Hace 20 años Joaquín Sabina tuvo un (des)amor que lo dejó jodido, dicen que las mejores letras se escriben así, cuando uno está destrozado y despechado. Esto debía ser una venganza y sin quererlo se convirtió en un himno generacional que ya tiene más de 20 años. Sabina escribió en el año 1999 una canción a la que muchos nos aferramos sin ningún porqué, seguramente no tenemos ni idea de lo que es vivir durante 19 días y 500 noches.

El poeta Benjamín Prado ha escrito la versión de la mujer de la que hablaba Sabina en la canción de 19 días y 500 noches y que está interpretada por la cantante Travis Birds. La respuesta de la mujer que inspiró a Sabina llega a tiempo para explicarle y explicarnos porqué dejó de quererle.

Esta canción forma parte de un disco tributo a Joaquín Sabina que se llama Ni tan joven, ni tan viejo, en el que 38 artistas han versionado los grandes éxitos del cantante. Serrat, Amaral, Manolo García, Zahara o Estopa son algunos de los participantes en este homenaje.

El cantautor español ha recibido respuesta de aquella mujer a la que un día cantaba con cierto remordimiento, la canción se llama 19 días y 500 noches después. Ella lo niega todo le acusa de irse a por tabaco durante tres meses y volver hecho un «perro flaco», al parecer él tenía muchas amantes, aunque él se lo negara y le dijera que era su «media naranja». A ella la ruptura, al parecer le fue bien, dice en la canción que «me busqué a uno del PP y socio del Real Madrid, que cantaba hip hop y juga a pádel, tenis y golf».

Ya no se puede fiar una de nadie, 20 años ha tardado en contestarle, supongo que debe ser difícil hacer frente a tal cosa. Exponer semejante actuación vital y que sea recordada como un gran éxito, debe reconcomerle a una durante toda la vida. Las mujeres estamos haciéndonos hueco donde nunca antes nos habían dejado meternos. La «ex de Sabina» ha venido para decirnos que nunca es tarde.

19 días y 500 noches después

Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un güisqui on the rocks,
Lo sé por qué fui
la infeliz que mordía su anzuelo
mientras le creí.
De pronto me vi
como el busto de un rey destronao
pisoteado en el suelo
Yo era la sota de las barajas
y la planta baja
de los rascacielos.

Y es que tenían razón
sus amantes,
con él hay un antes
pero un después no.
Conmigo fue así
dijo que era
su media naranja
y se puso a exprimir.
Ya luego empezó
a dar vueltas
igual que un león
dentro de una jaula
que rugía
mirando a la luna,
mujer solo hay una
y esa es mi María.

Luego se fue
bajó a por tabaco
y volvió a los tres meses
vino haciendo eses
y hecho un perro flaco
pidió que le abriese
con dos arrumacos
le quité la llave,
el abono transporte,
por decirlo suave,
le di pasaporte
y le dije «colega,
tú has perdido el norte»
yo he estado tan ciega
que pensaba
que ya me quedaba
sin Alfa ni Omega
si él me abandonaba.

Esa canción
en la que contaba
la historia a su modo
en la que me echaba
la culpa de todo
de las tropelías
y las tonterías
donde me compraba
con bisutería
mientras le servía
jarros de agua fría
yo le añadiría,
por ponerle el broche
que a mí, sin embargo,
sus famosos 19 días
y 500 noches
se me hicieron largos.

Dijo hola y adiós
y el portazo sonó
como un signo de interrogación.
En vez de sufrir
me lié con uno del PP
y socio del Real Madrid
que canta hip hop
juega al pádel, al tenis y al golf
y es antitaurino
ha montado su propio bufete,
yo le pongo un siete,
él me ve y hace el pino.

Sabina huyó
se fue dando saltos
igual que un conejo
pero como artista
ha llegado muy lejos
Ve a Dios retratado
al mirarse al espejo
Yo le vi en las Ventas
cantar nuestra historia
y como el caballo
atado a una noria
que va como un rayo
tras la zanahoria
mi voz le seguía
y al bailar que soñar con los pies
volví a ser la de ayer
cuando le quería.



19 días y 500 noches

Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un güisqui on the rocks,
en vez de fingir,
o estrellarme una copa de celos,
le dio por reír.
De pronto me vi,
como un perro de nadie,
ladrando, a las puertas del cielo.
Me dejó un neceser con agravios,
la miel en los labios
y escarcha en el pelo.

Tenían razón
mis amantes
en eso de que, antes,
el malo era yo,
con una excepción:
esta vez,
yo quería quererla querer
y ella no.
Así que se fue,
me dejó el corazón
en los huesos
y yo de rodillas.
Desde el taxi,
y, haciendo un exceso,
me tiró dos besos…
uno por mejilla.

Y regresé
a la maldición
del cajón sin su ropa,
a la perdición
de los bares de copas,
a las cenicientas
de saldo y esquina,
y, por esas ventas
del fino Laína,
pagando las cuentas
de gente sin alma
que pierde la calma
con la cocaína,
volviéndome loco,
derrochando
la bolsa y la vida
la fui, poco a poco,
dando por perdida.

Y eso que yo,
para no agobiar con
flores a María,
para no asediarla
con mi antología
de sábanas frías
y alcobas vacías,
para no comprarla
con bisutería,
ni ser el fantoche
que va, en romería,
con la cofradía
del Santo Reproche,
tanto la quería,
que, tardé, en aprender
a olvidarla, diecinueve días
y quinientas noches.

Dijo hola y adiós,
y, el portazo, sonó
como un signo de interrogación,
sospecho que, así,
se vengaba, a través del olvido,
Cupido de mí.
No pido perdón,
¿para qué? si me va a perdonar
porque ya no le importa…
siempre tuvo la frente muy alta,
la lengua muy larga
y la falda muy corta.

Me abandonó,
como se abandonan
los zapatos viejos,
destrozó el cristal
de mis gafas de lejos,
sacó del espejo
su vivo retrato,
y, fui, tan torero,
por los callejones
del juego y el vino,
que, ayer, el portero,
me echó del casino
de Torrelodones.
Qué pena tan grande,
negaría el Santo Sacramento,
en el mismo momento
que ella me lo mande.