Lo considera «un acto de impulsividad absoluto». Algo «muy éxotico» que «sonó muy bien». Rigoberta porque sí; Bandini por Arturo Bandini, protagonista de las novelas de John Fante (1909-1983). Aunque Paula Ribó (Barcelona, 1990) considera a Rigoberta Bandini como un alter ego que le permite «volar más alto y tener más libertad», ambas se entremezclan como la receta clásica de cualquier cóctel de postín. Para la artista barcelonesa que está acaparando titulares, notoriedad y escuchas, el sobrenombre le permite recordarse a sí misma que todo es «juego», un «experimento».

Con influencias que conforman un amplio paraguas sobre el que caen gotas musicales de la índole de Marisol, Rocío Jurado, Julio Iglesias, Mocedades o Jose Luis Perales, Ribó considera que sus fuentes de inspiración nacen, también, de la «España profunda». Entre las referencias más castizas se erigen otras de carácter mainstream como C. Tangana, Stromae o Billie Eilish.

Su sencillo Perra se ha convertido en un canto libertario, sobre todo desde la piel y perspectiva de género. Too Many Drugs acompaña al pópulo que se pasó de la raya. In Spain We Call It Soledad homenajea a Mónica Naranjo y a la lacra de ser un ser social en un país del todo sociable. Fiesta habla del reniego, de que tras la pandemia el rechazo quedará relegado a los quisquillosos. Apelando al género que combina la fiesta y su posterior llanto, Rigoberta encuentra entonces la mejor combinación para sus versos.

«Siempre me ha parecido interesante presentar las cosas en una dualidad, porque somos una contradicción constante. Al igual que los chefs generan un plato de oliva salada con chocolate belga, intento que siempre haya esa parte profunda de no entender nada, pero que a la vez sea una celebración», explica en su entrevista con El Independiente.

Perra, el último sencillo de Rigoberta Bandini.

Aunque para Ribó Perra siempre «ha sido un himno de libertad» desde su estreno, «nunca sabes cómo lo va a recibir el público». La respuesta no solo ha sido «increíble», también ha adquirido una lectura con una mira completamente feminista. La barcelonesa buscó así «ensalzar esa fealdad bella, esa parte de la mujer que no nos han enseñado tanto» por medio de una alegoría en la que convertirse en animal termina por liberarla todas las cadenas opresoras que la atan.

Considera «osado» meter su música bajo la categoría de poesía sonora, aunque admite que «todo es poético según cómo lo mires»: «Intento generar poesía a través de lo cotidiano y de sentimientos aparentemente simples, pero que para mí son puntas de iceberg«, indica la catalana. Este viernes presenta The Fuck Fuck Fuck Poem, «un tema que escribí con 17 años en un momento en el que me sentía muy desubicada, no paraba de cagarla y en el que era una niñata que no construía, solo destruía».

Paula Ribó posa con una gorra personalizada de Rigoberta Bandini antes de un concierto. Geraldine Leloutre

Si todo fuera bonito, rígido y brillante, no existiría la musica»

Así, tilda su nuevo sencillo de «autohomenaje» para aceptar y abrazar «esa parte más inmadura» de su persona. «Si todo fuera bonito, rígido y brillante, no existiría la musica», afirma. Es en esa imperfección donde Paula, Rigoberta, o ambas «nos inspiramos para construir».

Subidón y uniformes escolares

El vestuario parece haberse convertido en una de las claves que marcan a los nuevos artistas del panorama musical. Para Paula, el uniforme que llevó durante toda su infancia se ha convertido en el sello de identidad de Rigoberta Bandini en el escenario. «Con el uniforme de mi colegio me siento muy cómoda porque lo he llevado casi toda la vida», ríe. «Además, es que me siento cómoda literal, me lo pongo en un plis y se lava fácil», ironiza.

A pesar de llevar un año conectando con el público (pandémico), a la catalana le sigue pareciendo un «subidón» que sus entradas se agoten con la misma rapidez con la que un coche de Fórmula 1 entra en boxes. «Una cosa es la gente que te escucha en Spotify, pero nunca sabes si esa gente va a comprar tickets para verte», explica Ribó. Viviendo sus primeros conciertos en plena crisis sanitaria y con un público que pide saltar y gritar, pero que queda inmovilizado en sus sillas, la cantante considera estar «muy agrecida a la vida y a todo lo que me está regalando», aunque el espectáculo «esté siendo diferente a lo que me hubiera imaginado».

Una cosa es la gente que te escucha en Spotify, pero nunca sabes si esa gente va a comprar tickets para verte»

Aunque 2020 ha sido el año que la puso en el pedestal del conocimiento público (gracias también a la aparición estelar de Too Many Drugs en la consagrada Veneno de Los Javis), éstos han sido 365 días «agridulces» para Ribó. «He sido madre de un ser humano y de un proyecto artístico increíble», dos nacimientos que le han permitido poner el foco en el «futuro». Ser madre y artista se traduce en «mucho menos tiempo para leer y escribir», dos elementos que Ribó considera como su «motor» y gasolina artística. Admite que la maternidad le ha abierto «muchos canales diferentes que tengo ganas de explorar como creadora, de repente se te activan otros botones». Eso sí, el cansancio es un sonido recurrente que la acompaña: «Hay momentos en los que me sobaría en cualquier lado», relata entre carcajadas.

La industria musical, esa pirámide de Keops que resulta difícil de escalar, pero es extremadamente propensa al resbalón, se convierte en aliado tan rápido como en enemigo. Sin embargo, ni a Paula ni a su alter ego musical les preocupa que las leyes de la gravedad hagan sus fechorías. «Tengo la certeza de que voy a ser la dueña del caballo y voy a guiarlo donde quiera. Hay mucha gente que está conectando con lo que estoy creando, que en este momento son canciones, pero igual en cinco años son obras de teatro», indica.

Paula Ribó actúa para el Museo Thyssen de Madrid.

«Estoy creando relaciones de amor muy intensas con la gente. Soy consciente de que ahora se están enamorando de mí y de aquí a dos años no les apetecerá tanto quedar conmigo, es como una relación», ríe desde el otro lado del teléfono. «Llevo mucho tiempo creando y nunca nada había funcionado tanto» como sus sencillos actuales, «lo que no quiere decir que lo que había hecho hasta ahora no estuviera guay», se reafirma.

Soy consciente de que el público se está enamorando de mí ahora, pero de aquí a dos años no les apetecerá tanto quedar conmigo, es como una relación»

«Llámame chula, pero no tengo miedo», espeta acerca del futuro, de su carrera y del lazo que unirá a ambos. Considera que Rigoberta Bandini está en un claro momento de ascenso hacia una cumbre incierta, pero Paula Ribó admite tener los pies en la tierra: «Obviamente las escuchas (de mis canciones) bajarán, pero eso es ley de gravedad. No me preocupa, porque lo que me interesa es seguir viviendo de esto».

Su colaboración soñada sería con Master KG, porque considera a su Jerusalema como un auténtico «temazo». Espera que el estreno de The Fuck Fuck Fuck Poem consiga conectar con el público después de la «bomba nuclear y arrasadora» en la que se ha convertido Perra.

«Es una píldora diferente, algo que te tomas en momentos concretos», explica de cara a su próximo estreno. Parece que como con Depeche Mode, sus fans más acérrimos Just Can’t Get Enough de Ribó y Bandini.