La historia se puede ver desde distintas perspectivas y Miguel Golmayo -miembro de la Armada Española, capitán de navíos y submarinos, experto en energía e inteligencia militar- ha decidido hacerlo desde la perspectiva de los hidrocarburos. “Siempre he sido aficionado a los hidrocarburos, porque no entendía el mercado y no entendía la dinámica ni la política de hidrocarburos. Entonces me dediqué a investigar y me di cuenta de que desde mediados del siglo XIX hasta hoy en día ha tenido un papel fundamental”.

Desde el punto de vista de este militar que acaba de publicar el resultado de sus pesquisas en  La sangre que mueve el mundo (Ariel), esta historia ha pasado inadvertida y fue fundamental en la Primera y la Segunda Guerra Mundial. “Siempre ha estado ahí, siempre ha tenido un papel muy importante, pero muy discreto en cuanto a que ha pasado prácticamente desapercibida”, afirma. El libro de Golmayo está concebido para poderse leer por capítulos sueltos y no hay necesidad de leerlo de manera lineal. “Somos lo que somos, para bien y para mal, por el petróleo”, asevera el militar que es consejero de Defensa de la Representación Permanente de España en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).

Uno de los primeros pozos de Titusville, en Pensilvania.
Uno de los primeros pozos de Titusville, en Pensilvania. Librería del Congreso de EEUU

En este viaje por el petróleo como medida del cambio social tiene un capítulo destacado en los Estados Unidos. “Ellos se dieron realmente cuenta de la importancia de los hidrocarburos por la flota norteamericana que se convirtió en una gran consumidora, y después la flota británica, pero estos, a diferencia de los primeros no tenían petróleo, sólo carbón”.

Según el autor, el cambio de los británicos fue mucho más lento, porque siguieron apoyándose en un carbón que tenían en grandes cantidades y barato. “Sabían que tenían que hacer el cambio y tenían que hacerse con los recursos y éstos estaban en Persia y Mesopotamia y así se configuró la dinámica política desde finales del XIX hasta nuestros días”.

Iniciaron una carrera por los recursos a la que, por contra, los americanos se sumaron más tarde porque ellos tenían en su país, pero no tardaron en darse cuenta de que necesitaban más. 

Adentrados en el siglo XX la necesidad de hidrocarburos se extiende. “Todo el mundo tenía la misma demanda de estos recursos”. El mundo ya estaba enganchado al petróleo de manera determinante y hoy el sueño de la liberación es la autosuficiencia energética.

“Una regla de oro es ser autosuficiente”, afirma Golmayo, quien es consciente de la gran oportunidad que ofrecen las energías renovables en este sentido a algunos países. “Yo creo en las renovables, pero no creo que sea la panacea. Cada vez que aparece una fuente de energía no se ha desplazado a otra, solo adoptaremos el mix energético”, afirma.

Realismo político

“Los que manejan el petróleo no van a renunciar a los miles de millones inversiones”, sostiene Golmayo. Desde su punto de vista no es realista "cambiar el mix energético del mundo sin contar con las petroleras que son las que están invirtiendo en las energías renovables. Vamos a dejarnos de propaganda barata, ¿Hace falta la transición? Sí, pero con sentido común. Pretender que los grandes inversores participen en la transición y no pongan una serie de condiciones, es absurdo", asegura.

El buque CRIUS, antes de recibir una carga de petróleo ruso cerca del Estrecho.
El buque CRIUS, antes de recibir una carga de petróleo ruso cerca del Estrecho. Antonio Sempere / Europa Press

En su análisis sobre la transición impera el realismo político que marcan las circunstancias geopolíticas. "Se necesita ir más deprisa en la transición, puede que sí, pero no lo conseguimos. Se van haciendo cosas, yo no sé sí hay tiempo o no hay tiempo, vamos lentos. Eso sí, las circunstancias son las que son, tienes unos magníficos planes europeos, pero te salta una guerra y te pones a subvencionar la gasolina. No conozco a un solo español que se quejase porque le pagaran los céntimos de gasolina", sostiene. 

En este sentido destaca la gran dificultad que tienen los estados de controlar la producción y comercialización del petróleo y la prueba está en lo que ha ocurrido con los bloqueos impuestos a Rusia por su invasión de Ucrania. "Un 35% del petróleo de Rusia se exporta sin control, lo vende a países como por ejemplo China que no acepta las restricciones europeas, y una vez que sale de Rusia el mercado lo absorbe porque se vende a terceros sin ningún problema".