Pareciera que lleva aquí toda la vida, pero no hay que retroceder demasiado en el tiempo para encontrar las primeras huellas en el camino de Rosalía Vila Tobella (Sant Esteve Sesrovires, Barcelona, 1993), ya sea trabajando con La Fura dels Baus en Singapur, cantando en festivales flamencos o adentrándose en la música urbana colaborando con C. Tangana. Todo eso ocurrió entre 2015 y 2016 y ya avisaba de la llegada de una artista decidida a unir universos aparentemente antagónicos.

Y eso que la puesta de largo oficial en febrero de 2017 en forma de primer álbum, Los Ángeles (Universal Music), es una obra sobria y sin concesiones, con inmemoriales cantes flamencos únicamente respaldados por la guitarra de Raül Fernández ‘Refree’. A palo seco. Por eso no fue un éxito de ventas fulminante, pero justo por eso también fue progresivamente fijando el nombre propio de Rosalía en el imaginario colectivo. Así, sin apellidos. Y consiguió, además, que toda una nueva generación se girara al menos un poquito hacia el flamenco más tradicional.

Comenzaron así a llegar los reconocimientos. Primero, una nominación en la categoría de Mejor Nuevo Artista en los Premios Grammy Latinos que se entregaron en noviembre en Las Vegas. No ganó, pero en la ciudad del juego cantó, además, la canción Cuando nadie me ve acompañada solo por una sección de cuerda en la gala especial de la Academia Latina de la Grabación en honor de Alejandro Sanz. Otra importante presentación, en ese caso en continente americano ante colegas músicos y representantes de la industria musical.

Llegó así el nuevo año y en los primeros días de este 2018 Rosalía protagonizó dos recitales junto a Refree en el Teatro Circo Price de Madrid y fue distinguida con el III Premio Ruido a mejor disco nacional de 2017 -por Los Ángeles, claro- según la prensa musical española. Público y crítica, en definitiva, reconociendo a la barcelonesa, que ponía así punto y seguido a su andadura musical y se retiraba a sus cuarteles de invierno para reinventarse cambiando a Refree por El Guincho.

Decidida a convertir el futuro en presente una vez transitado el pasado. Con esa premisa presentó la nueva versión de sí misma en junio en el Festival Internacional de Música Avanzada y Arte Multimedia de Barcelona. En el Sónar, vaya. El lugar idóneo para esa conjunción de electrónica, flamenco, pop y ritmos urbanos que podremos encontrar en su segundo álbum, El mal querer, a la venta el 2 de noviembre a través de Sony Music. El Sónar fue el sitio idóneo para interpretar por primera vez Malamente, que para entonces ya acumulaba seis millones de visualizaciones en YouTube en dos semanas y que ahora, cinco meses después de su estreno, ya va por 24 millones.

En pleno debate sobre la apropiación cultural después de que varios colectivos acusaran a la catalana de hacer suya ‘por la cara’ la cultura gitana y andaluza, tres semanas después del Sónar llegaba Rosalía al Festival Cultura Inquieta de Getafe en medio de una expectación claramente creciente, ante un público con numerosos rostros conocidos entre los que destacaban Pedro Almódovar, Rossy de Palma -que hace un ‘cameo’ en El mal querer-, Paco León, Alba Flores, Najwa Nimri, Belén Cuesta, Joaquín Reyes, Arturo Valls o Brays Efe.

A los pocos días se supo que la presencia del oscarizado cineasta en Getafe era de todo menos casual, pues la propia Rosalía anunciaba en las redes sociales su nueva condición de ‘chica Almodóvar’ al participar en la próxima película del manchego, Dolor y gloria, compartiendo elenco con Penélope Cruz y Antonio Banderas. Un debut cinematográfico que añade una faceta más a una artista integral y transversal, que también luce cómoda en el mundo de la moda y las tendencias -no en vano, el vestuario de su espectáculo está diseñado por Palomo Spain y ya ocupa portadas de publicaciones especializadas-.

«Hoy ha sido un día precioso… He hecho mi primera escena de cine… Yo de pequeña veía con mi madre y mi hermana las películas de Pedro y las mujeres que las protagonizaban me parecían de otro mundo y a la vez tan familiares. Mi vida siempre ha sido cantar, tocar, bailar, interpretar y de verdad lo digo que desde pequeña soñaba con hacer algo así… Hoy he estado de rodaje con la nueva película de Almodóvar que saldrá el año que viene. Doy gracias a Dios por haberme permitido trabajar durante todos estos años, por darme claridad en mi camino y por hacer que hoy haya podido formar parte de esto. Nunca abandonéis aquello que os haga realmente felices», escribió Rosalía el 19 de julio en Instagram junto a una imagen con Pedro Almodóvar.

Menos de una semana después veía la luz Pienso en tu mirá, segundo anticipo de El mal querer en forma de bulería urbana por soleá, con un videoclip igualmente impactante en lo visual, que se desarrolla en un ambiente flamenco poligonero y que va rumbo a los 18 millones de visionados. Tan atípica como casi mágica, con palmas y electrónica, con jaleos y programaciones, lanzando además un mensaje de empoderamiento femenino al mundo. Bebiéndose el siglo XXI a chorros para estupor de unos y jolgorio de otros.

Las ‘celebrities’ bailan con Malamente

En estos tiempos de viralidad y fugacidad, rápidamente llegaron los ecos de Rosalía hasta el epicentro de las ‘celebrities’, con la actriz Halle Berry bailando con Malamente en una story de Instagram que gustó a Nicki Minaj y que fue comentada por Alejandro Sanz. Poco antes, la estrella del pop Dua Lipa había recomendado a sus seguidores escuchar esta misma canción, algo que también había hecho Charli XCX. Por su parte, Kourtney Kardashian también compartió una story con Malamente sonando de fondo.

Mientras la galaxia de las celebrities abría sus brazos de par en par a Rosalía, publicaciones como Billboard y Pitchfork dedicaban artículos a la barcelonesa. Y Pienso en tu mirá conseguía un hueco en la codiciada playlist semanal en The New York Times. A todos estos logros también ayudó que en primavera la española publicara una fotografía en los legendarios Conway Recording Studios de Los Ángeles -el título de su debut cobraba así nueva dimensión- con Pharrell Williams, asegurando que era un placer trabajar con él. Determinante para su expansión internacional fue también Brillo, la colaboración lanzada en mayo con J Balvin, uno de los artistas más escuchados del mundo, y de quien fue invitada sorpresa en el Forum de Los Angeles a finales de este pasado septiembre.

En una sucesión de hitos ciertamente deslumbrantes, el 13 de septiembre se anunciaba finalmente la fecha de lanzamiento de El mal querer en las famosas pantallas publicitarias de Times Square, en el siempre bullicioso núcleo de Nueva York. Para entonces, Rosalía ya era un nombre común asociado a una cara en concreto también en América. A esta nueva condición ayudó sobremanera su actuación como artista invitada de Juanes seis días antes en el mítico Hollywood Bowl. Todo así, en menos de una semana, de corrido pero en permanente ascenso, que es como se ha acostumbrado ella a vivir.

Todavía más cosas le pasaron en septiembre, pues ese mes se anunció que aspira a cinco Grammy Latinos, concretamente a los correspondientes a Canción del año, Grabación del Año, Mejor Video Musical Versión Corta, Mejor Canción Alternativa y Mejor fusión interpretación urbana. Todos por una única canción, Malamente, que este mes de octubre ha interpretado en directo en la BBC, en el prestigioso programa musical Later… with Jools Holland, donde también tuvo oportunidad de presentar a la audiencia británica Pienso en tu mirá.

Esta es la penúltima medalla a la que puede sacar brillo orgullosa Rosalía -quien también hizo una actuación sorpresa en el Village Underground aprovechando su estancia en Londres- mientras espera al lanzamiento el 2 de noviembre de su ansiado segundo álbum, que tendrá una presentación especial en la noche de Halloween este 31 de octubre, con un concierto gratuito en Madrid en una localización que por ahora se sigue manteniendo en secreto.

Llega ya el momento, por tanto, de mostrar completa la obra de la que todos hablan. Las expectativas andan por las nubes ante el fenómeno en castellano del año, y ahora se trata de comprobar cuanto hay de ‘hype’ -concepto de exageración promocional que tanto gusta a los anglosajones- y cuanto de realidad. Y hay que comprobarlo recalcando que los nombres verdaderamente cruciales no vienen a sustituir a otros, sino a crear un espacio nuevo en el que antes nadie había pensado y que luego nos parece imposible que no existiera. Como Rosalía misma, así, sin apellidos. La flamenca catalana, ya celebridad global, más internacional que Puigdemont.