La música es un arte.  El cuarto, según algunos autores. Y como tal, expresa las emociones, sufrimientos y vicisitudes del ser humano. Aunque normalmente las canciones versan sobre el amor, también está entre ellas presente el drama de la guerra. Si me cuentan hace unos meses que estaría hoy escribiendo estas líneas habiendo una guerra en Europa, no me lo habría creído.

Irónicamente, los conflictos armados fueron el origen de instrumentos como el tambor o el cuerno precursor de la trompeta, y las marchas militares han sido un género importante en los últimos siglos. Pero reconocerá cualquier belicista que la mayoría de las canciones modernas, si hablan de la guerra, es para rechazarla.

Hay que rendirse ante una evidencia que la música ha reflejado: nunca ha habido un periodo sin guerras en la Historia de la Humanidad. Ni antes.

En 1969, con sangre de norteamericanos vertiéndose en Vietnam, la discográfica negra Motown lanzó el más potente de los himnos antibélicos: War (What is good for). Temptations hicieron su versión, muy en la onda hippie de la época:

“La guerra es buena para… absolutamente nada”, dice el estribillo. Ha habido grandes versiones como las de Bruce Springsteen, entre otros. Hay infinidad de temas más o menos conocidos que lanzan un mensaje contra la violencia en su forma más cruel y despiadada. Nada como el musical Hair para llevar la guerra a lo absurdo, cuando el protagonista ha de irse desde Manhattan al frente a perder la vida. Pero el muchacho, lleno de ingenuidad, conoce a unos hippies, la libertad, las drogas y a su primer amor.

Otro ejemplo lo tenemos en Zombie, el más conocido de los temas de la legendaria banda Cranberries. La voz desgarrada de la gran Dolores O’Riordan, que ya nos dejó, hablaba de los horrores de la extrema violencia ocurrida en Irlanda durante décadas.

«Otra madre llora, su corazón se sale de su sitio / Cuando la violencia causa silencio estamos haciendo algo mal».

Ese tiempo lo pasó en la mansión jamaicana del propietario de su discográfica, un lugar llamado  “Goldeneye” porque antes perteneció a Ian Flemming, el creador de James Bond

Sin salirnos de ese país, podemos encontrar una efeméride que parece hecha a propósito. Tal día como hoy, en 1983, un grupo musical que tomó su nombre de un avión militar (U2), publicó su primer disco de éxito, llamado War (guerra). Se acababa de vivir el episodio de las Malvinas, Oriente Medio estaba en llamas, y el grupo, después de dos elepés que no llegaron a nada, estaba a punto de hacer Historia con su primer disco de éxito. A todo esto, resulta muy curioso que la mayor parte de las letras de este álbum llamado “guerra” las escribiera Bono durante su luna de miel. Sin embargo, su esposa Ali y él son actualmente uno de los matrimonios más longevos de la gente que se dedica a la música. Otra curiosidad: ese tiempo lo pasó en la mansión jamaicana del propietario de su discográfica, un lugar llamado  “Goldeneye” porque antes perteneció a Ian Flemming, el creador de James Bond. De ahí vienen gran parte de las letras del disco.

Volviendo a lo bélico, el tema Sunday, bloody sunday tiene unos potentes ritmos de tambor militar, gracias a que Larry Mullen perteneció a la banda de los trabajadores de correos irlandeses. Hay que reconocer que tiene un gran protagonismo en este clásico sobre el llamado “domingo sangriento” de 1972 en Irlanda del norte.

Durante el tema, podemos escuchar el violín de un muchacho llamado Steve Wickham, que se acercó a conocer a The Edge en una parada de autobús. A los pocos días, estaba en el estudio con ellos. Paz y amor. Un contraste grande con la violencia que retrata el tema.

Tan delicado era el asunto cuando salió tal día como hoy en 1983, que la primera vez que lo interpretaron en directo, advirtió el grupo sobre su temática, y prometió que si no gustaba al respetable, no la volverían a tocar jamás. La reacción del público hizo que se convirtiera en uno de los más grandes temas de este fenómeno mundial. La han interpretado en directo más de 750 veces, según los cálculos. La primera imagen icónica de U2 y de su enorme carga humanista está en el momento en el que apareció una enorme bandera blanca en medio de los conciertos de su gira inmediatamente posterior a la salida del disco. Ese gesto dio nombre a la revista oficial de la banda en España: “Bandera Blanca”. No sé si se puede ser más antibelicista.

El primer videoclip que tuvo “War”, y que cambiaría para siempre la carrera de U2, fue el de “New Year’s Day”, un tema que nació como balada de amor, pero poco a poco en los ensayos fue subiendo el tono hasta convertirse en un himno cargado de energía.

Cuentan que el tremendo frío del norte de Suecia, donde se grabó, hizo que le castañearan los dientes a Bono, que trató de sincronizar el playback como pudo. Ese esfuerzo le valió más cotas de dramatismo expresado en un rostro que contiene la dosis exacta de sufrimiento. Sin duda, hay un antes y un después de este lanzamiento para esta banda de dos letras que ha significado tanto para la música. Sin embargo, tantas canciones, tantas protestas, tantas voces alzadas contra el uso de la violencia no han pasado de ser ecos estrellándose contra los muros colosales de los intereses creados. Parece que la guerra no cambia nunca.