Fue «el imperio de la fotografía» hasta que apareció él. Era un limpiabotas, jovencísimo, el primer obrero que se coló en una instantánea en una época en la que las fotografías eran algo de burgueses y gobiernos. Fue casi un siglo antes de que «los cézanne de la fotografía documental», como los llama el comisario Jorge Ribalta durante la rueda de prensa de la exposición Genealogías documentales. Fotografía 1848-1917, llegarán a cambiar el concepto y a convertir este arte en una función social.

Ahora el Museo Reina Sofía quiere contar la transición, lo que se hizo y cómo se hizo cuando se pensaba que todavía no se estaba haciendo nada y lo consigue con una muestra de 500 piezas que no han sido fáciles de conseguir, que requieren de un trabajo de conservación constante y complicado (no superan los 19-20 grados de temperatura y la iluminación no puede pasar de los 50 lux -medida de luz-) y que es muy difícil que se puedan volver a reunir ya que algunas desaparecerán por el paso del tiempo pese a todas las medidas que toman los conservadores.

El limpiabotas, de Louis Daguerre, 1838.

Con ellas pretenden enseñar lo que ocurrió entre dos revoluciones, de la francesa de 1848 a la rusa de 1917 y cerrar el ciclo de exposiciones dedicadas a la historia de la fotografía que el Reina Sofía comenzó hace 12 años, en 2010. «Las temáticas están relacionadas con las clases proletarias, las reformas urbanísticas de la época, las revueltas populares o los proyectos de denuncia social surgidos en el periodo que abarca la exposición. Muchas proceden de importantes museos e instituciones internacionales», aseguran.

Además quieren mostrar lo que Ribalta llama «la evolución de la fotografía documental a contrapelo», su «protohistoria», ya que el nacimiento oficial se sitúa en los años 20. Y empiezan por «la imagen del pueblo» intentando mostrar cómo la vida cotidiana de los trabajadores ya empezó a fotografiarse en 1840. «Ejemplo de ello es el limpiabotas captado en una de las primeras placas de Louis Daguerre o las escenas de carpinteros y trabajadores de la construcción de Henry Fox Talbot«, asegura el comisario.

Revolución francesa de 1848. Fotografía de Charles-François Thibault. Daguerréotype 1/2 plaque, 1848. Paris, musée Carnavalet.

Y llegan a 1850 de la mano de los grandes monumentos. Una de las series más llamativas es la realizada por Charle Clifford durante el viaje de la reina Isabel II de España por el país, por su geografía monumental. «En contraposición a la idea burguesa de nación que alentaba estas campañas aquí aparecen criados en los palacios, gitanos en la Alhambra, mendigos…», explica Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía.

En esta exposición también se desarrolla como la fotografía tuvo un gran valor tanto en el ámbito médico como el judicial. «El uso de la fotografía en la experimentación médica tiene en el neurólogo Jean-Martin Charcot a su gran pionero, con su atención a la supuesta histeria femenina y otras patologías neuropsiquiátricas en el hospital parisino de la Salpêtrière, a partir de 1870. Sus publicaciones ilustradas tendrían una gran influencia en la neurología moderna», explican desde la institución.

A la vez, las fotografías comenzaron a tener un uso judicial y policial. Fue gracias a Alphonse Bertillon en Francia y a Francis Galton en Inglaterra, que consiguieron «la estandarización de la identificación fotográfica». En la muestra se puede ver la vitrina de Alphonse Bertillon, una «gran joya» de este tipo de arte.

Y para cerrar, otra revolución, la Comuna de París de 1871 como ejemplo iconográfico de las dos revoluciones rusas, la de 1905 y la de 1917, y como sería en ese momento gracias a las postales como la fotografía tuvo un papel clave en los movimientos ciudadanos.