Cultura

Las 'Bailarinas rusas' de Degas ahora son ucranianas

La decisión se ha tomado tras un debate que aseguraba que las protagonistas de esta pintura no procedían del país que gobierna Putin

'Bailarinas ucranianas' (1899), de Hilaire-Germain-Edgar Degas. THE NATIONAL GALLERY

Desde que Vladimir Putin lanzara el mensaje televisado donde anunciaba la «operación militar especial», la repercusión cultural de la guerra en Ucrania no desiste. Al menos 53 sitios culturales en ese país, entre ellos 29 templos, 16 construcciones históricas, cuatro museos y otros tantos monumentos, se han dañado, según anunció este viernes la Unesco que precisó que, «pese a que el balance no es exhaustivo», entre los lugares afectados por la invasión rusa figura el Museo Ivankiv de Kiev, la iglesia ortodoxa de Kamaianka, en Izium, o la de San Tijon en Zadonsky, en la región de Zaporiyia.

Y es que aunque la mayor parte de los daños se registraron en la región de Járkov, donde resultaron afectados 17 sitios, los daños también se han constado en las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, en el este del país, donde hay daños en la iglesia de San Nicolás de Myrlikiysky, la capilla de la mártir Tatiana o la iglesia de la Transfiguración; y en Mariúpol, ciudad sitiada por el ejército ruso donde se han evidenciado daños en el monumento Metropolitan Ignatium y la iglesia del Arcángel San Miguel.

Pero nada queda impune. La cultura ha condenado sin fisuras la invasión rusa, y personalidades que se habían mostrado afines a Putin como Gérard Depardieu, han virado en su apoyo al presidente ruso y desaprobado su empeño bélico, adhiriéndose así, a la petición de artistas ucranianos que reclaman sanciones culturales que pasan por la cancelación de colaboraciones y la participación de Rusia en grandes eventos como Art Basel o el Festival de Cannes: «No recibiremos a ninguna delegación oficial rusa ni aceptaremos la presencia de nadie vinculado al gobierno ruso», reza su comunicado. 

Similar argumento ha esgrimido Francia, que ha suspendido la celebración de cualquier nuevo acto cultural que esté vinculado con instituciones oficiales rusas o artistas rusos que estén en favor de la intervención rusa en Ucrania; el Festival de Eurovisión, organizado por la Unión Europea de Radiodifusión, que fue el primero en expulsar a la delegación rusa de la presente edición sosteniendo en un comunicado que su participación “desacreditaría la competición”; o la Academia de Cine Europeo (EFA) al excluir a las películas rusas de los premios de 2022 y los grandes estudios cinematográficos al pausar «por el momento» el estreno de nuevas películas en Rusia. Un movimiento que inició Disney y que ya han secundado Sony y Warner Bros.

La última en unirse este lunes a la cascada de vetos es la National Gallery de Londres, que ha optado, como forma de apoyo a Ucrania y en respuesta a un debate ya existente durante años, por renombrar un cuadro de 1895. Se trata de Bailarinas rusas, obra de Edgar Degas, que a partir de ahora y de momento, pasa a llamarse Bailarinas ucranianas: “El título de esta pintura ha sido un punto de discusión continuo durante muchos años, y está cubierto en la literatura académica”, explica a The Guardian un portavoz de la National Gallery, “sin embargo, ha habido un mayor enfoque en él durante el último mes debido a la situación actual, por lo que sentimos que era un momento apropiado para actualizar el nombre de la pintura”.

El dibujo al pastel y en papel de calco fue creado por el famoso pintor impresionista francés alrededor de 1899, y de acuerdo a los colores de las cintas con las que las bailarinas decoran su pelo, amarillo y azul, la galería de arte británica ha optado por la nacionalidad ucraniana de estas protagonistas: “Puede haber sido una de las tres obras que muestran ‘bailarinas con trajes rusos’ y que Degas mostró a un visitante de su estudio en 1899, aunque es casi seguro que estas bailarinas son ucranianas y no rusas”, apuntan. “Vestidas con trajes típicos y pisando fuerte en el suelo, son muy diferentes de las bailarinas clásicas que había dibujado y pintado durante casi cuatro décadas”.

La obra representa una de las grandes pasiones del pintor francés; la de representar a bailarinas ensayando en el estudio o en el gran escenario. Y esta, concretamente, está contextualizada en el momento en que varios grupos de danza visitaban París.

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