Las tendencias hablan de un consumidor que está cada vez más preocupado por su salud y por los productos que prometan algún beneficio. Los supermercados ceden, por tanto, cada vez más espacio a los productos BIO, sin gluten, enriquecidos con hierro o calcio…

Pero, ¿y si es el camino equivocando? Un estudio de la Universidad de Stanford que ha sido publicado en el JAMA Internal Medicine ha demostrado que el truco para comer más verduras está en cómo estén descritas en el paquete.

Los adjetivos propios de la comida menos sana también sirven para la verdura

Más que llamar la atención por sus cualidades saludables, las verduras «chispeantes», «picantes», «sabrosas» o «apetitosas» nos parecen más atractivas y consiguen que las consumamos más. Los adjetivos «propios de la comida menos sana», dice el artículo, funcionan mejor y venden más que las etiquetas más descriptivas que hablan de beneficios para la salud, como «rico en vitamina» o «bajo en grasa».

El estudio, que se realizó en la cafetería de la Universidad de Stanford (California), se desarrolló durante el otoño de 2016 a lo largo de 46 jornadas en las que se etiquetaron al azar distintos vegetales de cuatro formas diferentes. Aunque estaban preparados exactamente de la misma manera, los vegetales podían estar descritos de forma básica, con información sobre sus características saludables en positivo (algo añadido) o negativo (libre de algo) o, por último, con alguna descripción atractiva, relativa al placer o el capricho.

Las verduras con descripciones de beneficios para la salud se vendieron hasta un 41% menos

Los resultados fueron muy significativos. Las verduras descritas de forma atractiva se eligieron un 25% más que las básicas, un 41% más que las etiquetadas con algún beneficio para la salud en negativo y un 35% más que las que prometían un beneficio en positivo.

Además de aumentar las veces que se elegían, también se sirvieron en porciones más generosas. De las verduras que tenían descripciones sexis, la cantidad ingerida fue un 23% mayor que las que tenían nombres básicos, un 33% mayor que las que detallaban beneficios saludables en negativo y un 16% mayor que las que prometían algún beneficio en positivo. En ninguno de los casos había grandes diferencias entre los vegetales vendidos con información básica en su etiqueta a los que mostraban descripciones saludables.

Una nueva estrategia de marketing «low cost» para fomentar hábitos saludables

Los autores del estudio apuntan a una nueva posibilidad para promover el consumo de productos saludables, aunque sea obviando esa información. La clave puede estar en la creatividad o el uso de elementos atractivos como los súper héroes, dice el estudio para el caso de los niños, o descripciones más «sabrosas o indulgentes» en el caso de los adultos. Una nueva estrategia de marketing «low cost» para fomentar el consumo de productos más saludables.