Cultura

Cómo Enrique VIII vació Coruña de peregrinos ingleses

El Camino Inglés que el rey Enrique VIII prohibió realizar a partir de 1534. Carmen Vivas

Llegaban a la ciudad de A Coruña en barcos que venían desde las islas británicas. Pasaban un par de días en la mar hasta tocar suelo firme y emprender un recorrido a pie de 74 kilómetros para llegar hasta la tumba del apóstol Santiago. Lo hicieron durante siglos convirtiendo este puerto en el comienzo de lo que se conocía como el Camino inglés y que hacía parada en pueblos como Betanzos o Sigüeiro. No se quedaban mucho tiempo, al terminar volvían rápidamente a Inglaterra pero este "pack turístico" de carácter religioso tuvo un gran apogeo durante los siglo XII, XIII, XVI y XV y un final en el divorcio real con más consecuencias de la Historia fue el principal culpable.

"Las peregrinaciones desde las islas británicas se desarrollaron desde la Edad Media y en el momento en que Inglaterra entra en conflicto con Francia, durante la conocida como Guerra de los Cien Años, los peregrinos abandonaron la ruta terrestre y empezaron las peregrinaciones marítimas", explica a este periódico el historiador y autor de Historia cultural do Camiño de Santiago, Francisco Singul.

Algo que corrobora uno de sus compañeros de profesión, Manuel Garrido, que también es experto en la historia de esta peregrinación y autor de El Camino de Santiago: Doce siglos de historia, que asegura que "a mediados del siglo XII se intensificó moderadamente la circulación por mar de devotos del apóstol. En ello también influyó el alejamiento de los piratas musulmanes, lo que instauró una relativa calma en las aguas atlánticas". Aunque añade que "en esta centuria la llegada de fieles era irregular y su destino fundamental los puertos de Padrón y Noia, en las proximidades de Santiago". Fue en el siglo XIII cuando aumenta el flujo y cuando "el puerto de A Coruña se convirtió en el receptor casi exclusivo de peregrinos marítimos. La mayoría procedía de Inglaterra, Irlanda, Alemania, Flandes y Escandinavia. Generalmente, desde el interior de Europa se desplazaban caminando hasta diversos puertos donde embarcaban rumbo a la ciudad herculina", asegura.

"Los peregrinos no estaban acostumbrados al mar, para ellos era un ámbito hostil, estaban aterrorizados por las malas condiciones, venían hacinados..."

FRANCISCO SINGUL

A lo que Singul añade que "los armadores tenían que pedir un permiso a la corona para que los peregrinos pudiesen abandonar el país y que no se fuesen con mucho dinero por lo que hay una documentación muy buena en los archivos reales ingleses. Gracias a esos permisos se sabe que en los años santos, que se institucionalizaron a partir del siglo XV, había muchos más barcos británicos en Coruña". Cómo explica, se trataban de viajes cortos, de pocos días pero que tenían un pequeño problema: "los peregrinos no estaban acostumbrados al mar, para ellos era un ámbito hostil, estaban aterrorizados por las malas condiciones, venían hacinados... Depende del tonelaje podían venir 40 en un barco tranquilamente".

Aunque como contó hace años en una entrevista a La Voz de Galicia Penélope Johnson, responsable de relaciones exteriores de la Universidad de Durham y experta en el Camino Inglés, estos números podían llegar a duplicarse. "Los peregrinos ingleses fletaban barcos para venir aquí específicamente durante los siglos XII, XIII, XIV y XV, pero sobre todo durante estos dos últimos. A los barcos les convenía porque era más lucrativo. Algunos traían 80 peregrinos, estaban aquí tres semanas y se iban".

"Según las investigaciones que he hecho A Coruña era más popular, aunque también había peregrinos que desembarcaban en Ferrol y en otras rías. Tenemos mucha documentación porque tenían que conseguir un permiso del rey para hacer la peregrinación, por lo que todo está documentado. Los dueños del barco establecían como un paquete turístico y se necesitaban licencias. Además había grupos de peregrinos que elegían a una persona que organizase el viaje, como un vuelo chárter, es decir, contrataban a alguien e iba un grupo entero para hacer el Camino", añadía. Una vez en tierra firme recorrían los 74 kilómetros de distancia hasta Santiago y podían ir y volver a su país en unas semanas. Además se ahorran bastante dinero.

Tal y como descubrió la historiadora inglesa Constance M. Storrs a través de esas licencias de la Corona británica para peregrinar en barco hasta A Coruña, los años más transitados fueron los años santos y en 1428 llegaron a desembarcar 4.000 ingleses en Coruña de manera oficial por lo que estima que podrían ser bastantes más ya que "los embarques clandestinos eran bastantes frecuentes".

"El texto fue descubierto en el siglo XIX y publicado en el Reino Unido en 1857. Se trata de uno de los relatos más sobresalientes del Camino Inglés"

manuel garrido

Y Garrido recuerda una de esas peregrinaciones, la de Margery Kempe. "Fue la gran peregrina británica del siglo XV. El resultado de sus viajes se los transmitió de viva voz -era analfabeta- a un sacerdote, hacia 1438, que los convirtió en manuscrito. Se publicó en seguida con el título The book of Margery Kempe, alcanzando un notable éxito. Se considera la más antigua autobiografía en idioma inglés. El historiador Salustiano Moreta hizo una magnífica traducción al español en 2012. El libro cuenta que Margery, luego de seis semanas de espera, embarcó en el puerto inglés de Bristol. Define la travesía de siete días como tranquila. La estancia en Santiago llegó hasta las catorce jornadas y le resultó óptima. No se cita en The Book el puerto de llegada ni el de regreso, pero por la duración y sus características todo indica que fue A Coruña", explica.

Y añade que tan sólo dos décadas después, en 1456, Año Santo, desembarcó en el mismo puerto William Wey. "Luego por tierra alcanzó la basílica apostólica. Dejó escrita su experiencia en latín en el Itinerarium peregrinationis. El texto fue descubierto en el siglo XIX y publicado en el Reino Unido en 1857. Se trata de uno de los relatos más sobresalientes del Camino Inglés".

Y así se mantuvo, con ese apogeo y esa fama, hasta 1534 cuando la ruptura de Enrique VIII con la Iglesia Católica se hizo oficial. Cómo explica Singul, "cuando rompe con Roma por su divorcio con Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena se funda la Iglesia anglicana y él es la cabeza y rompe con el papado. Eso llevó a la supresión de las órdenes monásticas y poco a poco se fueron impregnando toda una serie de prácticas contrarias al catolicismo. La religiosidad popular durante toda la Edad Media impulsó las peregrinaciones y los ingleses formaban parte de ellas, no sólo venían a Santiago, iba a Roma, Jerusalén... pero él acabó con las peregrinaciones, las prohibió", explica.

"El monarca se acerca a los postulados del protestantismo opuestos a los hábitos medievales de las peregrinaciones, aunque estos preceptos no llegaban al pueblo llano, se quedaban en las élites ilustradas"

MANUEL GARRIDO

También cuenta que el cambió no fue inmediato. "Al principio contó con una cierta oposición popular pero obviamente al no permitir que los capitanes y armadores realizaran ese tipo de viajes pues se acabaron las peregrinaciones marítimas aunque continuaban los viajes comerciales". A lo que Garrido añade que "hubo quien a nivel individual siguió peregrinando". "El monarca se acerca a los postulados del protestantismo opuestos a los hábitos medievales de las peregrinaciones, aunque estos preceptos no llegaban al pueblo llano, se quedaban en las élites ilustradas. Hay, por tanto, un desprecio hacia la peregrinación y un decrecimiento en su práctica, pero no es radicalmente eliminada, puesto que en los siglos XVI, XVII y XVIII sigue habiendo peregrinos a Santiago, aunque sea menor su número", explica y pone un ejemplo. "La devota Juana Albores, una viuda que permaneció siete días en el hospital del Buen Suceso en A Coruña. Es posible que llegase en barco para posteriormente continuar por tierra a Santiago. O que volviese de esta urbe y estuviera a la espera de obtener permiso para embarcar, tal vez con destino a Asturias".

Aunque a partir de ese momento el Camino Inglés ya se convierte más en un recuerdo que una de las vías principales de peregrinación hasta que hace no muchos años se comienza a investigar y se intenta revitalizar. "En el siglo XIX esta vía es ya algo del pasado y no será hasta las últimas décadas del XX cuando los historiadores, siguiendo los pasos de investigaciones anteriores, empiezan a revelar su tradición jacobea, con el puerto coruñés como principal referencia", explica Garrido y añade que "este fundamento histórico permitirá la identificación de la ruta. Durante los años noventa se tomaron las primeras iniciativas públicas para su revitalización terrestre -estudio de trazado, señalización, primeros albergues-, en un esfuerzo en el que resultó decisiva la aportación de diversas entidades culturales y de amigos del Camino".

"Las tareas para la recuperación del Camino Inglés comenzaron en el año 1989. Su principal mentor fue Manuel Grueiro, un experimentado peregrino e investigador perteneciente a la Asociación Gallega de Amigos del Camino de Santiago (AGACS) que, en colaboración con el cronista de Betanzos (A Coruña) José Núñez-Lendoiro, recopiló la documentación histórica existente", continúa y añade que "para los trabajos de campo contaron con el apoyo de la mayoría de ayuntamientos por donde discurría la ruta y de varios voluntarios. Como explicaría Grueiro, 'en 1990 ya estaba preparado para recibir peregrinos', y remata diciendo que 'quedaron pendientes algunas obras mayores que excedían a nuestras posibilidades y que, gracias a nuestra presión, fueron asumidas poco a poco por la Xunta de Galicia".

Para Singul, "el Camino Inglés se recupera por parte de los propios peregrinos gallegos que quieren saber cómo era esa antigua vía y ahora se hace una camino guiado, un impulso por parte de las administraciones pero estamos hablando del siglo XXI".

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