// TODO: Revisar qué hace the_post_thumbnail_creditos Rosalia y el cuerpo de bailarinas en el concierto de Madrid del 31 de octubre.

Rosalia y el cuerpo de bailarinas en el concierto de Madrid del 31 de octubre.

Música

El milagro de Rosalía

Ponme la mano aquí que la tienes fría. Ponme la mano aquí Catalina mía, mira que mi ví a morir, mira que me ví a morir..”. Canta Rosalía, entre un absoluto silencio, la letra de Catalina, un tema del flamenco Manuel Vallejo (1891-1961) en la plaza de Colón ante más de 11.000 personas, en su gran mayoría adolescentes, entregadas al fenómeno musical de la cantante catalana. Es 31 de octubre de 2018 y miles de chavales escuchan flamenco y no van disfrazados de Halloween.

La insólita escena se produjo ayer en el concierto gratuito que ofreció la cantante en un escenario que montó Redbull para presentar un adelanto de su nuevo disco, El mal querer, que sale a la venta el día 2. Rosalía cantó Catalina tras decir que era la canción que le había conectado con su público. Pero la verdad es que es la canción de su disco anterior, Los Ángeles, que muchos de los seguidores han conocido tras su hitazo Malamante, convirtiendo a Rosalía en la puerta de entrada de un género, el flamenco, que no estaba en sus planes. Ni mucho menos estaba en los planes de la industria hacer llegar a los nacidos en el siglo XXI música flamenca. Rosalía, explorando palo a palo, y trabajando bolo a bolo, es la artífice de este milagro.

La cantante ha creado un universo estético a su alrededor en el que se mezclan sin prejuicios la cultura urbana y la flamenca. Inició el concierto como los raperos que imitan a los boxeadores, caminando entre el público en un paseo pugilístico que se convirtió en torero cuando se desprendió del batín y dejó ver su traje diseñado por Palomo Spain. Chorreras flamencas combinadas con deportivas y ¡a moverse!

Rosalía durante el concierto.

El despliegue estético de su nuevo disco, que arrancó con Malamente de Rosalía se pone en marcha en el escenario con un grupo de bailarinas, palmeros y flamencas. Palmeos, ritmos urbanos con mucho trap y pop, un quad en el escenario e imágenes de manga; nada desentona, ni causa vergüenza ajena. Y, de nuevo, un poco de arqueología musical con Dí mi nombre inspirado en la Repompa (1937-1959) una flamenca malagueña. Y un poco de jondo con A ningún hombre, de su nuevo disco.

Y Rosalía, que se emocionó en un par de ocasiones, se dio un baño entre el público. “Os quiero mucho”, repetía mientras repartía besos y se grababa en los corazones de sus seguidores y sus móviles. El público le agradeció el gesto tras haber esperado cerca de una hora de retraso un concierto corto, cargado de emociones y con un intenso frío en los Jardines del Descubrimiento. Lugar que conmemoran la llegada de Colón a América, allí donde tiene la mirada puesta esta catalana de 25 años que ha obrado el milagro de acercar el flamenco a las nuevas generaciones y el trap a los mayores. ¡Tra, tra!

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El milagro de Rosalía