Cultura

Si Miliki levantara la cabeza ¿Adiós al circo clásico?

Uno de los artistas del espectáculo ‘Clowns’, durante un pase gráfico en el Teatro Circo Price de Madrid. Europa Press

Jinetes, acróbatas y bailarines de cuerda dejaban de ser personas y se convertían en personajes de un mundo de ensueño. Carromatos de madera llegaban a la ciudad con esa alegría que alegraba siempre el corazón de Miliki y sin «temer jamás al frío o al calor». El circo vivía sus maravillosos años treinta y ambulaba por las ciudades para desplegar todo su esplendor. Y nada de lo que ocurría fuera de esas carpas era vanguardia de las artes escénicas y la cultura circense. Pero ahora sí. Porque el transcurrir de los años y los desarrollos técnicos han cambiado el circo para siempre; lo tradicional se ha convertido en contemporáneo y la carpa en un telón que temen los cerca de cuarenta circos «supervivientes» que recorren España en caravana para acercar su espectáculo a todas las ciudades: «La realidad es que existen dos formas de entender el circo y dos sensibilidades que conviven, se ayudan y complementan. El público cuando ve algo bien hecho y de calidad apuesta por el circo contemporáneo como lo sigue haciendo por el clásico, sin embargo el problema reside en las administraciones, en su visión y consideración de un tipo de circo u otro», explica Louisa Raluy, quinta generación y codirectora del centenario circo Raluy Legacy en palabras para El Independiente. «No es una batalla de antiguos contra modernos. Porque este es un arte en continua renovación, y los nuevos lenguajes los encontramos tanto en las carpas como en los teatros. Pero al Ministerio solo le interesan unos, que no somos nosotros, y parece estar empeñado en que desaparezcamos».  

Solo en la última década, el 25% de los circos de carpa ha desaparecido y, pese a que han aumentado las ayudas en un 9%, según datos de la Unión de Profesionales y Amigos de las Artes Circenses, solo han favorecido a una parte del sector: «Entre otras cosas, a los circos clásicos de carpa nos ha desaparecido la subvención que corresponde a las infraestructuras, que se eliminó por la crisis y luego no se ha recuperado. En grandes ciudades como Madrid o Alicante se llega a pagar de 8.000 a 13.000 euros por únicamente una semana de suelo. No dan las facilidades que a lo mejor en otros países de Europa ya tienen. Al final, no es comparable el gasto de dos o tres personas en un teatro a lo que supone actuar en una carpa de más de 30 metros de diámetro sobre ruedas y para 700 espectadores. En la época de mi abuelo el circo se montaba en el primer descampado libre que veía. Ahora se nos exigen trámites incalculables. A veces no desistimos por amor al arte, a lo que hacemos. Nosotros reclamamos ayuda en forma de políticas que de alguna manera favorezcan nuestras giras», explica.

Estamos desprotegidos, olvidados y viviendo un agravio comparativo muy grande con el circo contemporáneo»

asociación de circos reunidos

Entretanto, la situación se ha visto agraviada con la pandemia el coronavirus, que congeló casi de forma total a un sector que se encuentra ahora entre la espada y la pared por las limitaciones impuestas a las actuaciones. En este sentido, desde la asociación de Circos Reunidos, critican que solamente tres de los cuarenta circos que hay en España han conseguido encontrar pueblos donde les dejen llevar la «carpa de la ilusión» pese a haberse adaptado a las circunstancias actuales: «Se han adoptado todas las medidas de seguridad requeridas por sanidad y aun así hemos visto como, mientras se han abierto bares, centros comerciales, cines, teatros o parques de ocio con mucha afluencia , a nosotros, que cumplimos con todos los requisitos, no se nos da autorización para trabajar por miedo a los contagios. Se ha hablado de cultura sin nombrar a los circos y se ha prometido un paquete de ayudas económicas que no ha llegado, por lo menos a los circos de carpa. La falta de ayudas de las administraciones no viene de ahora, viene de hace mucho tiempo. Los circos clásicos de carpa estamos olvidados, desprotegidos y viviendo un agravio comparativo muy grande con el circo contemporáneo».

Desde la misma Asociación denuncian que el mayor conflicto administrativo está con los diferentes ayuntamientos que solicitan «una licencia de apertura del circo cada semana diferente según la ubicación, con tasas abusivas y negaciones no motivadas legalmente: «El circo no puede estar defendiéndose legalmente de cada ayuntamiento que ilegalmente nos prohíbe un derecho fundamental como es nuestro trabajo».

Premio Nacional de Circo, la polémica que colma el vaso

Al grito de consideración equitativa de un tipo de circo y otro se suma la reciente entrega del Premio Nacional de Circo 2021, que este año ha recibido el funambulista y malabarista Manolo Alcántara por su «capacidad de introducir en sus creaciones elementos procedentes de otras disciplinas escénicas y crear un lenguaje y una dramaturgia muy personales y poéticos que lo convierten en un artista único».

Sin embargo, el catalán no asistió a la entrega de premios en protesta por el trato discriminatorio que reciben los profesionales de la carpa frente a los que actúan sobre un escenario por parte del ministerio en sus políticas de apoyo, articuladas por el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem): «El INAEM no puede dar la espalda eternamente a los más de 2000 profesionales que llevan el Circo a todos los rincones de España, ni tampoco a los artistas que buscando nuevos retos profesionales, triunfan más allá de nuestras fronteras. Pero, sobre todo, no puede maquillar la realidad. Más de 1 millón de personas visitan anualmente algún espectáculo de Circo bajo sus carpas y eso sin duda debería verse reflejado en sus políticas», señala José Palacio Iglesias, director de la Unión de Profesionales y Amigos de las Artes Circenses (UPPAC) en favor de la decisión de Alcántara.

Según Circos Reunidos, circo clásico y contemporáneo «son totalmente diferentes, lo que hace uno no lo hace otro» y por tanto, en ese gran abanico de posibilidades de entenderlo y realizarlo, «se deben proteger a todas ella, vengan de quien vengan».

Pero además, la protesta también refiere a la mirada dogmática del jurado que otorga el galardón anual creado en 1990. De seis personas que componen el jurado, únicamente una forma parte del circo tradicional: «No existe desde hace años un equilibrio de fuerzas en la composición del jurado del Premio Nacional del Circo. Lo que hace casi imposible que, de estar hoy en activo, figuras de la talla de Pinito del Oro, Miss Mara, Rogelio Rivel o Pepe Tonetti, por citar algunos, pudieran ser galardonados con el mismo. No ponemos en duda el trabajo de los galardonados, ni es cuestión de defender a uno sí y otros no. No buscamos una guerra, sino una defensa de las dos partes de la balanza».

En esta ocasión, el jurado, presidido por la directora general del INAEM Amaya de Miguel, ha estado compuesto por los vocales Darío Dumont Swinkels, de la compañía La Nördika; Nèlida Falcó Faydella, directora del área de artes escénicas del Institut Català de les Empreses Culturales; la payasa, directora y pedagoga del clown, Merche Ochoa, Premio Nacional de Circo en 2014; y el artista, docente e investigador especializado en el mundo del circo, Miguel Ángel Tidor López. Además de Pilar Toboso Sánchez, en representación del Instituto Universitario de Estudios de la Mujer (IUEM) de la Universidad Autónoma de Madrid;y Marceline Kahn, miembro de Los Excéntricos, galardonados con el Premio Nacional de Circo 2020.

Circo sin animales ¿Justos por pecadores?

Por su parte, la sensibilidad social que se ha experimentado durante los últimos años alrededor del maltrato y exhibición animal, ha hecho que poco a poco los circos que los incluían en sus números tuvieran sus días contados. Actualmente en España, nueve comunidades autónomas y casi 200 municipios españoles se han declarado libres de circos con animales salvajes en su legislación municipal, el mismo número que no permite este tipo circo sin distinción de especie. La primera en hacerlo fue Cataluña en 2015, seguida de Baleares, La Rioja, Galicia, Murcia, la Comunidad Valenciana, Aragón, Extremadura y Asturias, según fuentes de la plataforma infoCircos.

Por su parte, la Comunidad de Madrid es la comunidad sin prohibición autonómica de circos con animales donde más municipios los prohíben tras haberse declarado el pasado 10 de noviembre, ciudad con circos itinerantes sin animales salvajes. Estos circos tendrán una prórroga de un año para reorientar sus negocios desde que se aprobara el pasado miércoles en el Pleno de Cibeles, la modificación de la ordenanza reguladora de la Tenencia y Protección de los Animales. Desde Circos Reunidos critican esta decisión y alertan de que «hay miles de personas que trabajan en circos, ferias o cabalgatas. Supongo que tendrán un plan alternativo para todos esos animales que no van a poder trabajar. No se puede prohibir algo si no tiene un plan para ello ¿o van a llevar a los elefantes de los circos al chalé de Galapagar?», critican.

Además, sostienen que se trata de una ley que «no se ajusta a la realidad del circo»: «Entendemos, porque es más que evidente, que la sociedad evoluciona, para bien, y hay una mayor empatía y conciencia sobre el respeto a los animales y la lucha contra el maltrato. Lo que no entendemos es porque se han prohibido los animales en el circo sin que nadie venga ver cómo están tratados o cuidados. Se prohíbe algo sin que se nos haya escuchado. Hay asociaciones animalistas que han presentado videos de circos maltratando al animal. Y eso está bien que se denuncie, estamos completamente de acuerdo, pero en base a un vídeo de un circo en concreto no se puede prohibir ni imponer una ley que nos afecte a todos. Esas imágenes son reproblables y dan grima, y son perfectamente condenables, pero eso no significa que todos seamos iguales».  

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