Portada de Señoras que se empotraron hace mucho

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Mujeres valientes que se empotraron hace mucho

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Mujeres valientes que se empotraron hace mucho

La que fue enviada a un convento por su relación con una mujer. La que se vistió de hombre para casarse con su amada. La pareja que vivió feliz en una casa en el campo. Son unas cuantas las mujeres valientes que vivieron su sexualidad cuando no era fácil. La autora Cristina Domenech recopila en su Señoras que se empotraron hace mucho, las historias de mujeres pertenecientes a los siglos XVII, XVIII y XIX que se rebelaron contra el matrimonio y rompieron con las reglas de etiqueta. Señoras que, pese a todas las dificultades de su época, se atrevieron a expresar su sexualidad y desafiaron las convenciones sociales.

A pesar de que la libertad sexual es algo que les une, su concepción sobre el matrimonio va cambiando. La propia Cristina ha contado a El Independiente que había algunas como Sarah Orne Jewett que creían que «no era algo para ella». Mientras que unas «se casaban con hombres pero tenían relaciones con mujeres» otras «entendían la idea de matrimonio, pero lo adaptaron a sus necesidades. Vivían con otras mujeres». Cabe destacar el caso de Elisa y Marcela, que intentaron casarse por la Iglesia.

Lamentablemente, el matrimonio puede convertirse en una cárcel para la mujer. El libro detalla el caso de Hortense Marcini, una valiente que se casó con el que fuera el hombre más rico de Europa. Era un matrimonio arreglado en que el hombre la tenía bastante mal «encerrada, sin hablar con familiares o amigos y abusada psicológicamente».

Para ella era una cárcel. Tuvo cuatro hijos que no quería. Sin embargo, un día decidió irse de casa, lo que supuso un escándalo. «En el siglo XVII el divorcio era muy poco común, pero consiguió vivir lejos de su marido» y de la monogamia. «Ella quería amantes, beber, apostar… era bastante juerguista», apunta Cristina entre risas.

A pesar de que el mencionado anteriormente es el caso extremo de entre los que se cuentan en el libro, algunas se habrían casado entre ellas y otras lo intentaron. Anne Lister afirmaba estar casada con su pareja. Elisa y Marcela consumaron una boda a primeros del siglo XX y Sylvia y Charity vivieron en pareja y se habrían casado.

Lo que sí es cierto es que históricamente la única forma de alcanzar un estilo de vida digno era siendo una mujer casada. Cristina explica que una mujer tenía muy pocas formas de ganarse la vida si no contraía matrimonio: «No es solo por ocultar el lesbianismo. Era una necesidad familiar y social».

Algunas de estas mujeres valientes fueron «bastante famosas» en su época. Mademoiselle de Maupin era cantante de ópera y una auténtica estrella. Sin embargo, la mayoría son recordadas por el «escándalo» que suponía su forma de vida. Regresando al caso de Elisa y Marcela, a día de hoy seguimos hablando de ella porque se casaron en 1901, y por eso se las conoció en Galicia, el resto de España y Portugal.

Más allá de su popularidad, Cristina cuenta que todas estas mujeres vivieron casos «bastante únicos», pero, «si tuviera que usar una palabra, esa sería valiente. Desafiaron a su entorno para vivir la vida que deseaban. Había casos muy duros, como el que tiene lugar en el siglo XIX y ambiente rural. No se rindieron. Algunas tuvieron muchas dificultades, pero nunca tiraron la toalla. Las admiro muchísimo», sentencia la autora.