Música

Jennifer y el sueño americano

Jennifer López, en el acto de investidura de Joe Biden.

Jennifer López, en el acto de investidura de Joe Biden. EFE

Hay más de 31 millones de almas que son consideradas norteamericanos latinos en Estados Unidos. Y hay otros tantos millones imposibles de calcular que no lo son. Me refiero a que no son considerados como tales. Algunas estimaciones hablan de entre 10 y 20 millones más de indocumentados. Sumado todo, arroja una cifra similar a la cantidad de personas censadas que hay en esta España nuestra. Más de 40 millones de personas. 

El estadounidense medio que no sabe encontrar nuestro país en un mapa del mundo también pensará que somos incultos por el hecho de que el españolito medio tampoco sabe colocar Wisconsin en su mapa. La cultura heredada de miles de horas de películas de cine les coloca en el centro del mundo. Y nosotros también. Si no fuera por la pandemia galopante y la explosión de un edificio a escasos metros de mi casa, la toma de posesión de Biden hubiera monopolizado todos los medios. Será cultural, pero EEUU sigue siendo el centro del Universo. En esa ceremonia, escuchamos cantar y hasta gritar en español a Jennifer Lynn Lopez Rodríguez, alias J.Lo, nacida en el Bronx. 

Volviendo a los latinos norteamericanos, la celebración por la llegada del casi octogenario al despacho oval es rotunda, pero no total. Los hay que no están muy conformes. Recuerdo una charla en Manhattan con una militar cubana exiliada que, no es que defendiera a Trump, es que no quería oír nada que cuestionara lo que ella daba por sentado con respecto a su líder. Solamente había visto algo similar en seguidores de sectas. No todos los latinos abrazan a Biden. Y no todos los latinos norteamericanos tienen acceso a la cultura, que es la mejor vacuna contra los extremismos.

En el caso de Jennifer López, su familia encarnó en los 70 el “minisueño” americano de aspirar a tener, con los años, algo más que un pequeño apartamento en el que viven cinco personas amontonadas. Llegó a tener una casa de dos plantas siendo su padre vigilante de seguridad y su madre, maestra en un jardín de infancia. El apoyo de su familia al lado artístico de la joven se demostró en todas las actuaciones a las que iba a bailar tras sus partidos de fútbol femenino. En lo que jamás apoyaron a la niña fue en lo de “quiero ser actriz”. La respuesta no se hizo esperar: “los latinos no consiguen nada en Hollywood”, dijo su padre. De ahí que no parase hasta conseguir sus primeros papeles en el cine. 

Abundan ahora los que la reconocen como bailarina en vídeos de New Kids On The Block, de Janet Jackson o en alguna versión del musical teatral Jesucristo Superstar. Sus canciones han machacado una y otra vez las pistas de baile de las últimas dos décadas, en inglés y en español. Todos hemos escuchado Let’s get Loud o más recientemente las creaciones como Escapémonos o No me ames junto al que muchos consideran el amor de su vida, otro latino puertorriqueño llamado Marco Antonio Muñiz Rivera.

Marc Anthony y ella tuvieron un tórrido episodio en su juventud, del que poco se sabe. En 2004, dos años después de haber cancelado (pocos días antes) su boda con Ben Affleck, y con ella ya en un enorme momento profesional, J.Lo busca al latino. La excusa: la composición de un tema para la película Shall We Dance. Tuvo que ser muy apasionante el encuentro para que en apenas cuatro semanas decidieran casarse. Fue un matrimonio que se rompió en 2011 en extrañas circunstancias. Pero dejemos la vida privada de la latina que tuvo el arrojo y empaque de gritar en español frente a un mundo que observaba atento el relevo en la presidencia del planeta.

Olvídame y pega la vuelta

Podría hacer la gamberrada de sugerir para nuestra lista la versión que hizo junto a su ex de Olvídame y pega la vuelta, sí, la de Pimpinela, y de paso imaginar que se la dedica a Trump, pero mejor voy a ir a uno de sus más desconocidos y enigmáticos temas. 

La composición de esta canción contiene acordes que si no se está enamorado, resultan incluso enigmáticos. Oímos al comenzar una suerte de sitar de inspiración hindú: un recurso para terminar de dar espiritualidad a uno de esos temas que apenas se conoce de nuestra bronxita. 

The One. Difícil traducción. «El único» dejaría fuera el concepto “uno”. Nunca fue un éxito, pero bueno será compartir esta bonita excepción entre tanto ritmo latino para dejar espacio a los sentimientos de vez en cuando. La expresión de un sueño: encontrar a su The One. Quizá tan imposible como el que tienen esos 40 millones de almas latinas en el corazón de la civilización moderna. 

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