Mal día en el trabajo. Llegas a casa y te arrastras, con todo tu estrés y cansancio, de cabeza al sofá. A partir de ahí, el máximo movimiento que te permites hacer es el de estirar el brazo para coger el móvil de encima de la mesa y llamar para pedir una pizza.

Que el estrés laboral conduce a comidas excesivas y menos saludables es una relación conocida por los psicólogos, que tiene que ver, aseguran, con la falta de tiempo, la necesidad de consuelo y de obtener energía. Una suerte de círculo vicioso que, sin embargo, podría encontrar un antídoto eficaz: el buen descanso.

Se estudió a 235 trabajadores estresados para ver sus hábitos de comida

Para averiguar más sobre estos comportamientos, un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Michigan ha estudiado a 235 trabajadores de dos empresas en China. Por un lado, empleados de una empresa de tecnologías de la información con alto volumen de trabajo y, por otro, trabajadores de un call-center habituados a lidiar con clientes enfadados y maleducados.

Sus conclusiones, que se acaban de publicar en el Journal of Applied Psychology, han apuntado a dos causas principales para explicar la relación entre estar estresado y ‘caer’ en la comida basura. “Comer nos sirve a veces para aliviar y regular el estado de ánimo negativo, porque instintivamente intentamos cambiar los sentimientos de aversión por otros de deseo”. La segunda de las causas es que “la alimentación poco saludable puede ser una consecuencia de la disminución del autocontrol. Cuando se sienten estresados por el trabajo, los individuos tienen dificultades para autocontrolarse y seguir sus objetivos o las normas sociales”.

La comida basura nos sirve para cambiar sentimientos de aversión por otros de deseo

A la necesidad de experimentar deseo y la falta de autocontrol se une la necesidad de “volcar la ansiedad en la comida”, a la que apunta Roberto Durán, coach nutricional colaborador del Centro de Estudios del Coaching, así como la falta de tiempo y la impaciencia por “comer algo rápido y muy saciante, lo que hace que se recurra a alimentos muy calóricos, pero poco nutritivos”, como añade José Ignacio Baile, profesor de Psicología de la Udima.

“Sin duda, una de la razones que actualmente se aducen para explicar la epidemia de obesidad es la modificación de los hábitos de alimentación. Muchos desajustes se deben a los nuevos horarios laborales, así como al estrés propio del entorno laboral”, asegura Baile.

Pegarse un atracón es, además, lo peor que podemos hacer para recuperarnos de ese estrés acumulado: “La comida basura provoca malas digestiones y, con ellas, hay niveles hormonales que descienden, como la serotonina, que es la hormona relacionada con la felicidad”, afirma Durán.

El mal sueño, factor de riesgo para la obesidad

A ese círculo vicioso sin embargo, se le puede combatir con una buena noche de sueño. Así lo han confirmado los participantes en el estudio, como explica Chu-Hsiang Chang, profesor asociado de psicología en la Universidad Estatal de Michigan y coautor del estudio: “Un hallazgo clave fue ver cómo el sueño ayudaba a las personas a lidiar con su alimentación. Cuando los trabajadores dormían mejor la noche anterior, tendían a comer mejor aunque experimentaran estrés al día siguiente”.

Cuando los trabajadores dormían mejor comían mejor al día siguiente

El equipo de Chang concluyó que el sueño reparador prepara a los trabajadores para lidiar mejor con el estrés del día siguiente y les hace menos vulnerables a la mala alimentación. “El sueño permite regenerar los tejidos, es como si tu cuerpo reconstruyese cada noche el muro que se ha ido destruyendo durante el día. Si solo le da tiempo a reconstruir la mitad, al día siguiente se empieza ya con una carga y menos energía”, coincide Durán.

Las consecuencias de la acumulación de estos malos hábitos van más allá y están directamente relacionada con la obesidad. “Existen diversos estudios que señalan que cuanto peor es el sueño, tanto en duración como en calidad, mayor riesgo hay de obesidad. Un mal descanso por la noche está relacionado con un consumo mayor de calorías y una peor alimentación”, explica Baile.

Consejos para evitar los atracones

  • Aunque a veces sea complicado no darse ese “consuelo” tras un día de estrés laboral, José Ignacio Baile deja algunos consejos para intentar “ponérnoslo más difícil”.
  • Programar las comidas de la semana con antelación, comprar alimentos saludables y cocinarlos adecuadamente.
  • Llevarse de casa diferentes alimentos saludables y de calidad para comer en los tiempos disponibles.
  • Tener a disposición alimentos saludables para los momentos de ansiedad: frutas, ciertas hortalizas como zanahorias o apio, una cantidad limitada de frutos secos, etc.