De alguna manera, fue Trump quien le llevó a Putin. El interés fue creciendo a medida que diseccionaba al presidente de los EEUU y su proceso de ascenso hasta la Casa Blanca entre injerencias rusas en su anterior libro, ‘Trum y la caída del imperio Clinton‘. Dos años después, el periodista Vicente Valles ha logrado descifrar el código ruso que se oculta detrás de otro personaje singular y misterioso casi a partes iguales; Vladimir Putin. El antiguo espía de la KGB y aficionado judoka acumula casi dos décadas en la cima del poder ruso. Tiempo en el que ha logrado elevar su imagen y poder a la categoría de seudo Zar moderno. Desde ese ‘trono’ ansía mover los hilos de occidente desde la Rusia que le venera y apenas le cuestiona, y las de parte de occidente.

Valles comienza a presentar a Putin de un modo inesperado. En ‘El rastro de los rusos muertos. Occidente en manos de Putin‘ (Ediciones Espasa) el relato se inicia con la decena de muertes en extrañas circunstancias de altos mandatarios rusos que se produjeron en los meses que sucedieron a la elección de Trump. Sucesos siempre amparados en supuestos fallos cardiacos o causas naturales según las versiones del Kremlin en lo que Valls llama la sorprendente “mala salud cardiovascular” de los rusos. El Putin que dirigirá Rusia hasta 2024 ansía volver a hacer grande de nuevo a su país. En más de una ocasión ha asegurado que la desaparición de la Unión Soviética fue una “de las grandes catástrofes del siglo XX” y que ahora intenta compensar recuperando el carácter de “superpotencia” de Rusia. Vallés asegura que el control de su país lo hace con dotes autocráticos más que dictatoriales y con el respaldo mayoritario de la sociedad rusa, pese a basar en el miedo su verdadero poder, “es algo que los rusos siempre han buscado, líderes fuertes que se sepa que mandan”.

Pregunta.- “El rastro de los rusos muertos” comienza relatando la muerte en circunstancias extrañas de numerosas altos cargos rusos. Esa sucesión de hechos, ¿definen a Vladimir Putin, un ex espía de la KGB convertido en presidente de Rusia?

Respuesta.- Define una forma de actuar muy tradicional en Rusia. No es algo que haya inventado Putin, viene de atrás, de la era soviética o incluso del tiempo de los zares. En Rusia ha habido crímenes políticos que se llevaron por delante la vida de aspirantes a zares, de colaboradores, etc. La eliminación no es tan extraña. Es cierto que en el siglo XIX y XX esa eliminación física ha sido propia de muchos países, no sólo de Rusia. Quizá lo novedoso en este caso es que en Rusia, en alguna medida, sigue funcionando. Es algo que casi se ha institucionalizado desde el poder como fruto de la educación de espía que tiene Vladimir Putin. Fue espía del KGB en los años 80. El mismo ha dicho que nunca se deja de ser espía, que uno lo es para toda la vida.

P.- Bueno, también dice que la KGB ya no existe…

R.– Sí, con esas siglas es cierto que ya no existe, pero tiene herederos. Hoy hay organismos que tienen el mismo objetivo. Todos los países tienen servicios de espionaje.

P.– ¿La Rusia de Putin en 2019 es esa Rusia de intrigas, traiciones y misterio que en ocasiones se difunde?

R.- En la cercanía del poder hay todo eso. Hay intrigas, hay decisiones serias que afectan a la vida de las personas. Pero Rusia es mucho más que eso. Su tradición cultural es espectacular, su tradición rusa, su música o el deporte. Yo dedico el libro al ejercicio del poder en la Rusia de Putin.

La imagen de un líder fuerte, con mano de hierro, y que se sepa que manda es muy del gusto del electorado ruso”

P.- ¿Y cómo se define el ejercicio del poder según Vladimir Putin?

R.- Va en dos direcciones, una interna y otra externa. La interna es mostrar cómo se consolida el poder de un líder fuerte a través de la generación de miedo. Es algo muy tradicional en Rusia y muy del gusto del electorado ruso que siempre ha buscado, sin tener una tradición democrática como tenemos en los países occidentales, líderes fuertes, que se sepa que mandan, y que se sepa con mucha claridad. En el ámbito externo, la decisión de Putin de intentar reflotar el carácter de superpotencia que tuvo la Unión Soviética y de la que él siempre ha dicho que su desaparición fue una de las grandes catástrofes del siglo XX. Intenta reflotar ese halo de superpotencia ahora con la federación rusa y ya ha conseguido algunos éxitos como la injerencia en las elecciones americanas.

P.- La invasión y anexión de Crimea, ¿responde a ese intento por recuperar la idea de una gran Rusia, un regreso a los tiempos de la Unión Soviética?

R.- Sí, va en esa dirección. Él ha puesto el pie en Crimea y en el este de Ucrania, territorios con mayoría de habla rusa y de herencia rusa. Crimea se lo ha anexionado y el este de Ucrania de facto también, aunque no sea oficial. Bielorrusia es un país satélite, aunque sea un estado independiente. Está extendiendo las redes de poderío ruso a todos aquellos territorios que un día formaron parte de la Unión Soviética, cosa que es legítima, no así la invasión de territorios. Que intente extender su influencia económica, política sobre otros países de su alrededor es algo que intentan todos los países.

El rastro de los muertos

P.- Dice que el miedo es su verdadero musculo interno, ¿lo es también en su política exterior?

R.- Sí, claro. Ha conseguido generar a su alrededor una imagen de poderío que seguramente no se corresponde con el verdadero poder que tiene Rusia, ni siquiera en el militar, pese a que tenga armas nucleares. El antiguo responsable para Rusia de la CIA me decía que Rusia ni tiene tanto poderío militar como parece ni es una potencia económica equiparable a las de occidente. Tampoco tiene el poderío diplomático de otras potencias occidentales. Sin embargo, Putin ha conseguido generar la idea de que con él al mando, Rusia es mucho más de lo que realmente es. Es ese parte de su poder. En política siempre se ha dicho que lo que parece es, aunque no sea cierto.

La imagen actual de poderío de Rusia seguramente no se corresponde con la realidad, ni siquiera en lo militar”

P.- Si no es tanto como aparenta ser, ¿por qué afirma en su libro que deberíamos mirar más a Rusia y no tanto a EEUU?

R.- Deberíamos mirar más a Rusia. Está intentando tener un influjo en los países occidentales generando distorsiones internas en esos países. Lo consiguió en las elecciones americanas y lo ha intentado en otros países en Europa. No siendo tan importante como aparenta ser, no deja de ser importante. Lo tenemos más cerca que EEUU y sin un océano por medio. Por eso el influjo es grande. Rusia es una potencia en petróleo y gas. Países como Ucrania, Polonia República Checa o Alemania depende del gas ruso para soportar los inviernos. Eso condiciona la relación entre esos países. Es difícil que Alemania llegue a tener una confrontación diplomática importante con Rusia, el calor de su gente depende del gas ruso.

P.- En su libro recuerda la anécdota en la que David Cameron aseguró que Barack Obama le parecía un buen presidente pero que tenía un problema: no daba miedo. Putin no tiene es problema…

R.- Sí, así es. El miedo es un valor en política internacional. No necesariamente es un valor positivo, pero es un valor.

P.- Pese a estos episodios oscuros que relata y la denuncia de falta de libertades que hace la oposición en Rusia, la imagen de Putin no se vincula con la de un dictador al uso. Además, en su país cuenta con apoyo importante.

R.- Se va generando la imagen de un dirigente autócrata, no necesariamente dictatorial. Él se presenta a elecciones, aunque no sean con los estándares democráticos de occidente. Las últimas las ganó por más de un 70% del voto. Hubo un porcentaje de fraude, sí, pero tiene una imagen de apoyo general por parte de una masa de ciudadanos rusos. Les gustan esta clase de líderes, autócratas, firmes y que dan esa imagen de  miedo, interna y externamente.

P.- ¿Interfirió Putin para debilitar a Hillary Clinton y se encontró con la sorpresa de la victoria de Trump? ¿Controla a un líder sin experiencia política como él?

R.- El fin último es difícil de saber, sería una especulación. Tiendo a pensar que Vladimir Putin pensaba lo mismo que casi todos, que Trump no ganaría las elecciones. Su idea sería interferir para debilitar a Clinton como futura presidenta. Su presidencia hubiera nacido débil. Otra cosa es que aquello luego fue mucho más allá y Trump ganó las elecciones. El hecho de que en EEUU exista una división social y política tan fuerte en torno a la figura de Trump debilita un país. Es lo que deseaba Putin con la injerencia en las elecciones americanas. Es una decisión importantísima que una superpotencia decida interferir en las elecciones de otra superpotencia.

Un amigo de Putin es el encargado de la factoría de ‘trolls’. En San Petersburgo se ha instalado la fábrica de noticias falsas”

P.- ¿Trump y Putin pueden terminar conformando una alianza de intereses, casi personales?

R.-  Es difícil. Ahora Trump está sometido al escrutinio de cada palabra y cada gesto que hace respecto a Rusia. Intenta dar la imagen de que se aparta de Rusia, poner distancia con Putin. Le quedan dos años de mandato, veremos si se presenta o no. La campaña electoral, a dos años vista, está empezando ahora, y va a ser interesante ver su desarrollo. Vendrá con emociones fuertes.

P.- Debilitar instituciones y poderes de países ajenos es parte del plan de ‘medidas activas’ que estaría en marcha en Rusia. En ellas se incluye favorecer la aparición de populismos, de derechas y de izquierdas, para desestabilizar estados. ¿En qué países lo está favoreciendo Rusia?

R.- Hubo un interés principal en interferir en EEUU y favorecer a Trump, un líder populista. Ese populismo hay personas como Steve Bannon que lo están difundiendo por Europa. El interés de que se generen populismos en Europa, en los extremos de la política, busca generar problemas en los países y también que personas como Banon quieran fomentarlo en Italia, en España, en Francia, etc.

P.- Las nuevas tecnologías en Rusia se han convertido en su nueva arma de destrucción…

R.- Putin es muy amante del Judo, donde se utiliza la fuerza del rival en contra del rival. Una de las fortalezas de occidente es la generación de tecnología. Ahí las redes sociales el espionaje de Rusia las ha sabido utilizar muy bien para interferir.

P.- Las ‘fake news’ son su especialidad. ¿Cómo organiza la Rusia de Putin ese frente de desestabilización tan poderoso?

R.- En Rusia existen lo que llaman ‘ministerios de fuerza’, que son los que tienen que ver con las fuerzas armadas, con las fuerzas de seguridad y de inteligencia. Es algo así como el Deep State, el Estado profundo, de EEUU, la base del Estado más allá de quién ejerza el poder en cada momento. Estos ‘ministerios de fuerza’ son los que gestionan este tipo de cosas. Un amigo de Putin es el encargado de haber puesto en marcha la fábrica de ‘trolls’, un edificio en San Petersburgo que es donde se ha instalado la fábrica de noticias falsas que se distribuyen por Internet.

P.- En ese plan para desestabilizar occidente, ¿juegan algún papel las mafias rusas instaladas en nuestro país?

R.- Hay conexiones, pero Rusia no ha enviado a la mafia rusa para influir políticamente. La interferencia son más las medidas activas dirigidas a la psicología social, a generar tensiones a través de noticias falsas o mediociertas. En España creo que aún ha afectado relativamente poco. También en Francia la influencia ha sido más limitada. Aquí las mafias rusas han venido a refugiarse en la Costa del Sol. Se esconden en sus mansiones cuando tienen problemas en Rusia. Además, aquí hacen negocios, compran mansiones y el negocio de trata de seres humanos etc. Otros están aquí por haber caído en desgracia en el régimen ruso y piensan que sus vidas están en riesgo. En España a principios de los 90 y los 2000 las mafias rusas veían que aquí la Justicia era muy laxa con ellos y que, aunque tuvieran algún problema, las condenas eran leves.

Siempre ha buscado imposibilitar que la oposición se haga fuerte. Por eso tiene un control estricto de los medios y las redes”

P.- Antes subrayaba que Putin goza de un apoyo importante de la sociedad rusa. ¿La posibilidad de revueltas internas en demanda de mayor libertad es inexistente?

R.- En 2010-2011 hubo un conato de manifestaciones por parte de la oposición tras las sospechas de fraude en las elecciones legislativas. Fue la vez en la que más gente había salido a la calle desde hacía tiempo. La rebelión de las masas preocupa mucho a Putin. La vivió con la caída del muro de Berlín. El estaba en Dresde, solo en la oficina del KGB, y una turba de miles de personas, tras asaltar el edificio de la Stasi, se dirigió a asaltar el edificio de la KGB. Salió a la puerta con una pistola y dijo a la gente que el edificio estaba lleno de soldados armados y que si entraban iban a morir. Les convenció a todos. En 2011 vio cómo se levantaba gente en manifestaciones importantes. Era algo parecido al levantamiento en Ucrania o el de las primaveras árabes. Le puso fin a eso de modo inmediato con detenciones y cargas policiales. Siempre ha buscado imposibilitar que la oposición se haga fuerte. Por eso hay un control estricto de los medios de comunicación y de las redes sociales en Rusia. También ha habido desaparición física de algunos líderes. No hay oposición.

P.- Como presidente o primer ministro lleva desde 1999 y su actual mandato concluye en 2024.  ¿Ahí terminará la carrera política de Putin?

R.- Quién sabe. Constitucionalmente no puede presentarse de nuevo. Pero él ya cambió la Constitución hace unos años para que el mandato en lugar de cuatro fuera de seis años. La duda es si se retirará, si pone a un hombre de paja que controlar o si decide cambiar la Constitución para poder volverse a presentar a nuevos mandatos. No creo que alguien como él se termine de retirar nunca del todo.

P.- ¿Tiene algún delfín, un sucesor real, bajo su influencia?

R.- No, nadie. Al contrario que en Rusia, en sus segundos mandatos a los presidentes de EEUU se les define ‘pato cojo’, un presidente de salida y la gente piensa ya más a quién se acerca como un sucesor. En Rusia todo el mundo duda de que éste sea su último mandato. No hay un sucesor claro, un delfín, él se ha encargado de que no lo hubiera.

Ha sabido convertirse en el gran zar ruso de nuestros días. Ha encarnado el alma política rusa y la ha adaptado a los nuevos tiempos”

P.- Es un libro bien documentado, con mucha información. ¿Tiene la sensación de que se introducido en lugares oscuros o incluso de haber sido observado?

R.- Normalmente las actuaciones del poder en Rusia se ejerce contra los que considera traidores rusos, no tanto contra los extranjeros. No tengo especial temor, tampoco es el primer libro que se escribe sobre las andanzas de Vladimir Putin y en un sentido similar.

P.- ¿Es complicado informarse de las interioridades del poder ruso?

R.- Algunas cuestiones sí, otras no las he reflejado al no poder confirmarlas, pese a que en algunos casos estaba convencido de que eran ciertas. Todo lo que digo en el libro está contrastado, es cierto. Otra cosa son las conclusiones que saco yo, pero los hechos son esos.

P.- ¿Cuál es la mayor virtud de Vladimir Putin?

R.- Que viviendo en el entorno de la cultura política rusa ha sabido convertirse en el gran zar ruso de nuestros días. Ha sabido encarnar el alma política rusa, por eso tiene tanto poder. Lo ha adaptado a los nuevos tiempos.

P.- Es algo así como un ‘Zar 4.0’…

R.- En alguna medida si es un zar post moderno, el zar de las nuevas tecnologías.