Reconozcámoslo. Hay gente que cae bien sin proponérselo. Bueno, o quizás sí se lo han propuesto. Ser encantador o tener carisma puede conseguirse de forma natural o con una técnica estudiada. Una sonrisa en el momento justo, mirar a los ojos mostrando interés o imitar los gestos de la otra persona son solo algunas de las claves.

– En la sonrisa, menos es más

Sí, la carta de presentación es la sonrisa, pero tampoco hay que venirse arriba y enseñar los dientes como animaba una famosa cantante de copla. No lo decimos nosotros, sino un estudio de la Universidad de Minessota (EEUU) que ha realizado un experimento con 802 participantes a los que mostraron distintas expresiones faciales en tres dimensiones.

En la sonrisa, no hay que venirse arriba como animaba una cantante de copla

En los modelos de sonrisa que los participantes evaluaron había distintos ángulos de boca, de extensión de la sonrisa y exposición de los dientes. Así, las sonrisas más valoradas – las calificaron de exitosas por ser efectivas, genuinas y agradables – fueron las que combinaban un equilibrio óptimo entre los dientes, el ángulo de la boca y la sonrisa hasta conseguir un “punto dulce”, dice el estudio.

 


Para la imagen: En dos sonrisas con distintos ángulos y extensiones, aumentar la exposición de los dientes resulta negativo en la A y positivo en la B.

“La sonrisa muestra que no tienes miedo, que estás relajado y no cabreado, siempre que sea una sonrisa franca, no falsa. La sonrisa franca se lee en los ojos”, dice  Lluís Pastor, profesor de comunicación en la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), que afirma que la sonrisa debe ir acompañada de una actitud positiva que elimine una posible sensación de alerta en el interlocutor. “Eso consigue que el oyente se relaje y, por tanto, que esté más abierto a aceptar lo que le estás diciendo”, añade.

Es importante que sonrisa no sea permanente sino que miremos a la persona, conectemos con ella, y ahí aparezca la sonrisa”

En que la sonrisa verdadera sale de los ojos coincide la psicóloga Elisa Sánchez, profesora del máster de RRHH de la Universidad a Distancia de Madrid: “Siguiendo a Paul Ekman psicólogo experto en detectar la mentira, en el que se basa la serie de televisión Lie to me, nos dice que los micro gestos que van a mostrar la sinceridad son los ojos y concretamente las cejas, ya que dependen de los músculos de alrededor de los ojos. También es importante que sonrisa no sea permanente sino que miremos a la persona, conectemos con ella, y ahí aparezca la sonrisa”, explica.

– Solo tienes una oportunidad (y pasa en un segundo)

Es cierto eso de que la primera impresión es la que cuenta. Pero es que, además, se forja en un segundo. Literal. Así lo dice un estudio de dos profesores de la Universidad de Psicología de Princeton, Alexander Todorov  y Janine Willis, que confirmaba que las impresiones se forjan en un segundo. A más tiempo, los cambios que se experimentaban eran insignificantes o servían más bien para afianzar los juicios ya realizados.

Un experimento de Stanford concluyó que los alumnos opinaban lo mismo de los profesores tras dos minutos que al final de curso

Esta idea es la que recoge también la “teoría de la rebanada fina” de la profesora de Stanford, Naliny Ambady. Esta psicóloga decidió comprobar si los juicios que los alumnos hacían de los profesores a primera vista coincidía con el que hacían a final de curso. Y así fue. Primero lo hizo con vídeos de dos minutos y, animada por la coincidencia de los resultados, repitió la operación con vídeos de 10 segundos y sin voz. Los estudiantes también hacían una valoración rápida y ajustada del profesor.

Esa primera impresión parece influir para todo, también para la concesión de un préstamo. Un estudio realizado con emprendedores en EEUU también concluyó que los que resultaban más agradables en apariencia a los inversores tenían más posibilidades de conseguir su propósito.

– Sincerarse para dar confianza

Abrirse a los demás es importante para desarrollar las relaciones. Así lo dice una investigación de la Asociación Americana de Psicología que estudió la relación entre sincerarse y gustar. Los resultados fueron claros, quienes tendían a sincerarse más gustaban más que quienes no lo hacían y, a su vez, la gente tiende a sincerarse más con quienes les causan mejor impresión y, por último, les gustan más las personas con las que se han sincerado más.

Quienes tendían a sincerarse más gustaban más que quienes no lo hacían

Esa confianza se da también, según Sánchez, a través de la capacidad para escuchar y empatizar con la otra persona: “Son personas que no miran su móvil cuando te escuchan y que muestran un interés real en conocer y en comprender al otro, no te dan consejos a la primera frase que escuchan sino que te hacen preguntas”.

– Efecto camaleón

Imitar a los demás, normalmente de forma inconsciente, ayuda a conectar con la otra persona, hace que la interacción fluya. Así se publicó en el estudio sobre el “Efecto camaleón” elaborado por la Universidad de Yale. Quienes repetían los gestos de su interlocutor conseguían gustar más al interlocutor y hacían que la relación fluyese más. Sin embargo hay que tener cuidado, ya que si se imita inconscientemente también se pueden repetir las actitudes negativas y por tanto, puede volverse en nuestra contra.

¿Se puede educar esta capacidad de encantar o quién no ha nacido con ella lo tiene muy difícil?

¿Se puede educar esta capacidad de encantar o quién no ha nacido con ella lo tiene muy difícil? “Hay personas que nacen con una con unas cualidades físicas, con unas habilidades, con unas capacidades que les van hacer ser más atractivos a los ojos de los demás; aunque también es cierto que muchas de estas habilidades se pueden entrenar. Por ejemplo, Omaba en sus primeras intervenciones tenía un lenguaje tanto verbal como no verbal muy diferente a sus apariciones en años posteriores porque entrenó y mejoró muchas de las habilidades esenciales para transmitir ese carisma”, afirma Sánchez.

“Claro que sí, en la comunicación es básicamente todo técnica”, asegura Pastor, que ofrece tres consejos rápidos para empezar a cambiar nuestra forma de dirigirnos a los demás: “Habla con todo el mundo como si lo estuvieras haciendo con tu mejor amigo, es decir, con la máxima naturalidad. Mira a los ojos y escucha a tu interlocutor y trata de estar relajado, disfruta de la comunicación”.