Cultura

Juan Dávila, el cómico sin filtros que dejó la Policía para llenar teatros en Gran Vía

Juan Dávila en el Capitol

Juan Dávila en el Capitol. Quique Falcón

El éxito es caprichoso, pero sólo te puede pillar trabajando. Eso le ha pasado a Juan Dávila, desde que dejó la Policía Local de Alcobendas con 34 años en 2012. Tras estudiar interpretación, ha estado trabajando mucho para labrarse un nombre como actor en series como Acacias y en teatros. Pero ha sido el mundo de la improvisación el que ha hecho que su nombre corra como la pólvora de boca a boca y venda las entradas, allí por donde va, en cuestión de horas. 

Tras años en La Chocita del Loro llegó al Teatro Arlequín pero Omicron se cruzó por su camino. “Salía a la calle con un altavoz a buscar público”, nos cuenta. La sala no se llenaba, pues tocaba buscar espectadores, “no me quedo quieto”.

No hace mucho de eso, en abril de 2022 estaba disfrazado de monje por la Gran Vía a la caza de público. Ahora no le hace falta, ya ha vendido todo enero, casi todas las entradas del Capitol de febrero y sigue añadiendo fechas. Las entradas de su espectáculo, La capital del pecado, vuelan. “Las de Barcelona se vendieron en diez minutos, 3.000 entradas vendidas; en Alicante y Valencia las páginas colapsaron. La gente quiere pecar”, asegura. 

Empezó a promocionar sus espectáculos por las redes sociales y se fueron haciendo virales, tiene vídeos con cientos de miles de visualizaciones. La situación se desbordó en septiembre, se agotaron todas las entradas de sus actuaciones en el Arlequín hasta enero y ahora le pasa con el Capitol. “Vamos a hacer gira porque hay mucha gente que escribe, hay mucha gente que está viniendo a Madrid, pero hay otra que no puede venir por la pasta, lo de menos es el show, tienes que pagar billete, hotel, etc.” afirma.

Veníamos de una pandemia con la gente en casa y yo quería crear un show que fuese una locura

El secreto de su éxito está en su relación con el público. Él parte de una base que son los siete pecados capitales y sobre ellos va construyendo el monólogo con el público. Dávila pone a trabajar la cuarta pared para sus monólogos y siempre le quedan pecados sin usar. Interpela a los espectadores y le bromea con ellos y ellos con él. «Empecé a dar importancia al patio de butacas. Entonces no es que se rompa la cuarta pared, es que se ha derruido y la cuarta pared es la protagonista».

Recorte de prensa en el que aparece Dávila con un compañero.
Recorte de prensa en el que aparece Dávila con un compañero.

Cuando diseñó su espectáculo su idea era que la gente se liberase porque «veníamos de una pandemia con la gente en casa y yo quería crear un show que fuese una locura que es lo que yo siempre he ido generando con quien tenía alrededor, una locura. Soy muy libre y muy feliz en el caos, cuando se empieza a crear caos, ahí soy como un águila, me engolosino de caos».

En esa relación con el público se aprovecha de la “psicología” de la calle que aprendió como policía. «Yo estudié fisioterapia y luego estuve siete años trabajando de policía y en la policía estás ocho horas observando a la gente por la calle, entonces sabes quién va a robar a la señora, el que está por ahí que está viendo y planea algo y ves el estado emocional de las personas. De todo mi bagaje anterior se ha creado este espectáculo», sostiene el actor.

Cuando se empieza a crear caos, ahí soy como un águila, me engolosino de caos

Humor sin filtros

La otra pata sobre la que se sustenta su triunfo es su humor libre. Todos los espectadores están expuestos a ser sus «víctimas» y a su vez todos tienen la posibilidad de intervenir y de darle a él lo suyo. «Aquí no hay filtro. Ayer, una discapacitada intelectual me trajo un libro escrito por ella y me metí con la discapacitada, hice chistes sobre la discapacidad, sobre ella. Una chica que ha saltado [por redes] que le parece un espectáculo denigrante, deleznable, pero la propia discapacitada me dijo al terminar el show que por fin alguien bromea con ella en un espectáculo y no pasaba por encima de ella para no crear una situación tensa», relata Dávila.

Otros cómicos dicen buff, aquí hay un terreno demasiado pantanoso, vamos a otra cosa y yo lo veo y me meto

«Bromeo con todo el mundo, no hago distinciones». Junto a él en el escenario se sienta gente que pide estar allí, suelen darle mucho juego. «Ya ha habido muchos ciegos que vienen y que quieren escenario y están ahí y saben que van a recibir como cualquiera, porque son ciegos. Ya está. Pues vamos a bromear y ellos encantados», continúa. «Eres discapacitado y me meto contigo, no es algo particular, lo hacemos universal y nos reímos todos. A mí el público también me suelta buenos zascas y yo me los como porque estamos jugando a eso», añade. El vídeo de una señora que le vacila lleva más de seis millones de visitas.

Dávila se maneja por el caos que genera dando cortes y recibiéndolos a lo largo del espectáculo, va arriesgando todo el tiempo. “Voy sin red me meto ahí y ya veremos como salgo”. Considera que se le da bastante bien llegar a un límite muy arriba del conflicto. “Otros cómicos dicen buff, aquí hay un terreno demasiado pantanoso, vamos a otra cosa y yo lo veo y me meto. El público no sabe a dónde estoy yendo y está viendome y dice: este no sabe ni dónde coño se está metiendo”. 

Así es, no sabe dónde va, pero se lleva a todo el público detrás. ¿Proyectos de futuro? Sabe que están cerca, pero de momento su plan es seguir llenando teatros, lleva años cosechando y ahora sabe que no puede volverse loco con el éxito. “Me voy a dar a las drogas”, bromea.

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