Cultura ENTREVISTA | MÁXIMO HUERTA

"La costumbre ha hecho que nos parezca normal hasta olvidarnos de nosotros mismos"

Sus páginas son la memoria del niño que un día vivió en él y con el que todavía le gusta reencontrarse. Y probablemente seguirá haciéndolo siempre, aguardando sus mayores secretos en una habitación como la de Virginia Woolf. Porque la pureza de un niño siempre es mayor. O eso dicen. Como la sorpresa y el encanto con todo y por todo, y como ese silencio que, a veces, es sinónimo de felicidad.

Y en torno a ella, los secretos, la memoria -tan fiel como engañosa-, y los niños, gira Adiós Pequeño (Planeta), la última novela de Máximo Huerta (Utiel, 1971). Un desgarrador testimonio de un escritor enfrentado a la más dura (y mejor) de sus narraciones: la de su propia vida. «Este libro es la historia de una familia que ha intentado ser feliz con el silencio, callando, que es algo que hacemos todos para protegernos. Es una novela verídica y profundamente sincera. Todas las familias guardan secretos, a veces buscados y otras no. Y ojo, es sanísimo tener una habitación privada, un lugar y un frasco donde ser nosotros mismos. Adiós, pequeño es la reconstrucción emocionante de una infancia en la que todos, abuelos, padres e hijos, han callado demasiado. No sabemos como fue la infancia de nuestros padres, ni ellos sabrán nunca cómo fue realmente nuestra adolescencia. Guardar secretos es fundamental. Este libro es una despedida, y al mismo tiempo un ‘hola’ a la inquietante madurez», explica el escritor y periodista en palabras para El Indendiente.

Así, a través de silencios, con un relato intimista y valiente, y pasando por la playa de Vinaròs, Francia o Utiel, el autor desnuda su intimidad y habla de lo feliz que hubiera sido su madre, Clara, si él no hubiera nacido, o de lo terco que era su padre, Máximo. «La novela está dividida en dos partes, Donde esté tu madre y El peso del padre. Tuve muy clara está división. Quería tratar a mis padres como lo que son, dos seres independientes, un hombre y una mujer con sus misterios y futuros perdidos. Quería tratarlos como seres individuales y no familiares», dice.

El ser humano está acostumbrado a maquillar su vida, a mentir»

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Pero la novela también habla del amor incondicional, la infancia como bálsamo o el paso del tiempo que siempre lleva a un lugar: la muerte. «Este es un libro que habla de todos nosotros y de nuestra forma de celebrar la vida, a veces un tanto desdibujada. Tenemos que acostumbrarnos a perder y a despedirnos. De trabajos, de amores, amigos, familiares o de casas. Este libro es una despedida fundamentalmente de la niñez, que muchas veces arrastra consigo la ilusión. Todos nos peleamos con el niño que fuimos porque nos arrepentimos de cosas que no hicimos. En mi caso también, pero la novela me permite hacerlo todo. Lector y escritor pueden vivir en la única máquina del tiempo que existe: los libros. En los libros podemos plasmar todos esos momentos que encapsulamos como botes de conserva y que recordamos siempre de una forma distinta a como han sucedido en realidad. Porque el ser humano está acostumbrado a maquillar su vida, a mentir. Todos somos escritores de nuestra propia vida, nos ficcionamos y nos contamos de otra manera. Cuando contamos una anécdota la maquillamos y mejoramos, y lo mismo pasa con la memoria. Aunque no queramos es sabia, todo lo barniza y colorea, y el mismo recuerdo que tenías de niño hoy es totalmente diferente».

El autor reconoce que este es el mejor libro que ha escrito, probablemente, porque no tenía previsto hacerlo. Y le ha costado tres años. Tres años o una pausa en medio de «demasiada rapidez»: «Adiós, pequeño es un libro que ha nacido solo, no lo he buscado. Bruce Lee ya lo decía, hay libros que están dentro de uno mismo y que sólo necesitan ser plasmados al papel. Los mejores libros son los que no tienes preparados, los que surgen como un regalo de la memoria. Esta es mi mejor novela. He tardado tres años en escribirla porque me he permitido parar. Observar. Adiós pequeño es una manera de celebrar la vida, y ponerla en pausa. Vivimos demasiado deprisa, sin disfrutar de la lentitud, sin mirar. Es importante parar. Yo solo entiendo la prisa si eres Usaint Bolt. Estoy muy a favor de la lentitud y de los que pasan por un parque y miran el parque. La costumbre ha hecho que todo nos parezca normal. Las flores, el cielo, un gato, y hasta que nos olvidemos de nosotros mismos. Por eso hay que volver a ser niños y recuperar la sorpresa y curiosidad de las primeras veces, y preguntarnos si lo que somos es lo que queríamos ser. Nos perdemos la vida entre pantallas».

El libro, que salió a la venta este 15 de junio, otorgó al valenciano el Premio Fernando Lara 2022 en el marco del acuerdo de colaboración entre el Grupo Planeta y la Fundación AXA para el desarrollo y fomento de la cultura. Algo, que ha permitido al escritor «una reconexión con la literatura, con el contador de historias que a mí me gusta ser, con esa faceta de escritor. Ha sido un honor, una alegría y un acicate para seguir escribiendo novelas. Por eso me siento muy feliz y satisfecho de haber hecho mi mejor novela. El Premio Lara me ha hecho reconectar con el Máximo escritor que disfruta, y que me encanta».

Sobre la breve etapa como ministro en el Gobierno de Pedro Sánchez, Máximo asegura que le parece «bonito» que se la recuerden aunque «es un libro que no voy a leer». «La política no forma parte de mi ruta vital, nunca fue mi plan y tampoco creo que vaya a serlo en un futuro. Aunque te diré, que no miró el futuro, ni me pongo metas, por si no se pueden cumplir».

Lo que sí va a seguir leyendo son las páginas de Juan Ramón Jiménez, Luis Landero, Ana María Matute o Nuñez Molina, autores que a lo largo de su trayectoria le han inspirado y que quién sabe, aparezcan narrativa o literalmente en su próxima ficción. «Ya estoy trabajando en ella, es muy esperada».

Como periodista y comunicador, Huerta dice estar en un momento dulce y tranquilo, alejado de la presión por la audiencia de las grandes cadenas y escuchando historias para después contar. «Contar historias es maravilloso también en televisión. Estoy muy contento. De mi faceta televisiva me quedo con el inicio de todos los programas o informativos que he hecho, con esa ilusión efervescente y única. Esté donde esté el espectador siempre es el mismo, y sean poco o muchos nunca hay que despreciarlos», sostiene. Actualmente Máximo es presentador en À Punt, la televisión autonómica valenciana, del programa Bona vesprada.

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