Cultura

José Manuel Zapata, tenor: "La voz es el verdadero espejo del alma"

José Manuel Zapata

Jarreaba en Madrid por el paso de la gota fría del uno de septiembre. Encontré refugio en el precioso local en el que había quedado con mi entrevistado, una de las mejores voces de España.

Pregunta.- ¿Te acuerdas de cómo nos conocimos?

Respuesta.- Te sentaste entre Lucas y Alsina en Onda Cero el día que empezaste el programa. Se te ocurrió decir que habías dado más abrazos que en una boda, y a mí se me ocurrió levantarme y darte uno, sin conocerte.

P.- ¡Qué tiempos aquellos, los de los abrazos indiscriminados a personas que no conocías!

R.- Volverán. Pero de momento, vivo en una zona limítrofe entre dos comunidades y llevo un año loco. Al final ya no sabes a qué hora irte a casa o por dónde circular.

José Manuel Zapata es un tenor granadino con un excelente y contagioso sentido del humor. Ahora, además de cantante lírico en lo que le apetece, es conferenciante de éxito.

P.- ¿Qué cantas y cuentas en tus charlas motivadoras?

R.- Bueno, tengo delante gente inteligente, así que no cuento nada que no sepan. Pero a veces es bueno que alguien te lo recuerde desde otra perspectiva. Por ejemplo, pocos se dan cuenta de que la ópera es una inmensa labor de equipo. Hay una complicidad necesaria entre todos, somos más de 50 personas, y nos la jugamos cada día. Cuando subes al escenario estás presentando en grupo, y de forma sincronizada, un producto sobre la marcha, con cientos o miles de clientes delante. Y no puedes equivocarte.

La ópera es una inmensa labor de equipo. Hay una complicidad necesaria entre todos y nos la jugamos cada día»

P.- ¿Y das el ‘do de pecho’?

R.- ¡Cuántas veces se habla de eso sin saber de qué va! Se trata de lo que ahora llamamos una “innovación disruptiva”. Gilbert Duprez fue el primer cantante lírico que hizo el do5 sin hacer falsete, que es lo que todos hacían con las notas altas. Él se atrevió a hacerlo “de pecho”, en un teatro de ópera, y a partir de ahí se recuerda aquello como una gesta. Fue un logro sonado, de ahí el uso de la expresión “dar el do de pecho”.

P.- Nadie se olvidaría de aquello. ¿Cuál fue tu actuación más memorable?

R.- Me encanta actuar en el Liceo, pero voy a ser honesto, no olvidaré mi primera noche en el Metropolitan, en 2007, con El Barbero de Sevilla. Lo quise dar todo tanto, que el director de la obra me pidió que no fuera tan expresivo.

P.- El Liceo, Metropolitan… Imagino que tu vida es ir de un lugar a otro del mundo.

R.- Ya no. Acabé harto de no tener un hogar y de dar vueltas a la Tierra. Vi que podía ganarme la vida sin viajar tanto si añadía una capa de mensaje a lo que hago. From Bach to Radiohead, por ejemplo, es un recorrido por grandes canciones de la Historia, viendo que tienen mucho en común.

Acabé harto de no tener un hogar y de dar vueltas a la Tierra. Vi que podía ganarme la vida sin viajar tanto»

P.- No te atreverás a llegar al reguetón…

R.- Yo siempre digo que si viene una civilización extraterrestre y da con alguna de las piezas musicales que se hacen ahora, tipo Maluma, nos desintegra, por si acaso. Pero mira, Bach lleva más de 300 años sonando, y sonará mínimo otros 300 más.

P.- Buen ejemplo.

R.- ¿Bach? Es el mejor. Yo he creado la ‘escala Bach para medir la música’. Me pongo a comparar y si hace daño hacerlo, es que no vale.

P.- ¿Y cuándo te diste cuenta de que eras bueno para cantar?

R.- No fue cosa mía. Lo hizo mi abuela por mí cuando me puso a cantar con 3 años para los vecinos canciones de Gardel. Muy apropiado para mi edad. Luego me conocían por toda Granada porque era “el que iba con una Vespa y con el casco integral cantando” Me puse a estudiar canto y reconozco que el mundo de la lírica está lleno de egos. La presión era enorme y perdí la voz.

P.- ¿Tanto?

R.- Tú ya sabes que la voz es el verdadero espejo del alma. Transmite las verdaderas emociones. Conozco profesionales que han tenido que dejar el oficio por un trauma. Cualquiera, cuando se pone nervioso, se queda afónico. Cuando lloras, lo primero que ocurre es que se te corta la voz.

Conozco profesionales que han tenido que dejar el oficio por un trauma. Cualquiera que se pone nervioso se queda afónico»

P.- Pero cuidamos poco el órgano fonador…

R.- Muy poco. Pero es que incluso los profesionales no la cuidan lo suficiente, y hay muy pocos oficios que no necesiten la voz para trabajar. En nuestro cuerpo hay resonadores, que son nuestros altavoces de serie, y no nos damos cuenta de su importancia.

P.- Pues ahora al salir, abrígate.

R.- Bueno, ahora ya puedo hasta mojarme. Hubo una época en la que tenía que vigilar lo que comía, lo que bebía, la temperatura a la que estaba… Tanta presión te amarga la vida. Dejé todo eso, y ahora soy plenamente feliz.

P.- Me suena. A veces sacrificamos lo más importante para conseguir lo que suponemos que es el éxito, ¿verdad?

R.- Tengo un amigo, que es un genio del mundo de la empresa, que vive feliz en la Alpujarra. Con sus cultivos, su cabra, y sus labores del campo. El éxito es lo que te hace feliz.

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