El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, entregará el próximo 18 de noviembre el XX Premio Blanquerna al poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, en plena controversia entre este y la Real Academia Española. El galardón, concedido por la Generalitat de Cataluña, distingue su “compromiso con todas las literaturas del Estado” y su labor al frente del Cervantes “como puente de diálogo entre las culturas españolas”.
El premio, de carácter honorífico y sin dotación económica, reconoce desde 1993 la contribución de personas o entidades al desarrollo, promoción y proyección de Cataluña. Su concesión supone la reactivación del Blanquerna tras ocho años de inactividad, con un nuevo diseño y una vocación declarada de tender puentes entre Cataluña y la sociedad civil española, especialmente la madrileña.
El jurado de esta vigésima edición ha estado presidido por el conseller de la Presidencia, Albert Dalmau, y formado por figuras del ámbito cultural y académico como Jordi Amat, Àngels Barceló, Enric Juliana, Irene Escolar, José María Lassalle, Rocío Martínez-Sampere y Carme Riera. La entrega tendrá lugar en el Palacio Neptuno de Madrid, en un acto presidido por Illa.
Un reconocimiento con lectura política
El anuncio llega pocos días después de que García Montero describiera al director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, como “un experto en llevar negocios desde su despacho para empresas multimillonarias”, unas palabras que desataron una dura respuesta de la Academia, que las calificó de “agresión injustificable e inoportuna”.
En ese contexto, la distinción otorgada por la Generalitat adquiere una lectura política evidente. El Govern presenta el premio como un gesto de diálogo cultural, pero su concesión llega justo cuando el director del Cervantes atraviesa uno de los momentos más delicados desde que asumió el cargo.
El Blanquerna cuenta con una nómina de premiados que incluye a Fernando Lázaro Carreter, Adolfo Suárez, Octavio Paz, Jorge Semprún, Iñaki Gabilondo o Vicente del Bosque. Con su recuperación y con García Montero como galardonado, el Govern de Illa recupera una tradición institucional y, a la vez, se alinea con uno de los intelectuales más visibles y controvertidos del momento.
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