiller
Lawrence Schiller Lawrence Schiller

“Sólo tienes una milésima de segundo y tienes que concentrar tu mirada, ya puede ser Marilyn Monroe o Lee Harvey Oswald. No es una cuestión de tirar cientos de fotos, es cuestión de dar con el instante decisivo del que hablaba Henri Cartier Bresson. A veces no das con ese instante, otras veces das con él”, explica el fotógrafo. 

Ese momento es lo único que no ha cambiado en la fotografía. “Cuando era fotógrafo, habría 100 fotógrafos que fueran capaces de contar una historia en el mundo. Ahora hay 400 millones de fotógrafos que pueden contar una historia con su iPhone. Sólo hay una diferencia, los fotógrafos del pasado entendían de composición y de iluminación, con un iPhone no piensan en eso, sólo en el momento”, concluye. 

Qué va a pasar con los millones de fotos que se hacen a diario en todo el mundo, dónde van a conservarse, quién decidirá sobre ellas».

LaWrence Schiller

Pero en esa explosión técnica de fotografía lo que se ha perdido es al autor. “Lo triste es que en los 50 y 60 cuando hacías una foto estaba tu nombre en la firma, así que si publicabas suficiente la gente conocía tu trabajo. Ahora se toman miles de millones de imágenes y vídeos y la personalidad del fotógrafo ha desaparecido para el gran público. El futuro de la fotografía es el vídeo”, afirma.

Aunque la gran pregunta que se hace Schiller es «qué va a pasar con los millones de fotos que se hacen a diario en todo el mundo, dónde van a conservarse, quién decidirá sobre ellas”.

Las suyas ya tienen refugio en la Universidad de Texas.