El pulso de la localidad manchega de Almagro, durante el mes de julio, está marcado por el calor y el teatro. Por las mañanas, el lado Este de la Plaza Mayor de Almagro se llena de vecinos y turistas para desayunar a la sombra de sus centenarios edificios. A mediodía, los vecinos se refugian de las altas temperaturas y los pocos osados que transitan se pegan a las paredes buscando las sombras. Cuando llega la tarde, la temperatura mejora, las sombras son más generosas y la vida vuelve a tomar las calles empedradas. 

En la Plaza Mayor los bares priorizan a las berenjenas en su oferta y la parada es obligatoria antes de los pases diarios de los teatros. De las terrazas van saliendo los espectadores que se ponen en la cola de entrada al Corral de Comedias, el escenario más emblemático de la ciudad. “¿Me cobra, por favor, que tenemos teatro?”, es el salvoconducto que da prioridad al cliente. Es julio en Almagro y la localidad se vuelca con el Festival de Teatro.

“El escenario no estaba, era una cuadra”, recuerda Vicente Fernández, vecino de Almagro hablando sobre lo que hoy es el Corral de Comedias. “El patio era más grande y estaban los animales y había carros”. “Como una posada”, remarca su amigo y también vecino, Plácido Núñez. Están pasando la mañana en la Plaza Mayor, observando la ajetreada jornada de sábado de julio. Vicente vivió en la misma Plaza, “la cuarta ventana empezando por aquí”, señala con precisión la casa de su infancia. “De pequeños jugábamos en el Corral, era la casa de Bolaños que ahora tiene una empresa de materiales de construcción”, recuerda. 

Fue el dueño de aquella posada quien en 1950 descubrió una baraja de naipes de comienzos del siglo XVIII al hacer unas obras. Aquella fue la pista con la se concluyó que el edificio pudo ser un corral de comedias, prohibidas en 1598 por Felipe II por la presión de la Iglesia, que no gustaba de los excesos lujuriosos de las corralas porque con las comedias las mujeres aprenden “el adulterio, las trazas y cautelas con que han de engañar al marido» y «se hace la gente de España muelle y afeminada e inhábil para las cosas de trabajo y guerra», según los clérigos que asesoraron al rey en su decisión. Lope y Calderón fueron sustituidos por autos sacramentales.

La pista era correcta, era un antiguo corral de comedias. Dos años después empezó a recuperarse, se encontró el escenario y se retiraron la paredes que cubrían los corredores superiores. En 1954 se estrenó La Hidalga del Valle, de Calderón de la Barca. Volvía a la vida una joya del patrimonio cultural español, se recuperaron las representaciones y el nuevo teatro puso a Almagro en el mapa.

Para nosotros el Corral de Comedias es una casa más del pueblo, allí íbamos a hacer las obras de fin de curso del colegio»

NIEVES CUADRA, VECINA DE LA LOCALIDAD

“Para nosotros el Corral de Comedias es una casa más del pueblo, allí íbamos a hacer las obras de fin de curso del colegio”, nos cuenta Nieves Cuadra, propietaria de una tienda de artesanía de encajes de bolillos ubicada en la Plaza Mayor.

El Festival de Teatro Clásico de Almagro vive la edición número 45. Cuatro décadas y un lustro que han impactado profundamente en la localidad, más allá del evidente impacto económico de un evento que atrae a unas 60.000 personas a un municipio que no suma los 10.000 residentes. 

Los mayores se echaban la mano a la cartera cuando veían a un tío con el pelo largo, y a lo mejor tenía más dinero que ellos»

Justo García, restaurador de Almagro

“El festival y la sociedad de Almagro han evolucionado con estos tiempos. Me gusta mostrar dos fotografías de Almagro y del país de aquel año 78, cuando comienza el festival, y la de hoy. Es la foto de las Cortes Constituyentes, que eran todo hombres con corbata negra, gafas negras. Y la foto de las Cortes de ahora, que son hombres y mujeres de diferente condición, vestimenta, pelos, etc.. Y aquí es igual. En estos 45 años pasó de ser un Siglo de Oro de un señor con capa con la Cruz de Santiago y una espada, a lo que vemos ahora ahora, como los chicos africanos que estaban ayer o los que vienen de Uruguay y de Galicia. Se escuchan otros acentos, otras lenguas y creo que eso también ha producido la misma apertura en un municipio de 10.000 habitantes”, asegura Ignacio García, director del festival.

Justo García, que tenía un año cuando en 1978 empezó el festival, regenta uno de los bares de la Plaza Mayor y él mejor que nadie nota el pulso de la cita cultural. No se imagina un Almagro sin el festival; notó mucho en 2020 y 2021 la reducción de la programación por culpa de la pandemia. Ahora, con la recuperación de la normalidad, su terraza se llena por las tardes. Trabaja en la restauración desde muy joven. “Silvia Marsó, José Sacristán, Juan Echanove…”, por sus mesas han pasado los actores y actrices más destacados del teatro español. 

“En aquellos años ver a alguien de Madrid era como ver un marciano, con aquellas carreteras que había”, recuerda. “Los mayores se echaban la mano a la cartera cuando veían a un tío con el pelo largo, y a lo mejor tenía más dinero que ellos”, cuenta Justo. Además de los actores, personal técnico y espectadores llegaban, en plenos años 80, a la pequeña localidad manchega. “Yo he visto a Pedro Almodóvar comiéndole la oreja a uno”, asegura Justo. La alegría de las corralas de las comedias volvió al pueblo en versión años 80. “Aquí se han vivido noches maravillosas”, asegura Amalia Colorado, “no sólo de juerga, que también, sino de intercambio de mucha gente para sus negocios, incluso para ensayar”.

Patrimonio histórico

Este 2022 se cumplen 50 años del nombramiento de la ciudad como conjunto histórico-artístico, un estatus que el Ayuntamiento quiere elevar a la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, algo para lo que el festival de teatro suma puntos. 

Entre el festival y el patrimonio hay una relación simbiótica, ni el patrimonio estaría conservado sin el teatro, ni el festival hubiera crecido sin sus valiosos escenarios. “Uno de los grandes activos del festival es poder ver teatro en palacios, en conventos, en iglesias, en el hospital de San Juan.. “, afirma Ignacio García. “Pero el festival y la fundación tiene una responsabilidad de conservar y de mantener ese patrimonio y ayuda para que se conserve, porque además pasa como las casas, un edificio vacío se deteriora mucho más que un edificio que tiene una actividad, una actividad razonable y respetuosa”, añade el director de festival.

La gente al ver la comedia del arte se quedó loca, aquello era precioso»

Amalia Colorado, vecina de Almagro

Amalia es cocinera en un restaurante de la Plaza Mayor y también una ferviente amante del teatro. “He estado mucho tiempo haciendo teatro, también he estado cantando con orquestas, he estado trabajando con el festival varios años y, claro, tengo vinculación con este evento desde muy jovencilla. Además, que yo este festival lo adoro. Para mí es, si no el mejor, casi el mejor del mundo, pero bueno, para mí y para todos”. 

Recuerda el año que vino la primera compañía de la comedia del arte veneciana. “Entonces no había aforos y el Corral estaba tan lleno que tuvieron que hacerlo en la Plaza. Venían para dos días y tuvieron que ampliar representaciones. La gente al ver la comedia del arte se quedó loca, aquello era precioso”, rememora Amalia.

Su primer recuerdo del festival fue a través del teatro televisado de Estudio 1 de RTVE que retransmitía una obra grabada en el Corral de Comedias. “De pequeña me colaba para ver las obras”, asegura. 

No cuesta imaginar ejércitos de niños pululando alrededor de los camiones de la televisión, los focos y viendo cómo montaban los escenarios. “El Ayuntamiento daba entradas gratuitas a la gente joven, a los niños, para que fueran al teatro que había juvenil”, hace memoria Nieves Cuadra, en su tienda de encajes de bolillos típicos de la localidad. “Hacíamos cola para recoger las entradas en la puerta del Ayuntamiento y teníamos 10 u 11 años, e íbamos al teatro, pues eso, gratuitamente”, añade.

“Entonces había muchos niños, por todas partes, no es como ahora que la gente tiene muy pocos hijos. Mucha gente se ha ido porque, si tienes una carrera, Almagro es limitado, está el campo, una fábrica de muebles y la restauración”, asegura Justo.  

La población de Almagro no ha variado en años, pero su pirámide se engorda entre los 40 y los 60 años, mientras que la base se estrecha, como en el resto del país, por la caída de la natalidad. Por la localidad proliferan los carteles de casas, muchas de ellas solariegas, en venta. El futuro de Almagro se tendrá que jugar con otras cartas.