La confluencia entre el mito africano y la narración occidental, entre el teatro y el humor, características que hicieron que en 1986 Akinwande Oluwole Soyinka, más conocido como Wole Soyinka (Abeokuta, Nigeria, 1934) se convirtiera en el primer escritor africano en recibir un Premio Nobel de Literatura. Fue la Academia Sueca la encargada de otorgarle el reconocimiento por ser «una obra de amplio horizonte cultural y poéticos matices que aborda el drama de la existencia».

Dramaturgo, poeta, novelista y crítico, siempre fiel a la libertad y a la independencia. Con La danza de los bosques expuso los problemas de la nación joven al mismo tiempo que ofrecía una crítica de la edulcoración del pasado; con El hombre ha muerto (1972) describió de la manera más conmovedora su experiencia de 22 meses en una cárcel de Nigeria durante la guerra civil por sus críticas al Gobierno de su país natal; más tarde llegó La estación del caos (1973), considerada una de las obras más relevantes de la literatura africana por su argumento sobre la posibilidad de regeneración social. En su exilio publicó un conjunto de 4 piezas de teatro (Las metamorfosis del hermano Jero, The Bacchae of Euripides, Madmen and Specialists y La muerte y los caballeros del rey) y ahora, después de 50 años in publicar ficción, se ha lanzado a las Crónicas de un país de la gente más feliz de la Tierra, una sátira política sobre la corrupción ambientada en una Nigeria imaginaria donde denuncia los abusos de poder.

El poder no tolera la libertad»

Wole Soyinka

Soyinka ha visitado España para presentar su último libro y ahí es donde se ha acercado al poder, para evidenciarlo, para retrartarlo y denunciar con la herramienta que mejor sabe usar, la narrativa. Soyinka asegura que «el poder no tolera la libertad» y ese poder, pocas veces entiende lo que se le dice.

Wole Soyinka
Wole Soyinka CC

Además de autor y toda la lista de cargos que le suceden, también ha formado parte del profesorado de las universidades más prestigiosas de Inglaterra y Estados Unidos. En este último país fue donde Wole rompió la green card o tarjeta de residencia permanente en Estados Unidos, cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en el país norteamericano, una «catarsis», según él que llegó a definir como Wolexit. Para Soyinka, Trump es «un insulto para el ser humano. Es uno de los jefes de Estado más peligrosos de toda la historia», culpándole además de la mala gestión que hizo en la pandemia del Covid-19 y su incapacidad como mandatario. «Estados Unidos debe despertarse».

Trump «estaba encargado de millones de personas cuando llegó la covid-19 y, según admitió en una entrevista, había sabido de la amenaza y el peligro que representaba antes y no hizo nada» porque «no quería alarmar a nadie. Y encima quiere volver al poder, cuando es el responsable como mínimo de la mitad de las muertes que ha habido en Estados Unidos por esta causa. Es un asesino de masas», ha añadido.

Premio Nobel, un arma de doble filo

La entrega del último Nobel de Literatura al tanzano Adbulrazak Gurnah reconoce que le ha hecho muy feliz, pero no cree en el sistema de cuotas ni representaciones regionales «sería una actitud condescendiente». Y a su parecer, «los lectores occidentales están empezando a entender y a darse cuenta de la gran riqueza artística del continente africano, y no hablo solo de literatura».

El Premio Nobel te da algo de protección, pero los que ocupan el poder lo ven como una forma de que escapes de su control

Aunque para Soyinka la entrega del Premio Nobel de Literatura fue un arma de doble filo, ya que al obtener ese reconocimiento se despedía de un anonimato que además añadía «una carga inmensa» sobre sus hombros. «En el Tercer Mundo, el Nobel es un premio que te da algo de protección, pero los que ocupan el poder lo ven como una forma de que escapes de su control, por tener un reconocimiento externo, así que es un riesgo para tu existencia»

Wole recuerda lo que le sucedió a un escritor, amigo suyo, cuando fue ahorcado a manos de un dictador como forma de desafiar a la presión internacional, y que por eso él acabó fugándose de Nigeria «en la parte trasera de una moto», un año después de que el dictador llegara al poder: «Me daba cuenta de que mi suerte se iba acabando y que al dictador le hubiera encantado irse a la tumba con un currículum que dijera que había podido ahorcar a un Premio Nobel de Literatura».