La agonía del Miri duró cinco días. A bordo, los peregrinos islámicos que volvían de La Meca se habían dado cuenta que no les esperaba otro futuro que la muerte. Pero la desesperación pudo con el miedo y resistieron con todo lo que tenían el asalto de la flota de Vasco de Gama.

Al comandante portugués no le interesaba perdonar la vida de los infieles, ni siquiera por el gran rescate ofrecido. Con las pocas armas que había a bordo, a manos limpias o con piedras, los peregrinos se encargaron de que la mayoría de portugueses les acompañaran en su destino de muerte.

Portugal fue el primer imperio global pero tuvo grandes dificultades para mantener sus dominios

“Durante la batalla veíamos como un hombre herido por una flecha se la arrancaba y continuaba luchando como si no notara la herida” escribió el cronista luso Tomé Lopes. Cuando la resistencia se apagó, aplastada por la superioridad de los cañones lusos, Vasco De Gama ordenó encerrar a los pasajeros en la bodega y prendió fuego al barco. Era el otoño del 1502 y el hundimiento del Miri fue solo uno de los muchos intentos de Portugal para destruir el Islam por mar.

Imperio global

Roger Crowley, autor de "El mar sin fin" (Ático de libros)

Roger Crowley, autor de “El mar sin fin” (Ático de libros) JAVIER DOMÍNGUEZ

“Los conquistadores portugueses, sobre todo al principio de la era de los descubrimientos, hicieron cosas horribles” – dice a El Independiente el historiador británico Roger Crowley – “inventaron la navegación moderna, doblaron las costas de África hasta la India y Japón, pero al mismo tiempo seguían teniendo una mentalidad medieval”.

Después de haber navegado por la historia de los grandes imperios del Mediterráneo (Venecia, Constantinopla y Malta), en El mar sin fin (Ático de libros), Crowley explora como Portugal forjó el primer imperio global. Entre 1415 y 1543, Lisboa era el centro de una red de transporte, comunicación y comercial que se extendía desde Japón a África y de ahí a Brasil. Nunca antes ningún estado había tenido un alcance tan grande.

Los portugueses creían que los habitantes de la India eran cristianos

“Portugal fue un imperio en la sombra” – dice Crowley – “tuvo un papel menos visible de la conquista de América por los españoles, pero su impacto fue más duradero. Fueron los primeros en llegar por mar a la India, que hasta entonces sólo se podía alcanzar cruzando Oriente próximo y el Asia central”. Sobre los cimientos del imperio portugués se forjará el dominio holandés sobre los mares. Un dominio que será heredado por el Imperio británico

El libro de Crowley recorre el ascenso de Portugal como potencia mundial, centrándose en los personajes que hicieron posible el auge de la monarquía lusa: Vasco de Gama, Pedro Cabral – el descubridor de Brasil – Francisco de Almeida y Alfonso Albuquerque.

El secreto del rey Manuel I

El arquitecto de este imperio fue el rey Manuel I, llamado “el afortunado” porque obtuvo el trono después que los cinco herederos al trono que le precedían muriesen sin llegar a la corona. “Manuel tenía una visión mesiánica, creía que iba a ser un gran rey cristiano. Estaba más interesado en convertir la India en una base para atacar el islam que en desarrollar el comercio”, explica Crowley.


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Su plan era unirse con el mítico ejército de Preste Juan para lanzar una cruzada sobre La Meca, secuestrar el cuerpo del profeta Mahoma y pedir en cambio Jerusalén, en aquel tiempo en mano de los musulmanes.

Rey Manuel quería secuestrar el cuerpo del profeta Mahoma y pedir en cambio la liberación de Jerusalén

Los portugueses estaban convencidos que encontrarían cristianos en la India. Al principio fueron incapaces de reconocer el hinduismo como una religión independiente. Creían que se trataba de un desviación del cristianismo. Pensaban asfixiar económicamente el Imperio Otomano a través de un bloqueo naval. Un plan que nunca funcionó aunque Portugal se hiciera, a lo largo del siglo XVI, de los principales puertos del Mar Rojo y del Golfo Pérsico.

El rey desconfiado

“El rey Manuel I no hizo elecciones sabias. Era inseguro, muy suspicaz y sobretodo no confiaba en sus principales capitanes, Alfonso de Alburquerque y Francisco de Almeida”, cuenta Crowley. Dos hombres incorruptibles, que llevaron el imperio portugués a su máximo apogeo. Pero Manuel siempre desconfió de ellos por el temor de que quisieran fundar un reino independiente.

Los portugueses empezaron el comercio de esclavos negros hacia América

La cruzada que Manuel intentó desencadenar es quizá una de las páginas menos conocida de la historia colonial portuguesa, sin embargo no es la única página negra. Fueron los portugueses que empezaron el comercio de esclavos: en 200 años movieron cinco millones de personas desde las costas de África a Brasil.

“Culturalmente empezó el mestizaje. El arte oriental llegó al mundo cristiano y Europa empezó a cambiar de mentalidad sobre los pueblos lejanos hasta entonces considerados salvaje”, cuenta Crowley en su libro. Los jesuitas, para convertir los indígenas, decidieron a forjar estatuillas votivas en el estilo del bronce de Benín o en la piedra tallada de Sri Lanka.

El declive de un imperio

El imperio luso sin embargo tenía grandes problemas estructurales que favorecieron su caída como potencia marítima en apenas 150 años. “Portugal tenía una población pequeña que se resistía a embarcarse en viajes muy largos y a menudo de sola ida” – cuenta Crowley.

Los holandeses consiguieron arrebatar a Portugal el dominio marítimo

Sobre todo Portugal no tenía una red de distribución de los productos que importaba. Para este historiador británico, el exceso de centralismo impidió una gestión eficiente de los recursos y el nacimiento de una clase burguesa: “el dinero literalmente se les esfumaba de las manos porque Lisboa era fuertemente dependiente de las importaciones de otros países europeos”.

En breve los holandeses se convirtieron en sus principales competidores. “No estaban interesados en convertir infieles. Se conformban con deshacerse se sus adversarios y hacer negocios. Eran igual de buenos en la navegación robaron la mayoría de las rutas comerciales”, cuenta Crowley.

La catástrofe final se produjo en 1583 por un acto de espionaje comercial. El entonces virrey portugués de Goa confió en el hombre equivocado. Contrató como secretario al holandés Jan Huyghen van Linchshoten. Consiguió robar los planes con las rutas, los mapas navales y los planes comerciales portugueses. En 1592 los publicó en un libro llamado El Itinerario: los secretos de Lisboa eran ahora de dominio público y su declive estaba escrito.