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Pérez-Reverte: "Las revoluciones terminan siempre con un Daniel Ortega en su finca"

Arturo Pérez-Reverte, en la presentación de "Revolución".

Arturo Pérez-Reverte, en la presentación de "Revolución". EFE

A Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) la revolución mexicana de principios del siglo XX le llevaba rondando la cabeza desde pequeño. Fue su bisabuelo el que le habló de ésta, de como él tenía un amigo que le contaba en sus cartas quienes eran Zapata y Pancho Villa y ahora, a punto de cumplir los 71 años, ha llevado el espíritu de su «yo de 20 años» a ser el protagonista de Revolución (Alfaguara), su última novela que presentaba hoy ante los medios de comunicación.

«No es una novela histórica, es de aventuras. Partimos de un hecho, eso sí, y de una mirada, que es la que yo tenía cuando era más joven y cubría conflictos bélicos. La ventaja de ser mayor y tener una biografía movida es que una puede utilizar elementos y convertirlos en literatura», asegura.

Y esos elementos los ha personificado en Martín Garret Ortiz, el protagonista de esta historia. Un andaluz de Linares que llega a México a trabajar en una mina y que «jamás imaginó que acabaría encontrándose con su suerte un 8 de mayo de 1911 en las calles de Ciudad Juárez».

Sin la presencia de la mujer el hombre no da pasos completos. Sin la mujer el aprendizaje sería incompleto»

En una revolución que él ha tomado prestada para escribir esta historia durante un año y medio y en la que tres mujeres sustentan gran parte del relato porque para Reverte «la mujer en la vida de un hombre le hace progresar. Sin la presencia de la mujer el hombre no da pasos completos. Sin la mujer el aprendizaje sería incompleto».

Una de estas tres mujeres, una soldadera, tiene especial importancia para Reverte y la nombra varias veces para explicar cómo en este personaje está gran parte de la historia. «Intrépidas, aguerridas y valerosas, de palabras justas y firmes antes el deber, es a partir de estas mujeres como el lector accederá a las miserias y condiciones de pobreza que azotaban a una parte del pueblo mexicano».

Esa parte que se levantó buscando un país mejor y que el autor conoce bien. «He cubierto varias revoluciones y la revoluciones las pierden quienes las hacen y las ganas quienes llegan después y se apropian de sus logros. Mira cómo está México ahora, la injusticia sigue, el caciquismo sigue… Las revoluciones terminan siempre con un Daniel Ortega en su finca», añade.

También que está harto de le pregunten por bandos, por ideologías, que al final en las guerras, en cualquier conflicto, a él le interesaba el lado humano, la persona que podía pasar de héroe a villano en una tarde. «He visto a gente salvarlo todo por la mañana y violar y matar por la tarde», explica.

Y añade que él usa la Historia sólo como telón de fondo para entender el presente. «Una novela actual me parece vulgar, porque el tiempo es vulgar narrativamente hablando: yo soy del siglo XX y ahí es donde me siento más cómodo, por eso mis novelas me las llevo para allá».

También le han recordado que hace un par de años presagió una guerra en Europa. «Vivo en una saludable incertidumbre y no me relajo, para mí era evidente que íbamos hacia esto. De todas formas, tampoco puedes estar todos los días avisando de que viene un meteorito», explica.

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